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Juntos todos unánimes: Ánimo

“Juntos, imaginamos un Ejército animado por un propósito común, ayudándonos unos a otros a mostrar amor y hacer el bien fomentando una cultura generosa e inclusiva de reconciliación y respeto mutuo”.

Como mucha gente sabe, provengo de una familia grande. Somos ocho hermanos y vivíamos en diferentes lugares de la ciudad de Nueva York que a veces eran estrechos; la mayoría de las veces, muy estrechos. Como se puede imaginar, entre los hermanos había diversas personalidades, desde el tranquilo y sublime hasta el extrovertido y algo ruidoso.

Sin duda, había y sigue habiendo ocho personalidades y maneras diferentes de hacer las cosas. Algo que se nos inculcó desde el principio fue: Ustedes son responsables de sus hermanos y sus hermanas.

Esto se manifestó de distintas maneras. Admito que, al principio, cuando me encargaban de ellos, mi estilo era similar a una dictadura benigna. Por el contrario, “mis súbditos” se resistían ante la falta de respeto que yo les mostraba. Puede adivinar que hubo muchas veces cuando desafiaron mi reinado.

Había algunos puntos no negociables, uno era que estábamos allí para ayudar a nuestros hermanos. Cuando estaban heridos o sufriendo, cuando los acosaban o intimidaban (crecimos en partes difíciles de la ciudad de Nueva York), se esperaba que intercediéramos los unos por los otros. Cuando mi madre partió con el Señor —a finales de sus treinta—, todos hicimos nuestra parte, especialmente con los más jóvenes. Aunque estábamos separados, seguíamos unidos por los vínculos de sangre, lo que no era negociable.

Todos nuestros caminos han sido diferentes y cada uno ha tomado su propia vía, pero lo único no negociable es que somos familia. Estamos juntos los unos con los otros. Puede que no siempre estemos de acuerdo, pero siempre estamos presentes.

Ahora, hay muchas cosas que nos separan; cubrimos Estados Unidos a lo largo y ancho, y solo tres de nosotros todavía somos Salvacionistas, pero todos amamos al Señor. Aunque nuestros padres son distintos, lo cual para varios de nosotros es intrascendente, estamos unidos por la sangre.

En apariencia, estos hermanos son tan distintos que usted nunca imaginaría que se relacionan. Pero si ve más profundo, si mira cómo nos amamos unos a otros, y cómo amamos a nuestros hijos, puede ver que somos más similares que diferentes.

Hoy vivimos en una sociedad que parece acentuar nuestras diferencias, ya sean políticas, religiosas, éticas o culturales. Parece haber un fuerte deseo de dividirnos, pero estamos unidos por la Sangre, ¡la Sangre que nunca perderá su poder!

A menudo digo que el diablo no necesita derrotarnos rotundamente, ya que puede ver la victoria al dividirnos, al hacernos centrar en aquellas cosas que pueden ser importantes, puede ser extremadamente importantes, pero que no son lo principal.

¿Cuál es el mandamiento más importante? “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Si este es el mandamiento más grande, me parece que no es negociable. El Señor no está diciendo que haga esto si le agrada o si está de acuerdo o si concuerda con su punto de vista.

El primer mandamiento es el amor. Cuando mi hermano o mi hermana colmaban mi paciencia y tomaban decisiones que yo pensaba que eran tontas o erradas, aun así los seguía amando. Anímese al saber que, independientemente de lo que hagamos, el Señor todavía nos ama de incondicional.

Hay momentos en que vendrán desacuerdos y aumentarán las tensiones, pero no se puede negar el hecho de que hemos sido comprados a un gran precio y la Sangre nunca perderá su poder.

Somos familia. Eso no es negociable. La Palabra dice que hemos sido comprados a un gran precio. Puedo negar tanto que usted es mi hermano o hermana como podría negar a mis propios hermanos.

Aunque hay muchas cosas que nos dividen, la Sangre de Cristo une y necesitamos unirnos en amor. Esto no es negociable y nuestro Padre nos lo exige.

No hay duda de que este mandamiento puede, a veces, causar incomodidad o sacrificio. Sin embargo, anímese porque el beneficio supera ampliamente el costo. Es muy fácil mirar hoy en día y ver las diferencias en su hermano o su vecino. Las redes sociales parecen darnos las herramientas para dividirnos.

Pero la Palabra de Dios le hará ir más allá. Efesios 3:18, 19, dice: “[para que] puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios”.

Dios nos insta a ver más allá de la superficie. Busque aquellas cosas que nos llevan a estar “juntos todos unánimes”, aquellas cosas que nos unen y no que nos dividen. Los animo a que habiten en las áreas en las que encontramos una causa común en la construcción del Reino de Dios y en su búsqueda. Los animo a respetarse unos a otros en nuestro camino hacia el mismo Señor.

Tengo un profundo respeto por todos mis hermanos, sí, hemos tenido un pasado difícil y hemos transformado nuestras vidas en algo que honra a Dios. ¿Siempre nos llevamos bien? No, especialmente cuando nos reunimos todos y me recuerdan que mi dictadura benigna puede no haber sido tan apacible como pensé. Pero ¡estamos unidos! En el caso nuestro, por la sangre de nuestra madre, pero más importante es la sangre de nuestro Padre celestial. Estamos unidos por la sangre que nunca pierde su poder. Es la sangre la que nos da fuerza día a día. Anímense mis amigos. Como dice a menudo el Comisionado Israel L. Gaither: “He leído el final del libro… ganamos”.

 

Por el Tte. Coronel Raphael Jackson
Secretario en Jefe Asistente
Secretario Territorial de Diversidad, Equidad e Inclusión