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Vasos escogidos

“Aunque el cáncer sea el diagnóstico, tengo a Cristo en mi vida y eso es más fuerte.” —Norma Patrick

El jarrón contenía 13 rosas rosadas, cada una con un versículo de la Biblia unido por una cinta. Eran para una amiga que estaba a punto de hacerse una segunda mastectomía por el cáncer de mama que reapareció nueve años después del primer diagnóstico.

El regalo fue un gesto reflexivo y amoroso. También resultó ser simbólico. El camino que espera a su receptora, la Mayora Kim, se llenaría de espinas y necesitaría su fe pero, al final, también encontraría un florecimiento.

“Espero que aquellos que atraviesan el dolor físico capten algo muy especial”, dijo Kim en una entrevista telefónica, agregando que no da testimonios sobre su experiencia a menos que se le pregunte. “Es una jornada muy espiritual que Dios te proporciona para entender quién eres y tu relación con Dios y Su plan. Quiero que esta experiencia sea una recompensa para ellos y para los demás y, en última instancia, para que tengan una relación más estrecha con Dios”. Los sentimientos de Kim fueron compartidos durante entrevistas telefónicas de otros tres oficiales del Ejército de Salvación que están luchando contra el cáncer: la Mayora Faith Miller, el Mayor Brian Glasco y la Mayora Norma Patrick. Para los cuatro, el cáncer fue más que una prueba que tuvieron que pasar. Fue y es un acontecimiento que cambió sus vidas, les dio una fe más profunda y una oportunidad para ayudar a otras personas que lidian con la enfermedad.

La noticia

Para Miller, la gracia llegó inmediatamente, a pesar de —o debido a— la inquietante llamada telefónica que la precedió. Era el año 2016 y ella era coordinadora del condado y Oficiala directiva del Centro del Ejército de Salvación para alabanza y servicio en Oil City, Pensilvania. Aunque sólo tenía 47 años, había estado sintiendo fatiga e hinchazón extrema en su abdomen, pero las pruebas iniciales no pudieron detectar el cáncer de ovario en etapa cuatro que estaba creciendo en su cuerpo.

Varias horas después de más pruebas que incluyeron exploraciones con escáner y una ecografía, estuvo sola en casa, tras haber dejado el trabajo para tomar una siesta a la hora del almuerzo. El teléfono sonó. Cuando Miller contestó, oyó a una enfermera en el otro extremo sollozando. La enfermera preguntó si alguien estaba con ella. Miller sabía que las noticias eran malas.

A través de las lágrimas la enfermera le dijo a Miller que era probable que tuviera cáncer de ovario y que se había esparcido a su abdomen. Necesitaría ver a un oncólogo al día siguiente. Así que hicieron la cita.

“Tan pronto colgué el teléfono, sentí que la presencia del Espíritu Santo vino sobre mí y me hizo saber que todo estaría bien”, dijo Miller. “Ahí es donde comienza mi historia”.

La historia de Glasco comenzó hace casi dos años cuando sintió un dolor de espalda “insoportable” y fue a la sala de emergencias del hospital después de salir de la iglesia. Las exploraciones con escáner encontraron manchas en diferentes partes de su cuerpo, dejándolo “un poco preocupado”. Glasco, Oficial directivo en el Cuerpo del este de Cleveland, fue a una segunda exploración en la Clínica de Cleveland.

Esperó de mayo a octubre para obtener el diagnóstico de que tenía una forma de cáncer de rápido crecimiento en su hígado, el cual se había extendido a una zona de su pulmón.

“Fue muy impresionante”, dijo. Con lágrimas, le dijo a su esposa: “Esto se ve muy mal”.

Entonces, aprovechando esa fe a la que había dedicado su vida, dijo: “Está bien, Señor, lo que quieras para mí, está en tus manos. Fue aterrador, pero en realidad fue un factor de confianza. En momentos como ese no hay nadie más a quien recurrir que a Dios”.

Eso no quiere decir que su fe no se haya estremecido un poco al principio.

“No reconocer eso sería ingenuo y nada útil para otras personas que están luchando”.

Patrick, Oficiala directiva en el Cuerpo del Ejército de Salvación del Condado de Belmont en Bellaire, Ohio, ha llegado a tener una confianza similar, de la cual ha requerido, ya que ha tenido 21 operaciones en menos de nueve años para tratar el cáncer de mama, vejiga y posible cáncer de ovario.

“Estoy tratando de ser fuerte y mantenerme optimista. Es agotador”.

Pero ella conoce su fuerza.

“Aunque el cáncer sea el diagnóstico, tengo a Cristo en mi vida y eso es más fuerte”.

Aún estaba aferrándose a esa fuerza a finales del otoño, cuando una cicatriz de 18 pulgadas de la cirugía practicada en verano se negó a sanar.

“Me cortaron desde la columna vertebral y por todo el pecho. Ese es el camino”.

Aun cuando estos Oficiales fueron los que pasaron por dolor físico intenso, numerosas operaciones y el consumo de enormes dosis de medicamentos y rondas de quimioterapia, no eran los únicos que luchaban contra la enfermedad.

Efecto en la familia

“El cáncer se convierte en un problema familiar, no sólo del individuo”, dijo Patrick, explicando que su hija tenía 14 años cuando su madre fue diagnosticada por primera vez con cáncer. Ver por lo que Patrick pasó la afectó profundamente. Tenía 25 años y asistía al Colegio de Entrenamiento para Oficiales cuando se enteró de que el cáncer de Patrick había regresado “Ella no pudo terminar. Se enteró. Yo no quería que ella lo supiera”.

Kim, secretaria del Departamento de Misión y Cultura del Cuartel Territorial del Este de EE. UU. (THQ), también trató de proteger a sus hijos cuando su cáncer regresó en 2011. Durante su primera lucha, cuando tenía 34 años, su hijo tenía 9 años y su hija 7.

“No sabían lo que estaba pasando. Fue traumático para ellos. Pensaron que iba a morir”.

En realidad, fue su hijo el que notó por primera vez el bulto en su pecho.

“Él se descompuso con lamentos y llantos. No esperaba eso de un niño de 9 años”.

La segunda vez era otoño y su hija era estudiante de primer año en la universidad y su hijo cursaba segundo año. Sin querer poner un freno a la nueva vida universitaria de su hija, Kim esperó hasta su primera visita al campus para darle la noticia.

“Quería que su vivencia universitaria estuviera libre de preocupaciones hogareñas, de modo que ella tuviera una experiencia hermosa en la universidad y contara con todo mi apoyo. Quería ser optimista y feliz, estar a disposición de ella. Y ahí estaba, eso iba a tener que ser conmigo. Realmente lo detestaba”.

Después de unas horas de buenos momentos juntos, llevó a su hija a una cafetería y le dio la noticia. A su hija se le aguaron los ojos. En lugar de permanecer en el campus, decidió quedarse todo el fin de semana con sus padres en su alojamiento.

“Creo que ella sabía lo que yo necesitaba. Estar ella allí fue un consuelo.

Luego se lo dijo a su hijo por teléfono. Su reacción fue mucho más tranquila que la que tuvo cuando niño.

Pasar tanto tiempo enferma mientras sus hijos estaban pequeños fue difícil, dijo Kim.

“Se necesitaron unos años sin estar plenamente con ellos. Eso, realmente, me rompió el corazón”.

Ella aplazó la segunda mastectomía hasta después de las vacaciones de Acción de Gracias, de modo que la familia pudiera disfrutar plenamente de las vacaciones.

Glasco también pensó en sus hijos cuando se enteró de que su tratamiento de quimio no funcionaba. Por eso le preguntó a su médico: “¿Le parece que es hora de pasar más tiempo con mis hijos y poner mis asuntos en orden?”.

Por dicha, el médico dijo “no” y lo trasladó a inmunoterapia, con la cual vio una mejoría en la lucha contra el cáncer en sus pulmones. Su efecto en el hígado es incierto. Reanudó la inmunoterapia a principios de noviembre, después que una exploración mostró que el cáncer comenzaba a reaparecer tras un período de estabilidad.

Miller, actualmente secretaria asistente de educación del Cuartel Territorial, no tiene hijos. Los miembros de la familia afectados por su cáncer fueron sus padres, soldados del Ejército de Salvación en Lexington, Kentucky. Cuando se enteraron de que su única hija estaba enferma, dejaron su casa y se mudaron con ella a Oil City, para cuidarla durante cinco meses.

En el camino

Aun en tratamiento porque el cáncer de ovario no tiene cura, Miller comenzó su 24va ronda de quimioterapia el 1 de noviembre en el famoso hospital oncológico de Nueva York, Memorial Sloan Kettering. Ella habla de su “camino” porque quiere que las personas “sean conscientes de la gracia y la misericordia del amor de Jesucristo trabajando en mi vida y que también puede obrar en la de ellos. Estoy viva y bien, y sigo trabajando. Dios también puede hacer milagros en sus vidas”.

Ella sabe que incluso con una fe fuerte, el desánimo es un problema. Un día, cuando el dolor era demasiado intenso y “Satanás estaba tratando de meterse en la cabeza y en mi mente”, le pidió a su madre que se acostara a su lado en la cama y la tomara de la mano, entonces le preguntó si iba a morir. Su madre, “que siempre supo decir las palabras indicadas”, le dijo que algún día todos lo haremos y luego citó su pasaje favorito de las Escrituras en el que Jesús dice a Sus discípulos que va a preparar un lugar para ellos.

“Me recordó que tal vez no sea hoy, pero cuando el Señor planea llevarte a casa, debes estar lista”.

Miller aconseja a la gente que “nunca abandone la esperanza en el Señor”. Se aferra a pasajes de las Escrituras en los que Dios nos asegura que hay un propósito para nuestra vida.

“Dios no me ha dejado pasar por todo esto mientras Satanás tiene en mente destruirme. Dios tiene un propósito y un plan mayor”.

Ella piensa en Pablo y cómo su tiempo en la cárcel fue una oportunidad para testificar a los guardias y, a través de ellos, a sus familias.

“No habría pedido el cáncer. No le desearía eso a nadie, pero Dios me ha elegido para tenerlo”.

Debido a que tiene tratamiento semanal en el hospital, se le hace posible hablar de su fe a los médicos y a las enfermeras; además, les ofrece aliento a otros pacientes.

“He estado en lugares donde nunca habría estado sin el cáncer. Esto me ha abierto una puerta para compartir con ellos el amor de Cristo”.

“Puedo decir sinceramente que estoy agradecida por este camino con cáncer. Al principio tuve que entender la realidad, pero ahora puedo estar gozosa en el camino por las maneras en que Dios está usando mi historia y mi situación”.

Patrick también ve a Dios usando su experiencia. Cuando una mujer de 77 años de su iglesia fue diagnosticada con cáncer, Patrick fue con ella al hospital.

“Le mostré mucha fuerza para su camino. Ella dijo: “Puedo ver por cuántas cosas has pasado. Has sido una inspiración para nosotros”. Dios me tiene en el lugar correcto y en el momento adecuado. Dios aún no ha terminado conmigo”.

Un regalo único

Kim tuvo una manera distinguida de testificar. Ella escribió sobre el poder curativo de su jarrón de rosas para la revista Priority. Cada día, después de su operación, sacaba una rosa y dejaba que el versículo de la Biblia llenara su alma. La 13va rosa fue para la noche antes de la cirugía.

“Fueron las divinas palabras de seguridad y promesa las que realmente me ayudaron. Las tomaba como Su promesa para ese día”. Cada rosa también contenía una nota de aliento manuscrita de Pamela Maynor, la persona que me dio el ramo. Queriendo ofrecer un regalo a cambio, “para hacerle saber lo que eso significaba para mí”, Kim guardó un diario y lo convirtió en un libro para ella. Resultó ser un “gran regalo para mí al mismo tiempo”.

“Quería que esto tuviera un significado, no sólo estar sentada en casa. Cuando tienes estas cirugías, puedes volverte pasiva acostada en un sofá”.

Kim ha guardado los versículos bíblicos y las notas en el mismo jarrón. Intentó secar las rosas, pero no duraron.

“Siempre irá conmigo como un recordatorio de la sanidad de Dios a mi vida. Mi trabajo no ha terminado. Es un recordatorio constante de que Dios puede usarme”.

Retta Blaney es una periodista galardonada ocho veces y autora de “Working on the Inside: The Spiritual Life Through the Eyes of Actors, que ha sido entrevistada por Kristin Chenoweth, Edward Herrmann, Liam Neeson, Phylicia Rashad, Vanessa Williams y muchos otros.

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