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Una mujer inexperta

ColFrankPaytonEnviada Angélica González

La larga oración emocional parecía que nunca terminaría. En verdad nunca se terminó voluntariamente, pues la persona que estaba dirigiendo la reunión comenzó cantando un coro y la congregación se le unió. Así sucedía cada año en la vigilia de oración de toda la noche durante el congreso anual del Territorio Este de Sudamérica con sede en Buenos Aires, Argentina. Eso es todo lo que sabía de la Enviada González. En verdad, en la primera ocasión todavía yo no hablaba ni entendía el idioma. Su historia es otra de las muchas ilustraciones de cómo Dios utiliza a una persona con poca preparación para hacer un gran ministerio.

Angélica nació y se crió en la ciudad norteña de Resistencia, Chaco, Argentina. Muy probablemente hubiera pasado toda su vida allí pero las circunstancias la llevaron  a la capital de Buenos Aires; aclaro que estoy saltando unos detalles importantes. Se casó y tuvo tres hijos, un varón y dos chicas. El esposo la abandonó, por lo que tuvo que criar a sus hijos ella sola. Estos fueron estudiosos y llegó a tener tiempos felices cuando pudo disfrutar las atenciones de ellos.  Sin embargo, la hija mayor murió, haciendo que Angélica cayera en una depresión que no pudo superar. A raíz de eso, Angélica llegó a Buenos Aires para un tratamiento médico, que no le ayudó con su problema de salud.

Un día pasando por la Plaza Miserere vio a unos salvacionistas dirigiendo una reunión al aire libre y paró para escuchar. Eso fue la semilla que, con el tiempo, trajo  la salvación
a su alma. Fue salvacionista y  miembro  activo en el Cuerpo Central de la ciudad. Llegó el momento cuando tuvo que considerar que debía regresar a su ciudad natal y temía echar de menos el compañerismo de los salvacionistas.
El Oficial Directivo, el Capitán Carlos Bembhy, le recomendó llevar el mensaje de salvación a su ciudad diciendo: “Vaya hermana, de vuelta a su hogar, y no olvide su responsabilidad para con nuestro Señor”. Ella tenía gran deseo de hacerlo pero se sentía angustiada porque que no sabía predicar. El Oficial le facilitó las lecciones de la Escuela Dominical diciéndole que las estudiara y que las presentara a su grupo semana tras semana.

El fruto de su testimonio y su amor demostrado por medio de la visitación y el  cuidado a los niños y adultos solitarios en el hospital,  pronto le dio un hermoso grupo de creyentes y así  estableció una Avanzada en esa ciudad. Posteriormente, fueron nombrados unos Oficiales a la ciudad de Resistencia y en el día de hoy existe un Cuerpo salvacionista y  una Avanzada en los suburbios. Cuando se inauguró el Cuerpo de Resistencia, la foto de la Enviada González apareció en primera plana del periódico principal. Debajo de la foto aparece la declaración: “La figura de la semana”.

En una ocasión, en una actividad en el Cuerpo, estuvieron presentes el Intendente (alcalde) y el Secretario Social. Se les preguntó la razón de su asistencia y respondieron: “¿Podríamos hacer menos para expresar nuestra admiración a la labor de amor que esta mujer lleva a cabo en los hospitales de la ciudad?”  En la celebración del centenario de la ciudad, ella fue invitada para estar presente.

Durante nuestra segunda estadía en la Argentina tuve el privilegio de visitar el Cuerpo de Resistencia y ver los resultados del testimonio de ella. No pude menos que pensar en las oraciones largas y emocionales que escuchaba años atrás cuando ni entendía lo que estaba diciendo. Seguramente su éxito yacía en el hecho de que ella era una mujer de oración.

Posdata

Pocas semanas antes de nuestra jubilación y de nuestro regreso a los Estados Unidos, tuve la oportunidad de visitar Resistencia para ver algo del trabajo especial que los Oficiales, los Tenientes Miguel y Graciela Ferreira, estaban haciendo en relación a una gran inundación en la zona. De hecho, el agua cubrió una gran parte del  litoral de la Argentina y hubo otros Oficiales trabajando en otros lugares. El ejército argentino supo de nuestro trabajo y cuando regresé a Buenos Aires me llamó el General invitándome a participar de la celebración del Día del Ejército Argentino que se iba a efectuar en un campo militar precisamente en Resistencia. En el día de la actividad llegó un coche militar a mi domicilio para llevarme al aeropuerto para viajar con el vicepresidente y otros dignatarios a Resistencia a fin de recibir un reconocimiento a la obra nuestra en favor de los damnificados. Al pensar que el comienzo humilde de la obra —por parte de una mujer inexperta— abrió la puerta del ministerio espiritual del Ejército de Salvación

llegó a ser tan importante, uno se da cuenta que no imagina lo que Dios puede hacer con una persona dedicada a esparcir el mensaje de amor y salvación.

Fuente:

La revista El Oficial (Enero a marzo, 1991).

por Coronel Frank Payton

 

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