Las Buenas Obras de Angelita

El Ejército de Salvación fue incapaz de establecer su misión en la República Dominicana hasta que una soldada del Templo de Queens, Nueva York, respondió a un llamado especial para ella.
La palabra obra puede tener diferentes significados. Una obra puede ser un trabajo de arte o un espectáculo (una obra de arte), o una colección de obras completas de alguien (las obras completas de Shakespeare). Obra también se refiere a la creación de una nueva vivienda o edificio (una obra en construcción). En la Biblia se hace referencia a las buenas obras del rey David, Rut, el Buen Samaritano y otros.
Cuando la soldada del Ejército de Salvación Angelita Rosario habla del tiempo que pasó estableciendo la primera presencia verdadera del Ejército de Salvación en la República Dominicana, a eso lo llamó «la obra». No su obra, sino la del Señor operando a través de ella y del Ejército de Salvación. No obstante, Angelita merece crédito por su participación en la obra del Ejército allí, en todas sus definiciones. Como lo hace el mejor arte, aportó inspiración a las comunidades a las que servía. Gracias a sus esfuerzos y a los de su familia se crearon edificios para el Cuerpo e incluso una escuela. Sus obras terminadas, aun hoy, se ven en los prósperos ministerios del Ejército de Salvación en la República Dominicana.
«Cuando me lo propusieron, quedé pasmada», dice Angelita, ahora jubilada. «Oficiales de Jamaica y el Caribe intentaron iniciar un ministerio en Santo Domingo, la capital de la República Dominicana. Pero no fueron capaces de hacerlo funcionar».
Aunque tenía familia en la República Dominicana, llevaba décadas viviendo en Estados Unidos.
«Aun cuando empecé a asistir al Cuerpo del Templo de Queens, antes de entender inglés, llevaba unos tres años como soldada. No sabía nada de dirigir una iglesia y mucho menos de fundar una».
Una bandera y un llamado
Los mayores Angelo y Antonietta Rosamilia, Oficiales del Cuerpo del Templo de Queens a principios de los años 90, sabían que Angelita Rosario iba de visita a su país natal con frecuencia. Les había contado que una vez, mientras estuvo allí, acudió a una iglesia católica para mantener su conexión personal con Cristo.
«Habría atravesado una tormenta solo para orar delante de un altar», recuerda Angelita. «Pero allá no había ningún Cuerpo del Ejército de Salvación al que pudiera acudir».
«Podrías empezar uno», sugirieron los Rosamilia. Angelita había formado parte del Templo de Queens mucho tiempo. «Mi marido y yo vimos que ella tenía capacidad para servir a su manera y responder a su propio llamado de Dios», dice la Mayora Antonietta Rosamilia. «Aun cuando ese llamado era uno que usualmente respondería un Oficial».
«Mis tareas en el Templo de Queens eran principalmente cocinar y limpiar los baños», afirma Angelita. «Siempre pensé que podía hacer algo más por el Ejército de Salvación, pero nunca nada como esto. Y si eso fue difícil para los Oficiales, ¿cómo sería para una soldada?».
“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.”
—Efesios 2:10
A pesar de sus dudas, Angelita quería ver al Ejército de Salvación en su país de origen. Así que se preparó antes de su comienzo oficial, incluso hizo un viaje para visitar el Ejército de Salvación en Jamaica y recibir lecciones sobre cómo dirigir un Cuerpo.
Esas sesiones suelen durar tres meses; Angelita pudo completarlas en un mes.
Los Rosamilia prepararon a Angelita con los suministros necesarios para su ministerio en el extranjero, incluido un artículo muy especial: una bandera del Ejército de Salvación, por la cual oraron y bendijeron el ministerio del Templo de Queens.
Oraciones por el pueblo
A principios de 1994, la República Dominicana se encontraba en medio de una caótica temporada de elecciones nacionales, con acusaciones de fraude preelectoral, miedo racial armado y amenazas de violencia en las principales ciudades.
«Una de las primeras cosas que hice fue recibir gente en mi casa. Todas las personas que conocí estaban nerviosas y asustadas por lo que pudiera ocurrir debido a las elecciones. Así que oramos juntos por nuestro país, su gente y sus dirigentes», recuerda Angelita.
El ministerio de Angelita se basaba en las tradiciones más antiguas y conocidas del Ejército, como cantar en las calles, visitar a los enfermos y alimentar a la comunidad. Cada día se le unían más personas. Juntos, caminaban para visitar a sus vecinos, orar con ellos y compartir información sobre la nueva iglesia que había llegado.

«En los países hispanos, si mencionas que quieres darles de comer a los demás, van a aparecerse muchos», indica Angelita. «Venían unas 50 personas al comedor comunitario de mi casa, pero siempre teníamos que cocinar para más, ya que muchos de ellos tenían familias numerosas, por lo que pedían comida para llevar a casa».
«A partir de eso, se decidió que la República Dominicana colaboraría con Jamaica en la formación de cadetes, porque había soldados que querían convertirse en Oficiales», afirma Angelita. Tras dos años de arduo trabajo, ella regresó a Estados Unidos.
Días lectivos
En los años siguientes, los salvacionistas de la isla planearon establecer nuevos Cuerpos dominicanos, un Colegio de Entrenamiento para Oficiales e incluso una escuela primaria para niños. Angelita siguió apoyando el ministerio que había ayudado a crear, viajando a Puerto Rico para reunirse con Oficiales que estaban conectados con la República Dominicana. Pero en 1999, volvió a responder a un llamado en Cotuí.
«Los Oficiales tenían problemas para hacer funcionar su escuela primaria», dice Angelita. «Ya había un edificio preparado por el Cuerpo de Cotuí, pero necesitaban a alguien que dirigiera la escuela».
Esta vez, no hubo ningún mes de entrenamiento para Angelita. Tuvo que hallar personal administrativo y profesores para los grados de preescolar hasta cuarto. Jamaica y Puerto Rico volvieron a ayudar con suministros, y Angelita se convirtió en la directora del Colegio Cristiano del Ejército de Salvación.
«Tuve que tomar decisiones que nunca pensé que haría y reunirme con la junta escolar local y el superintendente en Cotuí. Me ayudaron mucho mostrándome el proceso de oficialización de la escuela y de su integración al Cuerpo de Cotuí. Sabían que estaba haciendo ese trabajo en nombre del Ejército de Salvación y del Señor», dice Angelita. «Incluso mi hijo adolescente, Christian, trabajó como conserje de la escuela y como profesor de inglés. Daba clases de inglés con una vieja enciclopedia».
Para Angelita, el papel de directora era otra obra hecha en Su nombre. Aunque era un trabajo nuevo para ella, seguía siendo el ministerio, lo que conocía bien. Involucró a la comunidad no solo a través de los niños que acudían a la escuela, sino también de sus padres y de las nuevas familias que habían hecho del Cuerpo de Cotuí su iglesia.
«Recuerdo que conocí a una pareja que vio nuestra escuela y mencionó lo mucho que deseaba formar una familia. Oramos juntos, y compartí la historia de Ana, la mujer que dedicó su vida a la adoración, reconociendo inmediatamente al niño Jesús en el Templo como el Mesías. Un tiempo después, la pareja esperaba un hijo. Todos estábamos encantados».
Angelita regresó a Estados Unidos en 2006. El Colegio Cristiano del Ejército de Salvación prosperaba en la comunidad, educando a los niños y organizando colectas para mantenerlo en funcionamiento. Por segunda vez, Angelita respondió al llamado a servir.
Un compromiso con Dios
En el 2015, Angelita Rosario, ya jubilada, asistía al Cuerpo de Schenectady, al norte del estado de Nueva York. El pastor del Cuerpo, el Mayor Mike Himes, le pidió ayuda a Angelita con el fin de iniciar un ministerio para la creciente población hispanohablante de Schenectady.
«Los Mayores Mike y Cathy Himes fueron muy amables, pude ver que querían un ministerio para servir a la comunidad hispana. Y yo seguía queriendo formar parte de la obra, pero no podía hacerlo sola», afirma Angelita. «Christian accedió a ayudarme de nuevo».
Juntos, planearon cómo poner en funcionamiento una avanzada hispana exitosa en Schenectady. Para que creciera como las obras anteriores de Angelita, tenía que ser algo más que simples sermones en español los domingos.

«Dedicamos tiempo a hablar con las familias hispanas sobre lo que necesitaban de su Cuerpo del Ejército de Salvación. Aprendimos que no se trataba solo de alimentos o de orientación espiritual, sino también de asesoramiento para afrontar problemas personales en sus vidas, como por ejemplo tener a un ser querido en la cárcel», dice Angelita.
Gracias a los esfuerzos de Angelita y Christian, más de 40 nuevos miembros empezaron a asistir al servicio dominical en español y a los programas del Cuerpo de Schenectady. Ya lo había hecho dos veces en Cotuí, y lo volvió a hacer.
«No fue fácil, pero así es como trabaja el Señor. Nos trae los retos», indica Angelita. «Mis hijos dicen que he dado tres o cuatro veces más de lo esperado por el Ejército de Salvación. Pero yo no lo veo así. Todas las obras en las que me involucré eran un compromiso con Dios, aun cuando no me creía lo suficientemente experimentada o fuerte».
No todos estamos llamados a servir en un país diferente, o a emprender una carrera nueva e inesperada. Pero hay retos en nuestras vidas que pueden hacernos sentir muy, casi peligrosamente, poco preparados. Los ministerios de Angelita en la República Dominicana y Nueva York son un recordatorio para cualquiera que se interne en una tarea inseguro de sus propias habilidades o capacidades. Nunca debemos olvidar que nuestros esfuerzos solo ven el éxito a través de Dios e incluso nuestras obras más difíciles pueden realizarse, y prosperar, cuando se hacen en Su nombre.
«Angelita es un ejemplo de cómo el Señor puede realizar Sus obras a través de cada uno de nosotros, si estamos a Su disposición», afirma la Mayora Antonietta Rosamilia. «Todos tenemos la capacidad de ser herramientas e instrumentos para buenas obras en las manos de Dios».
