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Él sí que es un líder

Andy Iorio fue siempre más seguidor que líder durante sus años mozos.

Oriundo de Plains, Pensilvania, Iorio servía de monaguillo en su iglesia y asistió 12 años a una escuela católica. También jugó en la formación defensiva del equipo de fútbol americano de su escuela. Por desdicha, también era un bebedor compulsivo, usaba drogas y no tenía relación alguna con Dios.

“En la escuela secundaria, le di la espalda a Dios y perdí el camino”, recuerda.

Iorio jugó dos años en el equipo de fútbol de Lackawanna College antes de integrarse al Cuerpo de la Marina de los Estados Unidos en 1995, esperando que la milicia le ayudara a madurar.

“Cuando ingresé al Cuerpo de la Marina, descubrí que era una suerte de hogar para bebedores compulsivos, como yo. De modo que no logré madurar, sino al contrario, empeoré”, dice. “Cuando salí del Cuerpo de la Marina, ya era un bebedor redomado. Se podría decir que era un auténtico alcohólico”.

Una nueva dirección

Iorio se internó y salió una y otra vez de los hospitales de la Administración de Veteranos (VA Hospitals) durante los siguientes dos años, pero nada parecía funcionar. Perdió innumerables puestos de trabajo.

“Prefería beber que ir a trabajar”, recuerda.

La última vez que entró al hospital, Iorio dejó un apartamento que estaba a punto de perder, manejó hasta el hospital en un auto que pronto le iban a embargar y se quedó sin gasolina a mitad de camino.

Su vida dio un giro dramático cuando asistió a un concierto en un bar de Dallas, Pensilvania, y entabló una conversación con “la mujer más hermosa que jamás había visto”.

Ella invitó a Iorio a la iglesia y, por supuesto, él se sintió feliz de dejarse invitar; aun cuando se tratara de una iglesia bautista, considerando que él se había criado en la iglesia católica.

Iorio se sintió sorprendido al percatarse de que el pastor que hablaba desde el púlpito era el padre de la mujer.

“Por el solo hecho de asistir a esa iglesia para tratar de tener una relación con esa chica, le di mi vida a Cristo en esa misma congregación”, dice Iorio. “Me enamoré de ella a primera vista. Nos hemos hablado sin falta cada noche desde entonces. Eso fue hace 16 años”.

Amor a primera vista

A Iorio le gusta decir: “Primero fui salvo, luego sobrio”.

Así que siguió saliendo con Sara, su futura esposa Una vez estaba de vuelta en el hospital cuando alguien le dijo que su “pastor” estaba ahí para visitarlo. Eso le sonó extraño.

“Había quemado todos los puentes debido a mi hábito de beber”, relata. “Por esas fechas, ni siquiera sabía todavía lo que era un pastor”.

Iorio avanzó hasta la mitad del pasillo antes de caer en cuenta de que el pastor era David Martin, el padre de su novia.

“Él fue la única persona que me visitó”, cuenta Iorio. “Me sentí confundido porque pensé que, de ser yo el padre, habría sentido ganas de darme una paliza”.

En el curso de una tensa conversación, Iorio le dijo a Martin que él lo odiaría si saliese de novio con su hija.

“Y él me respondió: ‘Andy, no nos gusta lo que has estado haciendo con tu vida en lo que concierne a tu hábito de beber, pero así y todo te queremos’. Jamás había escuchado a alguien comunicarse conmigo de esa manera en toda mi vida”, dice Iorio. “Me pareció algo realmente impactante”.

El punto de inflexión

Iorio siguió asistiendo a la iglesia, madurando en su fe y leyendo Una vida con propósito, de Rick Warren.

“Todos mis 12 años de catolicismo se volvieron reales”, dice Iorio. “Ya no era una religión. Era algo real. Ahora tenía una relación personal con Jesús cuando todo lo que conocía de antes era religión. Toda mi vida cambió”.

Además, tenía una motivación extra: Sara le dijo que tenía que mantenerse sobrio durante un año entero antes de que se pudiesen comprometer para casarse.

Iorio al fin empezó a tomar clases de orientación espiritual en el Seminario Teológico de Andersonville. También empezó a participar en el programa cristiano de recuperación de 12 pasos conocido bajo el nombre de Celebrate Recovery [Celebra la recuperación, en castellano].

Otro punto de inflexión sobrevino cuando Iorio laboró un período de práctica como capellán voluntario en el Centro de Rehabilitación para Adultos del Ejército de Salvación (ARC) en Wilkes–Barre, Pensilvania.

Cuando la Mayora Kathleen Wadman, antaño directora del programa en el ARC, se enteró de que Iorio estaba cursando estudios para convertirse en consejero espiritual, le ofreció un trabajo de tiempo completo como consejero espiritual en 2009.

Ama a tu prójimo

“Siempre supe que estaba llamado a ayudar a personas como yo”, dice Iorio. “Al trabajar aquí, me di cuenta de eso mientras estaba sentado sólo todo el día. Yo soy el alcohólico, el drogadicto, calleé indigente, el tipo con desequilibrios anímicos y problemas de salud mental. Ese soy yo. De modo que puedo hablarles en base a mi experiencia acerca de lo que Jesús puede hacer por ellos”.

Iorio se percataba de algo más todos los días: los indigentes se encontraban del otro lado de la reja que les separaba del ARC en un área conocida como “Tent City”.

En 2014, Michael Tillsley, el gerente comercial del ARC, se propuso hacer algo para ayudar. Tillsley solía saltar la reja para conversar con esas personas indigentes; y el consejero espiritual Stanley Jackson solía llevarles comida.

“No lográbamos entender por qué ‘Tent City’ se encontraba al lado del ARC”, cuenta Iorio. “Queríamos hallar la manera de salvar esa distancia y tender puentes con esa comunidad de personas menesterosas”.

Cómo llegar a ser líder

Se tomó la decisión de enviar a Iorio a la Cumbre de Liderazgo Laico LEAD, que se celebra todos los años en agosto en Old Orchard Beach, Maine. “Liderazgo especializado” es uno de los cuatro elementos de la iniciativa “Strikepoint”.

“LEAD me enseñó a salir del recinto de la iglesia”, explica Iorio. “Me enseñaron lo que había que hacer para salir a buscar a las personas y hacer de ellas discípulos. Aprendí a comunicarme con las personas indigentes y a asumir una actitud muy vigorosa”.

Iorio también participó cuando el Mayor Charles Kelley organizó equipos y les enseñó a hacer evangelismo urbano.

“Jamás se me habría ocurrido la manera de abordar a alguien y simplemente ponerme a evangelizar”, dice. “Aprendí a hacer eso y a comunicarme con la gente. Se trataba de algo muy proactivo. Él nos llevó a las calles y nos enseñó la manera de llevar a las personas a Cristo en un ajetreado entorno urbano.

“Estaba humillado, pues a esas alturas sabía algunas cosas acerca de la Biblia, sabía acerca del cristianismo, pero no las practicaba. El programa LEAD me enseñó a ser cristiano y a salir a las calles a evangelizar a la gente. Ese era nuestro lema”.

Una cosa de Dios

Antes de dejar el programa LEAD, Iorio participó en una reunión de oración. La Mayora Lauren Hodgson lo tomó de la mano cuando él se aprestaba a irse, y le dijo: “Necesito que sepas que Dios te va a usar para iniciar algo nuevo en el ARC”.

“Eso realmente captó mi atención pues esa era la razón por la que yo estaba ahí”, explica Iorio. “Eso fue orquestado por Dios. Fue un momento muy especial”.

Al regresar del programa LEAD, Tillsley explicó que los fondos de “Strikepoint” ahora estaban disponibles y que la reunión de oración y alabanza del domingo por la noche, del que habían estado hablando, iba por fin a materializarse.

“Nos asombró la perfecta sincronización de Dios”, relata Iorio. “Ahora teníamos una visión y contábamos con el financiamiento y sabíamos que todo había sido orquestado por Dios, de modo que nos pusimos a trabajar de inmediato”.

El programa conocido como “Sopa, Sándwiches y Salvación” atraía de 80 a 100 indigentes todos los domingos por la noche. Este programa se interrumpió al cabo de un año, pero estará de vuelta el próximo mes.

Observa cómo Dios realiza su obra

“Hemos tenido a algunas personas que han pasado por el programa y se han graduado”, dice. “El mayor éxito que hemos tenido es el hecho de que los indigentes saben de nosotros. Se corrió la voz. Ha sido como un servicio dominical en la iglesia para las personas menesterosas”.

Iorio dice que la manera en que Dios organizó el programa “Sopa, Sándwiches y Salvación” tuvo un profundo efecto en su vida.

“Ese fue otro hecho que transformó mi vida”, cuenta. “Lo que realmente cambió fue la manera en que experimenté la presencia de Dios y el modo en que Él lo orquestó. Él dispuso todo. Todo encajó como anillo al dedo. Todos nos dimos cuenta de que se trataba de una verdadera manifestación de Dios. Lo vivimos en un profundo espíritu de paz y todo comenzó en el programa LEAD.

“De no ser por el entrenamiento, el evangelismo urbano y el hecho de aprender a comunicarme con personas abatidas por la vida, esto quizás jamás habría sucedido. Yo usé aquí todo lo que pude aprender durante ese programa de entrenamiento”.

Iorio es también uno de los líderes de su iglesia, la Comunidad Cross Creek, en Trucksville, Pensilvania, donde es director del programa “Celebrate Recovery” y donde ayuda a los adictos.

Sencillamente asombroso

“Aquí está la gracia de Dios”, dice Iorio maravillado. “Aquí estaba yo, un borracho inveterado y, diez años más tarde, estaba siendo ordenado por la misma iglesia que me había rescatado. Eso es un milagro”.

En la pared de la oficina de Iorio hay un dibujo hecho por un amigo que muestra los tres ministerios en que Iorio se ha desempeñado: Cross Creek, un programa de capellanía en la cárcel, y el Ejército de Salvación.

“Yo sé que Dios me trajo al Ejército de Salvación y al programa LEAD porque necesitaba aprender acerca de la misión de santidad del Ejército de Salvación”, reflexiona. “El Ejército de Salvación me ha enseñado a vivir una vida honesta, santa y a mantenerme conectado a Cristo.

“El Ejército de Salvación me enseñó a ser cristiano y a salir al mundo a hacer discípulos”.

por Robert Mitchell

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