Un rumbo divino 

Escrito por Minerva Colón Pino 

¿Puede una simple decisión cambiar completamente el transcurso de una vida? 

Para José Tavárez, esta pregunta no es una presunción; es su testimonio.  

José, soldado del Cuerpo de San Juan, está sumamente comprometido con el Cuerpo y con la División de Puerto Rico del Ejército de Salvación, donde sirve con dedicación y pasión.  "Los lunes son mis días más livianos pero el resto de semana estoy involucrado con muchas cosas", afirma. José es el Director de la banda (Bandmaster) del Cuerpo de San Juan, también es el Director Divisional de Música, sirve como representante de la juventud en la Comisión de Soldados y es instructor en Fortísimo, programa donde se inició su relación con el Ejército de Salvación.  

Su travesía comenzó cuando era niño y estudiaba en un colegio ubicado a pocas cuadras del Cuerpo de San Juan. Un día, su madre recibió en la entrada del colegio una hoja suelta promocionando un programa gratuito de música y artes ofrecido por el Ejército de Salvación. A ella le interesó el programa sin imaginar que le abriría la puerta a un futuro lleno de propósito. Su madre comenzó a investigar y confirmó que varios compañeros de José ya asistían al programa. "Un día mi mamá me preguntó, si estaba interesado en la música. Niño curioso al fin, le dije que sí", nos relata. Esa decisión, aparentemente simple e inocente, marcó el comienzo de nuevo rumbo. 

En ese entonces, José era un estudiante de diez años que no conocía nada del Ejército de Salvación. Sin embargo, comenzó a asistir fielmente y Dios empezó a moldear su corazón y a encaminarlo hacia un llamado mayor. Con el tiempo, su dedicación lo llevó a destacarse como percusionista y comenzó a participar en las competencias locales de música del Ejército. Allí notó que otros jóvenes vestían uniformes. "Comencé a cuestionar, hasta que me enteré de que el Centro Comunitario donde tomaba mis clases era también una iglesia", comenta. Poco a poco se fue involucrando más hasta que un día una de sus instructoras lo invitó a tocar con la banda en la iglesia el domingo. Aunque en ese momento asistía a otra iglesia, aceptó. José recuerda con claridad ese día porque después todo cambió. Su interés ya no se limitaba a las clases de música; quería ser parte de la iglesia y de las actividades juveniles.

Estas experiencias fueron formándolo y le permitieron comprender que las bendiciones de Dios iban mucho más allá de aprender a tocar un instrumento. "Es en el Ejército de Salvación que descubrí cómo, a través de un talento puedes expresarte y sentir al Espíritu Santo, usando un don que Dios mismo te ha regalado", comenta. "En mí se despertó el deseo de servir como mis líderes lo hacían", explica; un concepto nuevo para José. La relación con Dios y la iglesia ya no constituía únicamente de una visita los domingos para orar. "Pude entender lo que significa servir por nada a cambio" añade.  

Los maestros y pastores reconocieron pronto en José un liderazgo natural y comenzaron a enseñarle como dirigir, guiar y servir. Sus responsabilidades fueron aumentando hasta que, llegó el momento en que su pastora le pidió que asumiera el puesto del Director de la banda en el Cuerpo. Esta oportunidad confirmó el llamado que Dios había estado cultivando desde el momento en que José llegó al Ejército de Salvación. 

Hoy día, José desempeña múltiples papeles, tanto de liderazgo como de apoyo, especialmente en los ministerios de adoración. Su entrega es evidente con su participación, pero si queda duda, se reafirma en la pasión que expresa cuando habla de sus ministerios. "A través de un ministerio, Dios te da la oportunidad de tocar la vida de personas; en mi caso de jóvenes. Me inspira mucho saber que, con los dones que me ha dado Dios, puedo darle la oportunidad a un niño de conocer a Jesús. Además, puedo ayudarlos a desarrollar sus destrezas musicales, pero siento que mi responsabilidad va más allá, y que debo guiarlos y motivarlos a usarlas en este ámbito", afirma. 

Desde que José llegó al Ejército de Salvación, fue recibido como parte de una familia que lo ayudó a crecer, aprender y desarrollar sus talentos. Sus líderes y maestros no solo le enseñaron música, sino que también lo guiaron en su formación espiritual con paciencia, disciplina y amor, tal como lo hacen con cientos de niños que llegan buscando oportunidades y dirección. Esta estructura de apoyo fue fundamental para que José también desarrollara su carácter, sus valores y relación con Dios. Hoy, José sigue ese mismo modelo de formación que recibió: acoge a nuevos niños, los guía en su propio proceso de transformación, convirtiéndose en un reflejo vivo del impacto que el Ejército de Salvación puede tener en una persona. 

El testimonio de José demuestra que una decisión, por pequeña que parezca, puede alterar la trayectoria de una vida: transforma perspectivas, abre puertas inesperadas y nos encamina a vivir de acuerdo con el plan de Dios. En el caso de José, no sólo le permitió aprender música, sino que también lo llevó a descubrir lo más valioso: conocer a Jesús. Hoy, esa decisión continúa dando frutos. José es instrumento que Dios usa para inspirar, orientar y abrir camino a nuevas generaciones.  

José nos inspira a recordar que una buena decisión, tomada con un corazón dispuesto, tiene la capacidad de guiarnos hacia el destino glorioso que Dios ha preparado para cada uno de nosotros.  

¡A Dios sea la gloria!