Tiempo para la generosidad

Todo el mundo se siente más generoso durante las fiestas. Pero hay más formas de dar aparte del dinero.
Con su característico disfraz de pingüino, Mark Shapp está acostumbrado a los extensos y fríos turnos tocando la campana del Ejército de Salvación. También usa el traje cada vez que se zambulle en un lago helado a fin de recaudar fondos para obras benéficas.
Para quienes lo conocen, Shapp tiene el más apasionado de los corazones por las causas en las que cree y a las que apoya. Durante 20 años, Shapp, que ahora tiene 37 años, ha sido campanero del Ejército de Salvación en Westbrook y Portland, Maine. Algunos lo han llamado el paradigma de la generosidad.
«El toque de campanas ayuda verdaderamente a las personas necesitadas en esta época del año, y yo quiero ser parte de ese esfuerzo», dice Shapp. «Me encanta que el Ejército de Salvación no se limite a dar limosna a la gente, sino que también la ayude a ponerse en pie y a desarrollar las habilidades que necesita para llevar una vida exitosa».
Natural de Estonia, Shapp y su familia llegaron a Estados Unidos en 1992, cuando solo tenía 4 años. La madre de Shapp, Liliya, recibió ayuda del Ejército de Salvación en Navidad, cuando la familia llegó.

«Mi madre me conseguía juguetes del Ejército de Salvación cuando era niño, porque no teníamos mucho cuando llegamos aquí», afirma Shapp. «Siento que le retribuyo algo y, sin duda, esa es la razón por la que lo hago. Las enseñanzas de Jesús en cuanto a ayudar al prójimo y cuidarnos mutuamente son importantes para mí.
Me encanta oír todas las historias que me cuenta la gente sobre la manera en que el Ejército de Salvación les ayudó cuando eran niños y les daban juguetes para que pasaran una buena Navidad, o ayudaron a sus padres cuando se les quemó la casa. Esas historias me mantienen en marcha y motivado».
La Palabra de Dios en cuanto a dar a los demás
La Biblia tiene mucho que decir a los creyentes sobre la generosidad, tanto a la iglesia como a los que están fuera de sus muros. Varios pastores del Ejército de Salvación entrevistados para este reportaje dijeron que, cuando se trata del diezmo, a menudo hacen referencia a 2 Corintios 9:7, que enseña a los creyentes cristianos que «cada uno debe dar como haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre».
El capitán Nereus Mogaria, pastor del Cuerpo de Brownsville del Ejército de Salvación en Brooklyn, N.Y., dice que habla a su congregación sobre la viuda de Marcos 12. En ese relato, Jesús observaba cómo depositaba la gente sus ofrendas en el tesoro del templo. Mientras muchos ricos daban grandes sumas de su riqueza, una viuda pobre dio dos pequeñas monedas de cobre «de su pobreza». Jesús dijo a Sus discípulos que ella había dado más que todos los demás.
El Mayor Paul Pelletier, pastor del Ejército de Salvación en Norristown, Pensilvania, compara el acto de dar con el ejercicio físico y dice que «refleja nuestro corazón».
«Dar puede aprenderse y practicarse», afirma Pelletier. «Es realmente una forma de adorar a Dios y practicarla, con los demás, puede hacer crecer el músculo de nuestro hábito de dar. Dar puede empezar a sentirse bien cuando se hace con la actitud adecuada». Pero los músculos no tardan en dejar de crecer y perder la forma cuando no vamos al gimnasio, señala. Y lo mismo puede ocurrir con los impulsos caritativos cuando no los convertimos en un hábito.
Una forma de dar entre los cristianos es diezmar, pero ¿qué pasa con compartir el tiempo, el talento, el tesoro y los dones espirituales aparte de eso? El Mayor José Guzmán, pastor del Ejército de Salvación en Newburgh, Nueva York, enseña que la generosidad es una forma de fortalecer las relaciones, cultivar la gratitud y acumular recompensas eternas en vez de tesoros terrenales (Mateo 6:19-21).
«Dar no solo tiene que ver con bienes materiales, sino también con tiempo, amabilidad y servicio», señala Guzmán. «La parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37) ilustra cómo puede, la generosidad, resolver diferencias y traer sanación».
Rompe hielo
El generoso regalo de tiempo al que se refiere Guzmán es algo que Shapp cree ciertamente que puede ofrecer. Cuando tenía 17 años y trabajaba en el supermercado Shaw’s de Westbrook, Maine, entabló amistad con Frank Nataluk, entonces capitán del Ejército de Salvación, que solía tocar la campana allí cuando Shapp salía a recoger los carritos de la compra.
Shapp no sabía mucho sobre el Ejército de Salvación, excepto que fue fundado en Londres por William y Catherine Booth, un dato que había aprendido de su abuelo, Armin Shapp, un pastor luterano que llegó a Estados Unidos procedente de Rusia.
«Me enteré de que el Ejército de Salvación no solo es una iglesia, sino que también es una organización que hace mucho bien en la comunidad ayudando a la gente, así que quise participar y empecé a ser voluntario», dice. «Eso fue creciendo año tras año, por lo que empecé a dedicarle más horas».
Shapp, que lleva un registro meticuloso, ha recaudado más de 177,000 dólares desde que empezó a tocar la campana en 2005 para el antiguo Cuerpo de Westbrook, en Maine. En realidad, su total general es mayor, pero no llevó registros durante los cuatro primeros años. Su mejor año fue 2021, durante la pandemia de COVID, cuando recaudó $22,614,50.
«Todo suma», dice Shapp. «Es asombroso. La gente piensa: “Bueno, no importa si pongo unos céntavitos o lo que sea”, pero eso —realmente— suma con el tiempo y puede marcar la diferencia en la vida de las personas. Le digo a la gente: “Ninguna donación es demasiado pequeña”. Es divertido ver a los niños acercarse y poner una moneda cada vez. Es bonito ver cómo enseñan los padres a sus hijos desde pequeños a contribuir».

Blanco, negro y rojo (olla) por todas partes
En 2008, Shapp empezó a usar un disfraz de pingüino para el evento del chapuzón polar en el lago Sebago, con el fin de recaudar fondos para el Programa contra el Cáncer Infantil de Maine. Recaudó más de 50,000 dólares para la organización benéfica de 2006 a 2019.
«Me vestía con el traje de pingüino en el supermercado y vendía boletos para la rifa y recogía donativos para recaudar dinero», dice.
Shapp empezó a vestir el disfraz de pingüino cuando estaba con la olla roja en 2012 encima de sus calzoncillos largos, su abrigo y otras capas. Dice que ahora los compradores buscan cada Navidad al «campanero pingüino» en el Walmart de North Windham o en Cabela’s de Scarborough, Maine.
«A veces la gente te mira de un modo un poco raro», afirma. «Algunos se enfadan porque piensan que Papá Noel debería estar tocando la campana del Ejército de Salvación. Me dicen: “¿Por qué estás vestido de pingüino? Entonces tengo que inventarme alguna historia y decir: “Bueno, Papá Noel se ha tomado el día libre”. Me divierto con ello.
Ya la gente me espera cada año. Me utilizan casi como un punto de referencia».
Shapp cree que la gente da más cuando lo ve disfrazarse y crear un ambiente festivo con la olla. Se podría decir que el papel le sienta bien.
«Creo que lo disfrutan, y les gusta que me esfuerce por usar un disfraz», declara. «Intento ser simpático, relacionarme con la gente y hablar con ellos. Creo que eso, sin duda, ayuda. Es claro que llama la atención».
Para sobrellevar los largos turnos con la olla, frecuentemente muy fríos, Shapp bebe café y chocolate caliente, lo que a menudo le traen los compradores agradecidos.

«A veces recibo tantos que no puedo bebérmelos todos y tengo que empezar a regalarlos a otras personas», dice. «Es asombroso que la gente haga eso. Ellos me cuidan y yo cuido de otras personas al mismo tiempo, y me aseguro de que puedo terminar mi turno. Mantengo la vista en el objetivo y recuerdo por qué estoy ahí. Eso me mantiene motivado».
Shapp solía hacer entre 150 y 200 horas al año con la olla, pero ha tenido que reducirlas debido al trabajo. Hace poco compró una casa en Westbrook y tiene dos empleos: como conductor de autobús de Greater Portland Metro y en un supermercado Hannaford, en Portland. Solía asistir habitualmente al Cuerpo de la Ciudadela de Portland; ahora su horario de trabajo le obliga a conducir un autobús los domingos. Aun así, encuentra la forma de contribuir.
«Mucha de la gente que asiste al Cuerpo va en autobús», dice Shapp, que lleva 11 años de conductor. «Intento pensar en las enseñanzas de Jesús cuando estoy en mi autobús, todos los días, siendo amable con la gente y tratando a los demás como me gustaría que me trataran a mí. Intento ser una luz en el mundo como lo enseña Cristo».
En Hannaford, Shapp es considerado un «embajador cultural» porque habla ruso e italiano. Suele visitar el Ejército de Salvación local cuando viaja de vacaciones por el mundo. Shapp ora y lee la Biblia periódicamente, y dice que le encanta el Ejército de Salvación y su misión de satisfacer las necesidades humanas —sin discriminación— en nombre de Jesús.
«Me encanta el Ejército de Salvación porque es una organización que no solo habla por hablar», declara. «Es un Ejército que se pone las botas y sale a la comunidad para hacer del mundo un lugar mejor».
Recaudar dinero sobre ruedas
Su dedicación a ayudar a los demás no se detiene ahí. Durante la última década, Shapp ha recaudado unos 10,000 dólares participando en la marcha anual Trek Across Maine para la Asociación Americana del Pulmón, un viaje en bicicleta de 60 millas diarias durante tres días.
Además, Shapp ha tenido amistad con Nataluk, que ahora es enviado del Ejército de Salvación. Todos los veranos, Shapp participa en moto en la Marcha por el Escudo Rojo, iniciada por Nataluk en beneficio del Ejército de Salvación de Houlton, Maine. La recaudación de fondos cumple su octavo año en 2025.
Nataluk llama a Shapp «amigo del Ejército de Salvación» y se maravilla de su espíritu aventurero.
«Es un buen tipo», dice Nataluk. «Es muy generoso y se preocupa por la comunidad. Le gusta ser voluntario».
Nataluk afirma que Shapp también ha escalado, varios años, el monte Katahdin, en Maine, que marca el término septentrional del Sendero de los Apalaches.
«Él hace cosas que requieren cierta determinación y valor», declara Nataluk. «Es un aventurero y está por todas partes. Es como cinco personas diferentes. Es un enigma».
A largo plazo
Los que esperan ver a Shapp como el pingüino campanero están de suerte, ya que no planea bajar el ritmo pronto. A pesar de la incertidumbre económica y del cambiante panorama del consumo, Shapp afirma que la gente sigue siendo «tremendamente generosa» en su zona de Maine.
«A veces me sorprende de verdad la cantidad de cosas que reúno en un solo turno en ese lugar», dice. «Toda donación es valiosa, por pequeña que sea. Todo suma a algo grande que puede marcar la diferencia en la vida de las personas».
Eso es lo que le hace volver año tras año.
«Pienso seguir tocando la campana el resto de mi vida», indica. «Mientras haya personas necesitadas en el mundo, debemos seguir adelante. Eso me hace sentir que soy un miembro valioso de la comunidad y que no solo recibo, sino que estoy retribuyendo. Creo que es gratificante ayudar a los demás. El hecho de estar haciendo algo bueno ayuda también a sentirte mejor contigo mismo. Así que animo a los demás a que den. Es mejor que ganar dinero y hacerlo todo por ti mismo».
«Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: Hay más dicha en dar que en recibir» —Hechos 20:35
«Respondió Jesús, ”Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme”». —Mateo 19:21
«Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él?»—1 Juan 3:17
«No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque esos son los sacrificios que agradan a Dios». —Hebreos 13:16
«Vendan sus bienes y den a los pobres. Provéanse de bolsas que no se desgasten; acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya». —Lucas 12:33
«Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor; Dios pagará esas buenas acciones». —Proverbios 19:17
«Bien le va al que presta con generosidad, y maneja sus negocios con justicia».—Salmos 112:5
