(Fotos/cortesía del Cuerpo de Ponce)

Un corazón fiel y dispuesto

Por Minerva Colón-Pino

Cuarenta y cuatro años de servicio en la iglesia no se miden simplemente por el tiempo transcurrido, sino por las vidas impactadas y el testimonio de una servidora que decidió caminar de la mano de Jesús y confiar en Él a lo largo de la trayectoria. Esta es la experiencia de Nilda González, Sargento Primero del Cuerpo de Ponce, Puerto Rico, en el Ejército de Salvación.

Nilda llegó al Ejército de Salvación en 1982 junto a su esposo, Willie, y sus tres hijos. Al poco tiempo de comenzar a congregarse reafirmó su compromiso al enrolarse como soldada del Cuerpo. Esto dio inició a una sólida y constante vocación. “Ha sido un privilegio para mi haber servido en diferentes áreas”, explica Nilda.

La capacidad del servicio abnegado

En el Cuerpo de Ponce, Nilda sirvió como maestra de la escuela dominical, asistente a la Secretaria de la Liga del Hogar, consejera de cadetes locales, directora del grupo de alabanza, ASAD (Alabanza solo a Dios), y más actualmente en la función que aun ocupa como Sargento Primero del Cuerpo. Para ella, cualquier oportunidad de servicio, sea grande o pequeña, sirve para glorificar a Dios y difundir su mensaje y amor a los demás.

Desde esos primeros años Nilda identificó la misión del Cuerpo de Ponce como arduo trabajo del pueblo de Dios que consiste en amar, servir, comprender y trabajar por el bienestar del necesitado. Sin duda, Nilda reconoció el valor y la importancia de la misión de la iglesia y decidió tomar parte en el servicio. Impulsada por esta visión, ella ha servido con fidelidad, pasión y perseverancia a lo largo de los años.

Transformada por medio del servicio

Nilda explica que su deseo y la mayor bendición de su servicio siempre ha sido “visitar y llevar el Evangelio a otros que no conocen al Señor Jesús, y conducir al pueblo de Dios a la adoración por medio del grupo de alabanza”. Sin embargo, desempeñar su servicio no siempre fue fácil. Dios utilizó su dedicación y compromiso al servicio para guiarla por un proceso de crecimiento espiritual que la preparó para cumplir su llamado con excelencia, sabiduría y amor.

Dios, dice ella, “me ha ayudado a saber amar y perdonar a otros. También aprendí a consolar, a comprender al que sufre, al marginado, y a brindar esperanza por medio de la Palabra de Dios”. Nilda sabe que su desarrollo espiritual ha sido fruto de la obra transformadora del Espíritu Santo, quien la ha capacitado y moldeado para servir con mayor eficacia y contribuir al avance del reino de Dios.

Además del trabajo y su crecimiento personal, los años también llegaron con desafíos, algunas dificultades y muchos cambios. El servicio a Dios y a la humanidad no está libre de obstáculos y pruebas, pero la gracia divina de Dios nos sostiene para superarlas y continuar avanzando con la misión que se nos encarga.

Nilda ha trabajado con más de una docena de Oficiales Directivos encargados de la obra en Ponce, lo cual siempre conlleva adaptarse a nuevas filosofías e ideas de liderazgo. En todo ello, Nilda afirma que Dios ha sido fiel para discernir soluciones que permitan continuar la misión del Ejército: “En todos estos años, el Señor Jesús me ha mantenido de pie con la convicción de que Él cumple sus promesas de ayudarnos y acompañarnos todos los días hasta el fin”. También tiene claro que la recompensa que promete Dios a cambio del servicio superará cualquier dificultad. Como dice Colosenses 3:24: “porque ya saben que el Señor les dará la herencia como recompensa, pues ustedes sirven a Cristo el Señor”.

A lo largo de las décadas de servicio, Dios le ha concedido a Nilda experiencias y valiosas lecciones que han fortalecido su fe y moldeado su carácter. Sin embargo, no fue hasta que fue comisionada como Sargento Primero del Cuerpo que ella comprendió que su trayectoria de servicio era además un testimonio vivo para el pueblo de Dios.

Si bien el propósito principal de Nilda siempre ha sido glorificar y honrar a nuestro Señor Jesucristo, su dedicación y fidelidad es un ejemplo que ha dejado una profunda huella en el Cuerpo y en todos aquellos que han sido bendecidos por su ministerio a través de los años. Por medio del testimonio de esta sierva, Dios ha mostrado que un corazón dispuesto a servir puede edificar, inspirar y ser el instrumento que Él usa para lograr que la humanidad lo conozca.

Un legado de fidelidad y servicio

Aunque Nilda no considera concluir su servicio en la iglesia aún, anhela que cuando llegue ese momento pueda dejar un legado como testimonio de fe, fidelidad, dependencia y amor a Dios. Su mensaje es sencillo pero poderoso y transformador: con la fortaleza que proviene de Dios y la esperanza que encontramos en sus promesas, siempre es posible seguir adelante. Nilda ha demostrado esta verdad a lo largo de sus años de servicio fiel, marcados por obediencia, perseverancia y la confianza inquebrantable en Jesús, lo que permanecerá como vivo testimonio para el Cuerpo. Su legado, sin duda, continuará inspirando a las generaciones presentes y futuras en Ponce y más allá, recordándole a todos que Dios obra profunda y poderosamente por medio de un corazón entregado y una vida rendida a Su voluntad.

Toda la gloria sea siempre para Dios que nos habilita y nos bendice.

Amén.