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Pasado, presente y futuro del evangelismo

Una conversación con el Mayor Bill Dunigan

En los meses recientes, uno de los evangelistas más reconocidos, el reverendo Billy Graham, fue a morar con su Salvador a la edad de 99 años. Aunque parezca coincidencia, en esos tiempos el Mayor Bill Dunigan decidió comenzar a escribir acerca de sus experiencias y observaciones sobre el evangelismo. El Mayor Bill sirvió 32 años en diversos Cuerpos, entre los que está Camden, donde hay una comunidad grande de latinos. Durante 20 de esos años llevó a cabo el ministerio urbano de la encarnación. Dunigan, en la actualidad, es instructor de LEAD. “Llevo muchos años pensando en estas cosas”, dijo. A continuación, el Mayor comparte con nosotros sus ideas en cuanto a la manera en que el arte de difundir el Evangelio ha cambiado con el paso del tiempo.


¿Cómo se llevaba a cabo el evangelismo en el Ejército de Salvación en el pasado?
Durante el auge de la evangelización (los siglos 18, 19 y principios del 20) inicialmente hubo una disposición cultural que anticipó el éxito. Aunque la cristiandad había penetrado la sociedad, el acceso a aquellas cosas necesarias para comprender y disfrutar la salvación personal era limitada y solo para los educados y los ricos. Las personas comunes y corrientes, en muchos sentidos, quedaban en la oscuridad.

En esas instancias entraron en escena George Whitefield, John Wesley, Charles Finney y, por supuesto, William Booth y el Ejército de Salvación. Estos hombres ofrecieron al pueblo común un producto que antes era mayormente desconocido. Ese preciado producto era información. Ellos y muchos de los que siguieron brindaron información acerca de la salvación y, a la vez, una respuesta clara a una antigua pregunta: ¿Qué debo hacer para ser salvo?

¿Qué opina acerca del evangelismo en la actualidad?
Es muy interesante y extremadamente importante notar que hoy en día existe una disposición muy similar. El conocimiento y la comprensión de los medios verdaderos y el camino a la salvación son, una vez más, desconocidos para la mayoría de la cultura. La gente aún tiene hambre. Sin embargo, el alimento que buscan ya no se puede ofrecer con simple información.

La gente ya no está tan hambrienta de información. Con frecuencia pregunto a un grupo o a una clase: “¿Qué hace una persona hoy si necesita conseguir información?” La respuesta unánime es: “La busca en Google”.

La información es algo difícil en la cultura presente. Existe una sobrecarga de información en la actualidad, lo que hace que sea relativa. La actitud de la sociedad es que nada es absoluto, todo es relativo. Lo que puede representar la verdad para usted, no necesariamente lo es para mí, o lo que era cierto ayer puede que ya no lo sea hoy. Además, la información es sospechosa; no confiamos o por lo menos cuestionamos la mayoría de la que recibimos. Parece que todos los días encontramos más y más razones para dejar de confiar en la información.

No podemos confiar en la prensa. Tampoco en los medios noticiosos. Y definitivamente no podemos confiar en el Internet.

Esto es un problema puesto que casi todos los medios conocidos que usamos para evangelizar se enfocan en la difusión de información. Antes íbamos puerta a puerta, hacíamos evangelismo en las calles, usábamos los folletos informativos y otra literatura evangelística que presentaba el Evangelio por medio de la simple información.

¿Qué forma tomará el evangelismo efectivo en el futuro?
Con frecuencia me hago esa pregunta, ¿cómo vamos a presentar el mensaje de salvación de manera que sea palpable para esta cultura?

De la manera en que originalmente se presentó, en carne y hueso. “Y la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros”, dice Juan 1:14. La clave para exponer el misterio del Evangelio a esta generación son las RELACIONES.

La gente llegará a conocer y a comprender las Buenas Nuevas (el Evangelio) cuando nos conozcan a usted y a mí. A medida que nos conectemos con las personas que no conocen a Jesús, que promovamos las relaciones con ellos y que les revelemos las Buenas Nuevas, todo ello manifestado en sus vidas, tendremos la oportunidad de dirigirlos a la salvación y podremos discipularlos hasta que alcancen la madurez cristiana. Yo lo sé. Pero no tomen mi palabra, inténtenlo ustedes.

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