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Contribución para el blog: Capacitación

El famoso vendedor estadounidense y orador motivacional Zig Ziglar dijo en una ocasión: “Si apuntas a nada, siempre acertarás”. Muy a menudo, particularmente dentro de la Iglesia, hacemos lo que siempre hemos hecho. Pero si tenemos un plan y una misión que cumplir, entonces tenemos un objetivo al cual apuntar.

Uno de nuestros elementos imprescindibles dice: “Visualizamos juntos un Ejército capacitado para cumplir la Gran Comisión, discipulado en la verdad entrenando la mente, las manos y el corazón para la guerra de la salvación”.

Según el apóstol Pablo, en Efesios 4:11, Cristo dio cinco dones a la Iglesia para equipar al pueblo de Dios. “A unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros”. Estos dones se dieron con el fin de preparar al pueblo de Dios para las obras de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo a fin de que tuvieran unidad en la fe y para que fueran llenos del conocimiento del Hijo de Dios, produciendo madurez plena para que seamos completamente como Cristo (vv. 12-13).

Note que Pablo les recuerda a sus lectores que estos cinco dones no eran para hacer el ministerio, sino para capacitar a los santos con el fin de ministrar a los demás.

Creo que un Cuerpo (iglesia) crece cuando el pueblo de Dios está capacitado para el ministerio y cuando lleva su llamado a su vida cotidiana, donde vive, se mueve y existe (Hechos 17:28).

En el Ejército de Salvación, creemos en el “sacerdocio de todos los creyentes” (1 Pedro 2:4-5). Por lo tanto, no es solo trabajo del Oficial difundir el mensaje del evangelio, porque cada uno de nosotros tiene un llamado que cumplir y así evitar que nuestro cristianismo se convierta en una religión de espectadores.

Vivimos en un mundo de búsqueda, por eso la gente mira en cualquier dirección para encontrar respuestas. Necesitamos asegurar que nuestra gente, una vez que haya recibido a Jesús como su Señor y Salvador, esté capacitada para la batalla. Que conozca la Palabra de Dios y sepa mostrar una presentación clara y concisa del mensaje del Evangelio. Si no estamos capacitando a los santos, si no están creciendo en su relación con el Señor ni en el conocimiento de la Palabra y usando sus dones para el ministerio, se pueden estancar, volver apáticos, secarse y morir espiritualmente.

Por tanto, ¿cómo crecemos? Muchas cosas pueden ayudarnos a capacitarnos para el ministerio. Sin embargo, me gustaría destacar tres. Ellas son:

  1. La oración

Crecemos orando unos por otros, orando para que podamos tener hambre y sed de justicia (Mateo 5:6), orando para que podamos tener amor por las almas, orando para que seamos capacitados “en todo lo bueno para hacer su voluntad. Y que, por medio de Jesucristo, Dios cumpla en nosotros lo que le agrada” (Hebreos 13:21).

  1. La Palabra de Dios

Timoteo nos recuerda que “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).  No es de extrañar que Jesús mismo orara por sus discípulos, diciendo: “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Juan 17:17).

  1. Capacitación

Jesús fue diligente en cuanto a enseñar, capacitar y guiar a sus discípulos.

Si estudiamos los cuatro evangelios, notamos que Él hizo que ellos bautizaran a los creyentes (Juan 3:22, 4:1-2), que echaran fuera a los demonios (Mateo 17:14-21) y que ministrar a todos los que encontraran. Aunque no siempre tuvieron éxito con sus esfuerzos, Jesús usó esas oportunidades para enseñarlos. Durante tres años estuvieron bajo la tutela de Jesús y recibieron entrenamiento práctico en el ministerio.

Pablo también tuvo cuidado de invertir en la vida de los demás. Por eso dijo: “Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros” (2 Timoteo 2:2). Al escribir a la iglesia filipense, dijo: “Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí” (Filipenses 4:9). Debemos ser diligentes en cuanto a prepararnos y animarnos unos a otros a difundir el mensaje del Evangelio y para realizar actos de servicio.

El mayor deseo del cristiano debe ser llegar a “ser transformados según la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29) para dar gloria a Dios. Eso solo puede suceder a través de la oración, el estudio de la Palabra de Dios y, luego, poner en práctica lo aprendido.

Edificar el Reino no es solo obra de los “profesionales” sino de todo el cuerpo de Cristo. Que Dios nos ayude a cada uno a cumplir Su Gran Comisión (Mateo 28:19-20).

Coronela Deslea Maxwell
(Secretaria Territorial de los Ministerios Femeninos)