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Resurrection Life: Easter Message

The General’s 2021 Easter Message | Mensaje de Pascua del General 2021

Resurrection Life

General Brian Peddle

The Easter story resonates with life and hope, and how we desperately need these in our world today. Through the years of the Old Testament, we clung to the hope in the prophesies of a Messiah. Through the silence of the years between the Old and New testaments, we clung to the hope that God had not forgotten his people or his promises. Then that hope took on flesh and blood in the person of Jesus and we witnessed for ourselves that God had remembered the cries of his people, confirming that our hope was not in vain.

We witness a Jesus who taught and modelled forgiveness and love, who partied with tax collectors, dined with sinners, spoke with women of dubious morals, condemning no one. We see for ourselves a glorious mixture of grace and truth. We are caught in awe and wonder as Jesus turned water into wine, gave sight to the blind, made the lame walk, cast out demons, healed the leper, controlled the wind and waves, and we see for ourselves the inexhaustible power of God.

On Good Friday it appeared as though hope had gone as the life flowed out of Jesus’ body. This irresistible man of captivating parables, insightful teaching and miracles, with the ability to impact the very fabric of society and people to the utmost depths of their being, was killed on a cross and placed in a tomb. It looked and felt like someone had turned out the light and put a lid on our hope. Then something truly remarkable, life-transforming and world-changing happened: the stone was rolled away, the graveclothes left in a pile – because Jesus was alive! The light was more glorious than ever, and our hope found new heights.

Easter is not simply a remembrance of something that happened in the past – but as we celebrate it we remind ourselves that the resurrection life is to be an everyday experience. The pandemic we are experiencing makes it feel, at times, similar to Good Friday – as though the light has been turned off and a lid put on our hope. There are many circumstances in life that may cause us to feel like that – natural disasters, illness, unemployment, divorce, drug addiction, bankruptcy, domestic violence, racism. The life, death and resurrection of Jesus Christ remind us that God is with us in every circumstance, that he is bigger and more powerful than any circumstance, and that God specialises in the miraculous and the impossible.

When we have given up on ourselves, God still believes in us. When we feel like we are unloved, God shows us Jesus. When we feel like we have made the biggest mistake of our lives, Jesus provides forgiveness. When we are suffocating in the darkness, God shines the light of his presence. When we are despairing, Jesus provides hope.

You see this resurrection life is a full, abundant, complete and whole life. This resurrection life is a new life, because it is life in Christ and, as such, is free from condemnation. This resurrection life starts the minute we accept Christ as Saviour and continues for all eternity. This resurrection life is dynamic, because the power of God is unleashed in us. The change starts on the inside and transforms how we view everything.

On that first Easter morning the disciples were still experiencing Roman occupation and all that came with it, but the realisation that Jesus was alive and that every promise had been fulfilled changed everything. They now had an eternal view, they understood that sin and death had been conquered, that the Kingdom was indeed a spiritual Kingdom and that God reigned supreme over everything. Such understanding would change how they viewed and responded to life in this world because the glorious light of Christ shone in their lives and the hope of eternity was secured. They would never be the same again – just as we will never be the same again if we claim that same resurrection power.

May God bless you as you celebrate the risen Christ. Amen.

Brian Peddle,
General

La Vida de la Resurrección

General Brian Peddle

La historia de la Pascua resuena con vida y esperanza, e indudablemente las necesitamos en nuestro mundo de hoy. A lo largo de los años del Antiguo Testamento, nos aferramos a la esperanza de las profecías de un Mesías. A lo largo del silencio de los años entre el Antiguo y el Nuevo Testamento nos aferramos a la esperanza de que Dios no se había olvidado de su pueblo ni de sus promesas. Entonces, esa esperanza se hizo carne y sangre en la persona de Jesús y nosotros mismos fuimos testigos de que Dios se había acordado de los clamores de su pueblo, confirmando que nuestra esperanza no era en vano.

Somos testigos de un Jesús que enseñó y ejemplificó el perdón y el amor, que se reunió con los recaudadores de impuestos, que cenó con pecadores, habló con mujeres de moralidad cuestionable, sin condenar a nadie. Vemos por nosotros mismos una mezcla gloriosa de gracia y verdad. Nos asombramos y maravillamos cuando leemos que Jesús convirtió el agua en vino, devolvió vista a los ciegos, hizo caminar a los lisiados, expulsó demonios, sanó al leproso, controló el viento y las olas, y cuando vemos por nosotros mismos el poder inagotable de Dios.

El Viernes Santo la esperanza parecía esfumarse a medida que la vida abandonaba el cuerpo de Jesús. Este hombre irresistible de parábolas cautivadoras, enseñanzas profundas y milagros reveladores, con la capacidad de impactar la propia estructura de la sociedad y de las personas hasta lo más profundo de su ser, murió en una cruz y fue colocado en una tumba. Parecía y se sentía como si alguien hubiera apagado la luz y ocultado nuestra esperanza. Entonces sucedió algo verdaderamente extraordinario que transformó la vida y cambió el mundo: la piedra fue removida, los lienzos dejados en un montón, ¡Jesús estaba vivo! La luz era más gloriosa que nunca y nuestra esperanza encontró nuevas alturas.

La Pascua no es simplemente un recuerdo de algo que ocurrió en el pasado, sino que al celebrarla recordamos que la vida de la resurrección debe ser una experiencia cotidiana. La pandemia que estamos viviendo algunas veces nos hace sentir como si fuera un Viernes Santo, como si la luz se hubiera apagado y se hubiera ocultado nuestra esperanza. Hay muchas circunstancias similares en la vida que pueden hacernos sentir así; desastres naturales, las enfermedades, el desempleo, el divorcio, la adicción a las drogas, la bancarrota, la violencia doméstica, el racismo. La vida, muerte y resurrección de Jesucristo nos recuerdan que Dios está con nosotros en cualquier circunstancia, que es más grande y poderoso que cualquier circunstancia, y que Dios se especializa en lo milagroso e imposible.

Cuando nos hemos dado por rendidos, Dios sigue creyendo en nosotros. Cuando sentimos que no somos amados, Dios nos muestra a Jesús. Cuando sentimos que hemos cometido el error más grande de nuestras vidas, Jesús ofrece el perdón. Cuando estamos hundidos en la oscuridad, Dios hace brillar la luz de su presencia. Cuando estamos desesperados, Jesús nos da esperanza.

Esta vida de la resurrección es una vida plena, abundante, completa y total. Esta vida de la resurrección es una vida nueva, porque es una vida en Cristo, y, como tal, está libre de condenación. Esta vida de la resurrección comienza en el minuto preciso en el que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador y continúa por toda la eternidad. Esta vida de la resurrección es dinámica, porque el poder de Dios se desata en nosotros. El cambio comienza por dentro y transforma la manera en que vemos todo.

Durante esa primera mañana de Pascua, los discípulos aun experimentaban la ocupación romana y todo lo que ello implicaba, pero todo cambio cuando comprendieron que Jesús estaba vivo y que cada promesa había sido cumplida. Ellos tenían una visión de lo eterno, comprendieron que el pecado y la muerte había sido vencidos, que el Reino era verdaderamente un Reino espiritual y que Dios reina supremamente sobre todo. Esa comprensión cambiaria la forma de ver y responder a la vida en este mundo porque la gloriosa luz de Cristo brillaba en sus vidas y la esperanza de la eternidad estaba asegurada. Nunca más volverían a ser los mismos, así como nosotros nunca más volveremos a ser los mismos, si reclamamos ese mismo poder de la resurrección.

Que Dios les bendiga al celebrar a Cristo Resucitado. Amén.

Brian Peddle,
General