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El ministerio de Jared Plesec

En la mañana del 2 de diciembre de 2017, Jared Jerome Plesec, soldado del Templo del Centro Comunitario del Ejército de Salvación en Cleveland, Ohio, fue asesinado en el vestíbulo de su apartamento. Iba de camino a recaudar fondos con la olla roja para su Cuerpo. Un año después, su Oficial Directivo y sus amigos reflexionan en su vida y su legado.


A principios del 2017, Jared Plesec y el Mayor Daniel Alverio, Oficial directivo del Templo y Centro Comunitario de Cleveland, viajaron hasta Nueva York para visitar el Cuartel Territorial del Este (THQ). Visitaron las exposiciones de salvacionistas icónicos del pasado en el Museo de la herencia. Entre ellos se encontraba Nishan Der Garabedian, conocido como “El Turco Joe”, evangelista y activista armenio.

El Mayor Alverio vio algunas semejanzas entre Garabedian y Plesec. Ambos eran figuras intimidantes que probablemente la gente podía pensar que eran atletas profesionales más que hombres de Dios. Ninguno de los dos nació en el Ejército de Salvación, pero ambos desarrollaron una pasión por su ministerio y su misión.

El Turco Joe acuñó la frase “Jesús salva” en varias cosas. Jared compartió esas mismas palabras de una manera más moderna; sus zapatos deportivos personificados llevaban un sello con la frase “Jesús vive” en la parte de atrás. De hecho, Jared mismo era como un sello característico.

Alverio recuerda que “Jared dejaba una marca en todo el que conocía”. Cuando le hablaba a la gente del Ejército de Salvación y del Señor mostraba su pasión. En la opinión de Jared, no había nadie que no pudiera ser salvo. No hay un solo día en el que pase algo en la iglesia que no nos recuerde a Jared”.

Cualquiera sea el sacrificio

Plesec había servido por dos años como soldado cuando los Mayores Daniel y Karen Alverio llegaron al Templo del centro comunitario en junio del 2016.

“Jared era un joven alto, con su cabeza rapada, cubierto de tatuajes y diamantes en sus dientes”, recuerda el Mayor Daniel. “Pero su apariencia no comunicaba lo que era en realidad”.

Jared se graduó en la escuela secundaria con honores. Pudo haber podido asistir a la universidad para estudiar medicina, como muchos miembros de su familia. Pero se sintió obligado a quedarse en casa y hacer algo positivo por su comunidad de Collinwood. Él creía que lo más positivo que podía hacer era llevar almas al Ejército de Salvación.

“’Cualquiera sea el sacrificio que requiera’, era lo que respondía cuando le asignaban un trabajo”, dice la Mayora Karen. “Jared estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que promoviera la misión del Ejército de Salvación. Él nunca temía incomodarse”.  Para Jared, cualquier actividad del Cuerpo era una oportunidad para el ministerio. Asistía a las clases de voleibol para orar con los jugadores después de su práctica y luego sacaba tiempo para hacer manualidades con los niños del Cuerpo.  Otro día, asistía al programa femenino de salud y bienestar para enseñar a las mujeres cómo usar con seguridad las máquinas del salón de pesas. La Mayora Karen le sugirió a Jared que se hiciera miembro del ministerio de música del Templo de Cleveland, aunque nunca había tocado un instrumento. Sin embargo, cuando se lo pidió, Jared comenzó a practicar con la trompeta alto.

“Ambos sabíamos que cuando los demás lo vieran tocar, también desearían hacerlo. Jared nació para ser mentor, tenía una habilidad natural para inspirar a los demás”, expresa la Mayora Karen.

El soldado “modelo”

La influencia de Jared trascendía las paredes de la iglesia. De acuerdo al Mayor Daniel, el corazón de Jared estaba en el Cuerpo, pero sus ojos y sus oídos observaban las calles de Collinwood. Si alguien acababa de salir de la prisión y visitaba el Cuerpo, la primera persona con quien deseaba hablar y orar era con Jared.

“Jared conocía a todos los miembros de las pandillas, a los estafadores, jóvenes y viejos. Conocía el significado de todo movimiento, fuera un apretón de mano o una señal con la mano”, dice el Mayor Daniel. “Él sentía que era algo que necesitaba conocer porque era el primer paso para traer a alguien a conocer a Dios”.

“Jared no temía ministrar en las calles peligrosas”, explica la Mayora Karen. “Si le decíamos algo, nos respondía: ‘Sé quién soy en Cristo, ¿por qué debo temer?’ Estaba firme en su fe y no temía a la oscuridad. Sabía que para poder ayudar en Collinwood, tenía que entrar en la oscuridad”.

Para enfrentar a la oscuridad Jared vestía una armadura única. Su cuerpo estaba cubierto con tatuajes y todo el que le preguntaba acerca de ellos era otra persona que necesitaba salvación. Muchas veces, el Mayor Daniel se encontró ministrando a alguna persona que solo porque había mostrado curiosidad por los tatuajes de Jared.

Aun el hecho de tatuarse era una manera de promover al Ejército de Salvación. Los tatuajes de Jared, muchos de los cuales eran mensajes y símbolos del Ejército, se veían claramente en su piel porque fueron hechos al estilo “tinta negra”. Cuando el artista que se los tatuaba deseaba mostrar su mejor trabajo, Jared era su modelo.

“Las primeras imágenes que veían todos esos clientes que llegaban a hacerse un tatuaje con el artista de Jared, eran los hermosos símbolos del Ejército de Salvación”, señala la Mayora Karen, sonriendo.

Las almas que trajo

El Mayor Daniel recuerda que tuvo una conversación con Jared acerca de la posibilidad de reducir las horas de funcionamiento del gimnasio en el Cuerpo. Él no estaba de acuerdo; por medio del gimnasio fue como él conoció al Ejército y sabía que otros podrían llegar de la misma manera.

“Si el gimnasio permanece abierto con una sola persona por una hora adicional, es una hora que esa persona no estará en la calle. Quizás durante ese tiempo uno pueda alcanzarla. De todas maneras, no solo está protegiendo a la persona, también protege a los que puede que esa persona perjudique”, decía Jared.

No había nada más importante para Jared que traer gente a la iglesia. Quería salvarles antes de que perdieran sus vidas en la calle. Él creía que, si traíamos a una persona a conocer a Dios y orábamos con ella, la próxima vez la persona podía traer a otra con necesidad de salvación.

Jared trajo hasta a una persona de su propia familia, su padre, que estaba enfermo y confinado a un asilo.

“Jared pensaba que por la pobre salud de su padre nunca podría enrolarlo”, recuerda el Mayor Daniel. “Por lo que le ofrecimos llevarle las banderas del Ejército hasta donde estaba. Le dije a Jared: ´Tú le das las clases, nos informas cuando esté listo y nosotros haremos el resto’. Jared estaba feliz”.

“El único tiempo en que Jared no estaba disponible para el Cuerpo era cuando estaba haciendo los devocionales con su padre para prepararlo con el fin de enrolarlo como soldado del Ejército de Salvación”, dice el Mayor Daniel.

Jared sabía cómo moldearse para el ministerio y que había cosas grandes para él en ello. Aunque sentía que su lugar era Collinwood, Jared había pensado en responder al llamado al oficialato.

“Un Cuerpo dirigido por Jared Plesec hubiera tenido un servicio repleto de gente todos los domingos”, dice el Mayor Daniel. “Y si se hubiera llenado por completo; seguro que hubiera pedido que expandieran el lugar para que cupiera más gente”.

“Para decirlo con simpleza, Jared sabía lo que había”, comenta la Mayora Karen. “Él comprendía el ministerio del Ejército de Salvación y las palabras de William Booth, tan bien como cualquier salvacionista u Oficial con una vida de experiencia. Y solo tenía 21 años de edad”.

Él vive

Una fresca noche de lunes, en octubre, unos jóvenes soldados que conocían a Plesec (y que llegaron al Ejército por él) se reunieron en el Templo del Centro Comunitario para recordar a su amigo fallecido. Jared vive en el trabajo que ellos desempeñan en el Cuerpo.

El soldado Joseph Houston, uno de los amigos íntimos de Jared, les enseña a los visitantes una vitrina en el laboratorio de computación del centro comunitario. Allí están los reconocimientos, las fotos, los zapatos deportivos y los trofeos de ajedrez y lucha libre de Jared. Una joven levanta la cabeza de su pantalla de computadora cuando escucha el nombre de Plesec repetidas veces. “¿Quién es Jared?”, pregunta a un joven que está sentado a su lado jugando en la computadora. “¿No sabes quién es Jared?”, dice. “Bien, termina tu trabajo y luego te voy a contar quién era Jared”.

por Hugo Bravo
fotografía por Susan Magnano

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