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Una nueva oportunidad para vivir

“Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos.” —Juan 15:13

Mike Riemer y la Tenienta Kate Esker

Mike Riemer y la Tenienta Kate Esker

Mike Riemer se emociona al recordar las vidas que ayudó a salvar durante sus 30 años de servicio en el Departamento de Policía de Mt. Lebanon, en las cercanías de Pittsburgh, Pennsylvania.

Riemer, 55, se retiró hace cinco años y pasó a ser director de los Servicios de Emergencia y Desastre (o EDS, por sus siglas en inglés) del Ejército de Salvación en la Ciudad del Acero, pero él siempre supo que estaba viviendo prestado, dado el historial de enfermedades al riñón que aquejaba a su familia.

La primavera pasada, cuando sus riñones le fallaron, fue Riemer esta vez quien se vio necesitado de alguien que le salvara la vida. La Tenienta Kate Esker, una oficiala del Ejército de Salvación, dio un paso adelante y ofreció donar uno de sus riñones.

“Cada noche y cada mañana le doy gracias a Dios por el regalo que he recibido”, dice Riemer. Hoy luce saludable y rebosante de energía.

Riemer, que se describe a sí mismo como una persona muy particular, anunció en febrero pasado que sufría de la enfermedad poliquística renal, en la que varios quistes crecen alrededor y dentro del riñón hasta que le impiden funcionar. Cuando tenía 20 y tantos años, los doctores le dijeron que su familia tenía un historial médico poco esperanzador.

EL PLAN PERFECTO DE DIOS

“Con la mía ya van cuatro generaciones en nuestra familia que padecen esta enfermedad”, dice Riemer. “Tres de nuestros parientes han muerto a causa de ella”.

Hacia fines de 2014, los doctores le dijeron que al cabo de un año más o menos debía someterse a un trasplante de riñón, aunque en verdad le convenía realizar esa operación lo antes posible.

“La función de mi riñón se deterioraba día a día con gran rapidez”, cuenta Riemer.

Hacia el mes de mayo, los riñones de Riemer habían dejado de funcionar por completo y debió someterse a sesiones de diálisis. En ese momento se contemplaba un tiempo de espera de cinco años para recibir un riñón sano, por lo que los doctores lo instaron a celebrar una cena para crear conciencia acerca de su caso en la comunidad. Se sintió muy sorprendido cuando hasta 17 personas se presentaron, ofreciendo su ayuda, y entre esas personas estaba Esker.

Esker, de 29, creció en el Cuerpo Pionero de Filadelfia y dio testimonio de un espíritu generoso que la movió a convertirse en oficiala del Ejército de Salvación, y en donante de órganos.

“Para mí, donar un riñón es simplemente otra manera de dar de mí a los demás”, comenta.

un largo camino

Hace cinco años, Esker conoció a Riemer. Cuando escuchó hablar de su enfermedad, fue a su casa y le dijo a su esposo que quería hacerse los exámenes médicos para ver si su riñón era compatible con el de Riemer. Ella y su marido, el Teniente John Esker, oraron por un par de semanas antes de que ella se acercara a Riemer y le preguntara: “¿Por dónde tengo que empezar?”

“Yo siempre digo: ‘Si puedo ayudar de alguna manera, como cristiana, debo hacerlo'”, explica Esker.

Ella se sometió a exámenes exhaustivos, incluyendo 18 ampolletas de sangre. Los resultados arrojaron que era compatible.

“Los exámenes me tomaron unos tres meses”, cuenta.

Antes de la cirugía, Riemer regresaba a casa luego de la sesión de diálisis y se sentaba en su terraza a reflexionar y a orar.

“Una sensación de paz se apoderó por completo de mí”, recuerda. “Fue increíble. Sigo tratando de entenderlo, pero creo que es la manera en que Dios te dice que las cosas van a estar bien, sea cual sea el resultado. Durante ese período, mi vida de oración fue asombrosa”.

LA PALABRA DE DIOS VIVE

El 9 de junio, el día de la cirugía, hubo una sesión de oración a las 5 a.m. en la capilla del Hospital General de Allegheny. Entre los presentes estaban los Comisionados Eva D. e Israel L. Gaither, antaño líderes nacionales del Ejército de Salvación.

Esker y Riemer dicen que ambos se aferraron a Filipenses 4:13 para fortalecerse espiritualmente, pero Kate se sintió atraída en particular a Juan 15:13, versículo que cita cuando ella y Riemer hablan en la comunidad acerca de la necesidad de ser más conscientes en cuanto a la donación de órganos.

AnotherChanceatLife_ins“Ese versículo ha acompañado mis pensamientos a lo largo de todo este proceso”, comenta.

Juan 14:6 también ha sido un sustento para Riemer en todo el tiempo que reflexionó sobre la idea de dar su vida a Cristo.

“La verdad es que no estaba seguro si iba a sobrevivir o no”, recuerda. “Pero me sentía fortalecido en el Espíritu por el hecho de saber que, de uno u otro modo, yo iba a estar bien”.

Esker ingresó al quirófano primero y salió de él sin complicaciones. Fue entonces que el doctor de Riemer fue a su cuarto a decirle que ahora le tocaba a él.

MEJOR QUE NUNCA

“Me sentía bastante nervioso”, recuerda Riemer. “Antes de ingresar al quirófano, le dije al cirujano: ‘Oré por ti’. El doctor se detuvo, se inclinó y me tocó el hombro con una mano mientras con la otra sacaba de debajo de su camisa un crucifijo. ‘Esto me acompaña en cada operación. Vas a estar bien’, me dijo. El sentimiento que me sobrecogió en ese momento fue impresionante.

“Estaba totalmente relajado. Iba a estar en buenas manos: las del Señor y las de este cirujano”.

Al día siguiente, Riemer ya estaba de pie y caminando por los pasillos del hospital y, si bien tuvo una reacción adversa a los medicamentos antireactivos, hoy le dice a la gente: “Ahora tengo una vida increíble. Me siento como Superman”.

Riemer ha perdido 8 kilos y recientemente nadó 22 vueltas en una piscina. Cada semana, trata de andar en bicicleta entre 12 y 20 kilómetros.

“No me siento bien: me siento extraordinariamente bien”, expresa Riemer. “Ahora me siento literalmente 25 años más joven. Disfruto de la vida y estoy tratando de averiguar qué es lo que Dios me tiene deparado para el porvenir”.

AVIVAMIENTO ESPIRITUAL

Esker, que permaneció en el hospital un total de cinco días, está completamente sana.

“No existe realmente límite para mí”, dice Esker, que lleva adherida a su camisa una chapita que dice: “Dona un órgano”, como manera de promover la donación de órganos.

Riemer llama al 9 de junio “mi segundo cumpleaños”. Su vida espiritual también ha renacido.

“Para mí, ha sido el tiempo más espiritualmente enriquecedor de toda mi vida”, afirma. “En términos espirituales he crecido a una tasa exponencial”.

Riemer indica que ha considerado ingresar al ministerio, pero también le gusta su actual trabajo como director de EDS y está haciendo un aporte real que desearía llevar adelante (ver la barra lateral). Él también es miembro de la junta escolar de su localidad.

“Estoy tratando de enfocar mi mente en mi propósito en la vida”, dice. “Es un hecho que seguir ayudando a la gente ejerce un profundo efecto espiritual tanto en mí como en mi familia”.

LA ASOMBROSA CREACIÓN DE DIOS

Al igual que Riemer, la experiencia ha profundizado la vida espiritual de Esker y le ha aportado nuevas intuiciones y sabiduría.

“Para mí, en términos espirituales, pienso que es sorprendente lo detallista que es nuestro Dios”, reflexiona. “Podemos sobrevivir con menos del cien por ciento de un riñón. Saber que tengo dos y que ayudé a salvarle la vida a alguien con uno de ellos, y seguir estando completamente saludable, es algo que me parece fascinante.

“La creación no es sólo lo que vemos a nuestro alrededor, es lo que también vemos dentro de nosotros, tanto en lo físico como en lo espiritual. En ese aspecto es en el que he crecido. Yo doné mi riñón porque Dios me creó para que sea de esta manera y se me presentó la posibilidad de hacerlo”.

A Riemer le gusta usar la palabra griega kairós (momento oportuno) a la hora de discutir los tiempos de Dios. Riemer notó que su capacidad laboral era cada vez menor y deseaba dejar el departamento de policía pero, luego de una reflexión bien meditada, consideró que le convenía seguir trabajando para mejorar su venidera pensión.

MIRAR CON NUEVOS OJOS

En lugar de hacer esto último, Riemer solicitó el puesto de EDS que ofrecía el Ejército de Salvación, una movida que le salvó la vida. Él también se da cuenta de que el Ejército suele trasladar a los oficiales a otros destinos y Esker pudo perfectamente haber sido redestinada, pero ella se había quedado.

“Todo salió de la mejor manera. Vale decir, según los tiempos de Dios y según el kairós”, comenta Riemer. “Yo también consideré otros trabajos antes de venir aquí. Incluso habría ganado bastante más dinero, pero no tendría el riñón que tengo hoy.

“No hay mayor regalo que salvarle la vida a alguien. En el departamento de policía, he hecho eso varias veces. Hay personas que hoy están vivas porque Dios me colocó en el lugar exacto en el momento exacto. Dios realmente ha estado vivo y obrando en mi vida de muy diversas maneras. Recuerdo el camino recorrido y se ve todo tan claro. Sencillamente me asombra”.

por Robert Mitchell

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