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Un punto de costura a la vez

Massillon, Ohio, combate la trata de personas

El pueblo de Massillon, Ohio, con sus casas bien cuidadas y su encanto del medio oeste, podría servir fácilmente como escenario para la película “Pleasantville”. Los obreros que viven ahí son en su mayoría muy trabajadores y orgullosos, sobre todo por su equipo de fútbol americano colegial.

Dot Keller muestra algunos de sus vestidos.

Dot Keller muestra algunos de sus vestidos.

“Sin embargo, como en cualquier parte del mundo, si miras a tu alrededor con atención, vas a encontrar barrios a los que ha llegado el pecado y ha establecido sus fortalezas”, dice el Mayor Thomas Perks del Cuerpo de Massillon.

Ese fue ciertamente el caso el año pasado cuando la policía de Massillon le pidió a Perks y a los miembros del Cuerpo que los ayudaran a resolver un caso de tráfico humano.

“[Los traficantes] creen que pueden venir a un pueblo pequeño como Massillon y estar bajo el radar”, comenta Perks.

La policía había recibido una llamada telefónica desde Detroit, en la que una madre decía que su hija de 19 años y su bebé, de sólo 3 meses, estaban siendo retenidos en contra de su voluntad en el pueblo de Massillon. La hija estaba siendo forzada a realizar actos sexuales y a vender droga.

“La policía logró rescatar a la hija y a su bebé, que iban a ser vendidos por separado como esclavos”, cuenta Perks.

a salvo POR FIN

El Ejército de Salvación alojó a la hija y a su bebé en un hotel para que pasaran la noche mientras los traficantes las buscaban. Al día siguiente, la hija y su bebé viajaban a bordo de un autobús de regreso a Detroit. Fue entonces que surgió un nuevo obstáculo.

Los captores de la mujer sabían dónde vivía su madre, razón por la que la división de trata de personas del Ejército de Salvación se puso en contacto con la mujer para reunirse con ella y su bebé apenas arribaran, y luego los llevaron a un lugar seguro.

Becky Mathess, encargada de la oficina de servicios sociales en Massillon, relata: “Esa noche en Detroit se encontraron, efectivamente, en la estación de buses; y llevaron a la madre y su bebé a un albergue para mantenerlos a salvo. La madre y su bebé ya viven en una vivienda permanente”.

Perks indica que se alegró porque el Ejército de Salvación pudo ayudar  a esas personas.

“Es en situaciones como esta que uno ve lo maravilloso que es formar parte del Ejército de Salvación, pues puedes asistir a las personas en cualquier lugar del mundo”, apunta Perks. “Cualquiera de las localidades del Ejército puede ser usada con rapidez para ayudar a liberar a alguien”.

USADOS POR DIOS

“Llevar libertad a las personas es una de las batallas que peleamos todos nosotros como Ejército de Salvación”.

Perks describe el episodio de tráfico sexual de personas como una “enorme bola de terror”, y dice que Massillon también tiene problemas con la heroína.

“Cuando manejas por Massillon, piensas en lo agradable que es el pueblo. No es un lugar enorme como Cleveland o Toledo ni ninguna de esas grandes urbes, pero todo eso llega hasta aquí”, afirma.

Mathess tomó ese episodio en lo personal, como la mayoría de sus casos. En el pasado, ella fue víctima de violencia hogareña, por lo que llegó a encontrarse sola y desamparada.

“No quiero que nadie llegue a vivir el tipo de dolor y aflicción que he enfrentado yo”, recalca Mathess.

“Creo que Dios me eligió y me trajo a este lugar. Cada día siento la satisfacción de que estoy ejerciendo un impacto en las vidas de las personas”.

de vuelta a lo básico

Una de las maneras en que el Cuerpo está haciendo algo diferente es con las clases de costura del programa «Habilidades cotidianas de los adultos», en las que cada martes por la mañana se reúnen entre 5 y 10 mujeres.

Judith Jones, directora de relaciones comunitarias del Cuerpo, dice que la clase se remonta a los primeros días de la lucha del Ejército contra el tráfico sexual de personas. El Ejército abrió hogares para mujeres y niñas, y les enseñó habilidades de la vida diaria.

Louise Stone cose una almohada.

Louise Stone cose una almohada.

“Esa fue una manera de sacar a las mujeres del mundo de la trata humana y de la prostitución, y darles un ingreso para que no siguieran en las calles”, dice Jones. “En esos tiempos, el Ejército de Salvación… las capacitaba en las habilidades que necesitaban para convertirse en costureras; lo cual es el verdadero origen de nuestro programa y nuestra clase de costura. En cierto sentido, eso es lo que estamos haciendo aquí”.

Las mujeres se reúnen desde las 10 de la mañana hasta el mediodía, y si bien ninguna de ellas ha sido víctima de tráfico humano, la Mayora Linda–Jo Perks dice que las prendas de ropa que están aprendiendo a hacer podrían ponerse a la venta.

Hace dos años, el Cuerpo convirtió un laboratorio de computación en un taller de costura. La Mayora Linda–Jo Perks cuenta al respecto: “Nos encanta coser y conversar. Una vez capacitadas, nuestro plan es ayudarlas a encontrar un trabajo, si lo desean”.

HABILIDADES Docentes

“Vamos a darles lecciones y ayudarlas a lo largo del camino. Pueden iniciar su propio negocio o vender a través de eBay”.

La líder de la clase es Dot Keller, una mujer humilde que prefiere no hablar de sí misma. Pero Perks la considera una gran diseñadora y costurera que sirve de mentora a las otras mujeres.

Keller, de 86 años, ha estado cosiendo desde sus 13, cuando aprendió con su madre. Ella sigue usando una máquina de coser Singer del año 1954.

“No la cambiaría por nada en el mundo”, dice. “Es una joya”.

La primera vez que pensó en aportar a la comunidad usando sus habilidades, fue cuando se enteró de lo necesitados que estaban en África de ropa para niños en los orfanatos de pacientes con SIDA.

“Y pensé: Eso es algo que yo puedo hacer”, recuerda Dot.

APORTAR A LOS NECESITADOS, 100 VECES

El primer proyecto que se le asignó a Keller fue hacer 100 vestidos para una organización llamada “Vestiditos para África”. En 2013, hizo otros 100 vestidos para las víctimas de un tornado en Oklahoma. La misma Perks se los llevó a su sobrina, una oficiala del Ejército de Salvación en esa localidad.

El año pasado, Keller hizo otros 100 vestidos más para regalar en el Cuerpo con ocasión del inicio del año escolar, y en la actualidad está trabajando en otro lote de 100 vestidos que serán distribuidos en la primavera.

“Yo simplemente sigo cosiendo y lo disfruto”, dice Dot. “Es mi manera de colaborar. Es un acto de compañerismo. Si dejara de coser, no sé qué haría”.

La Mayora Linda–Jo Perks dice que “el corazón cariñoso de Dot brilla en el trabajo de sus manos”.

“Ella les está enseñando a las madres a hacer lo mismo “, afirma. “Es grandioso transmitir un don como ese. El don del conocimiento y la habilidad se seguirá transmitiendo y se perpetuará en el tiempo”.

Gabrielle Miller ha estado viniendo al Cuerpo los últimos nueve años. Empezó a asistir a la clase de costura el año pasado. Y con la ayuda de Keller, Miller ya ha hecho varios vestidos, un forro para asientos de automóvil y otras cosas.

“Ella me ha enseñado todas las técnicas que necesito saber y continúa enseñándome”, dice Miller.

Louise Stone, que asistía al Ejército de Salvación en Inglaterra, llegó a Massillon porque a su marido lo transfirieron de trabajo. Es una “costurera novata”, dice, pero está aprendiendo.

“Es muy entretenido y estoy trabajando en unos diseños muy atractivos”, señala.

por Robert Mitchell

 

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