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Viaje Misionero a Honduras

En enero del 2019, un equipo de médicos del este y centro de Estados Unidos viajó al país de Honduras para proveer cuidados de salud a la gente en las regiones remotas y pobres de San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande de la nación centroamericana. El Ejército de Salvación desplegó catorce Oficiales del Territorio Este para que sirvieran como traductores de inglés y español para los médicos y las familias que buscaban asistencia. 

El equipo estadounidense se reunió con otro equipo hondureño compuesto por médicos, dentistas, líderes de la comunidad, Oficiales directivos y soldados de Tegucigalpa y del Cuerpo de San Pedro Sula. Durante seis días, los equipos visitaron los pueblos de la región, atendiendo aproximadamente a 2300 hombres, mujeres y niños con una multitud de problemas médicos, desde gripes, alergias, problemas gastrointestinales, cardiovasculares y cáncer.

Los equipos se levantaban temprano en la mañana, desayunaban, hacían sus devocionales y participaban en una sesión para recibir instrucciones. A las 6 A.M., los autobuses emprendían el viaje de unos doscientos kilómetros hacia las aldeas. Instalaban las clínicas y la farmacia y atendían el mayor número de personas posible; luego desmontaban todo, limpiaban y regresaban al campamento para la sesión de discusión; cenaban y se preparaban para el próximo día. 

Los evangelistas territoriales, los Mayores Angelo y Virginia Bermeo compartían el mensaje del Evangelio por medio de su cautivador y popular espectáculo de ilusión óptica. En la clínica se ofrecían oraciones y palabras de ánimo. Entre las consultas de admisión y las visitas a la farmacia, siempre había un miembro de la brigada que aprovechaba un momento para compartir la esperanza que encontramos en Jesucristo.

Los hondureños poseen tres características ventajosas: son perseverantes, son capaces de recuperarse y tienen esperanza. A pesar de su situación, la nación busca el bienestar de sus familias y comunidades. Ellos han superado muchas dificultades y estas son señales que anticipan un mejor futuro.

El país enfrenta grandes dificultades. La pobreza severa, el hambre y la enfermedad son consecuencias de la injusticia social, política y económica. Sin embargo, el pueblo hondureño encuentra maneras de trabajar y manejar la vida entre los extremos de los beneficios y los retos. Lo hacen por el fuerte sentido de comunidad que poseen; muchas personas que los de la brigada conocieron estaban cuidando niños abandonados por sus padres o huérfanos a consecuencia de la violencia y la enfermedad. 

Sin ningún tipo de asistencia, les dieron comida, albergue y amor como si fueran de su propia sangre. Sus espíritus innovadores y emprendedores les permiten ganarse la vida y de ese modo cuidar de sus familias. También tienen fe en Dios, tienen un sentido profundamente grabado de que todo le pertenece al Creador y que Dios sostiene la vida y fortalece al impotente.

La brigada médica brindó ayuda a las familias y a los individuos que luchan con problemas de salud. Muchos de ellos compartieron que la gente de Honduras les ministró por medio de su humildad, su fe y su esperanza. Además, les impresionó el amor que mostraban los médicos hondureños, los Oficiales directivos y los soldados de los Cuerpos de San Pedro Sula y Tegucigalpa, en su trabajo.

Al meditar en lo ocurrido, muchos expresaron su deseo de transmitir estas lecciones valerosas a sus familiares, al igual que su anhelo de implementar y comunicar sus experiencias con todos en su trabajo. Aquellos que buscaban impartir la bendición se convirtieron en los receptores de la bendición y la gracia por parte de aquellos estimados como los más insignificantes, los últimos y los perdidos.

escrito por: Mayor Ismael Correa

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