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Huellas Dactilares

Cada vez que mis nietos vienen a visitarnos, dejan sus huellas dactilares en todas partes. Así que le digo sonriendo a mi marido: “No puedo limpiar la casa. Hay huellas de dedos y manos en la puerta, en las mesas, ¡en todas partes!”

FingerprintsSin embargo, me parecen hermosas. Esas pequeñas marcas que dejan de sus manos son señales de que alguien estuvo ahí, extendiendo y posando sus manos a su manera.

A inicios de este año, celebramos el fin de semana del Seminario de Candidatos para jóvenes que piensan asistir el Colegio de Entrenamiento para Oficiales con la intención de convertirse en oficiales del Ejército de Salvación.

En uno de los salones de reuniones del colegio, estaba nuestra Mesa de Santidad. El sábado por la mañana, antes de que se iniciaran las reuniones y de que muchas personas colmaran ese salón, noté lo hermosa que era la mesa hecha de vidrio grueso, trasparente e inmaculadamente limpio.

El sábado por la noche, cuando nuestros encuentros habían concluido y luego que todos ya habían pasado al altar para orar, volví a echarle un vistazo a la mesa.

Estaba cubierta de huellas dactilares de todas las personas que la tocaron. Sí, la Mesa de Santidad estaba sucia. Pero había sido ensuciada por muchas manos hermosas que se extendieron para posarse sobre su superficie. Y, al hacerlo, las habían extendido hacia Dios.

Así que pensé: Yo también quiero tocar esa mesa.

El domingo por la mañana, noté que alguien había limpiado la Mesa de Santidad, dejándola preparada para las reuniones de ese día. Una vez más, volvía a estar impecablemente limpia.

Entonces extendí mis manos y las puse sobre la mesa. Quería dejar ahí la evidencia de alguien que había extendido sus manos hacia Dios y que había dejado una marca.

La superficie de mis manos sucias ha sido limpiada por la sangre de Jesús.

Por medio de su sacrificio, Jesús nos ha acercado más a Él.

Seguiré orando para que siempre haya evidencia a la vista de que extendemos nuestras manos y nuestro corazón al Señor.

Pero por ahora, como prometí, debo volver a casa; y hacer de nuevo la limpieza.

por la Comisionada E. Sue Swanson

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