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Seis días en Honduras

Una misión médica

DOMINGO
Capitanes Ángelo y Virginia Bermeo

Ángelo Bermeo: Cuando llegamos a San Pedro Sula, Honduras, se me llenó el corazón de esperanza por lo que podríamos hacer por aquella gente. Me empeñé en bendecir sus vidas.

Virginia Bermeo: Cristo nos llama a viajar a las regiones más remotas del planeta a predicar el Evangelio. Es la única esperanza para la humanidad.

ÁB: Una de las muchas bendiciones que pude vivir fue ver lo receptiva que la gente es al Evangelio.

VB: En un país como Estados Unidos, donde hay de todo en abundancia, la gente se olvida de que Dios los ha bendecido. En lugares como Honduras, la gente sabe que es sólo por la gracia de Dios que logran sobrevivir. Eso los hace más sensibles al Evangelio y más receptivos a la paz y la esperanza que se encuentran sólo en Cristo.

ÁB: Tuve la oportunidad de impartir un seminario de evangelismo a los jóvenes del Cuerpo del Ejército de Salvación en Honduras. En ese seminario les hice una demostración del ‘ministerio con globos’ a los soldados y oficiales. Y el domingo se lo presenté a los niños y a las familias que estaban esperando recibir atención médica. Uno de los soldados, una joven llamada Elizabeth Madrid, se mostró tan interesada en las esculturas de globos que se tomó el tiempo para aprender y perfeccionar la técnica que les enseñamos. No tengo palabras para describir la satisfacción que sentí por haber hecho una “discípula”.

VB: A nuestro regreso, nos sentimos muy felices al enterarnos de que los jóvenes ya habían organizado y emprendido una actividad de servicio social del Ejército en un orfanato. Elizabeth pudo enseñar a los niños a hacer esculturas con globos y le dio un globo a cada uno de ellos.

ÁB: Gracias a esa increíble experiencia, aprendí que Dios se hace presente cada vez que su gente se muestra dispuesta a servir al prójimo sin discriminación. Me alegra poder hacer aunque sea una pequeña diferencia en las vidas de la gente de aquí, y en mis oraciones le pido al Señor que podamos seguir haciendo esto en los años venideros.

VB: Yo les recomendaría a todas las personas que dicen ser seguidores de Cristo que participen en un viaje misionero como este. Regresarán fortalecidos y se sentirán movidos a renovar su compromiso para con el pueblo de Dios.

ÁB: Me impresionaron los jóvenes del Cuerpo de San Pedro Sula. Eran muy maduros y estaban llenos del amor de Cristo. ¡Qué bendición son esos muchachos!

VB: Ver cómo los jóvenes llevan el ministerio del Ejército a otros jóvenes es una experiencia tremendamente poderosa. El grupo juvenil estaba ansioso de ponerse a trabajar para el Señor y asimiló rápidamente las herramientas evangelísticas que les presentamos.

ÁB: Fue un privilegio trabajar con el increíble equipo médico; los doctores, enfermeras y oficiales, todos vinieron a Honduras movidos por el deseo de servir. Su dedicación, sacrificio y compromiso por ayudar a los más necesitados es algo que no tiene precio.

VB: Las participantes cuidaban y a su vez eran cuidados por los demás, y me parece que todos fueron transformados por esa experiencia. Este viaje a Honduras sirvió de catalizador para el avivamiento del espíritu misionero.

 

LUNES
Capitan Santa Correa

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Pediatrician Dr. Bethany Mikles and Captain Miguel Robinson check a young girl’s lungs.

ESTE FUE MI SEXTO VIAJE MISIONERO MÉDICO A HONDURAS.

El lunes, una anciana con melanoma acudió sola a vernos. Tenía una marca grande en su mejilla. Les dijo a los doctores que le había salido hacía bastante tiempo. Por cierto, en Honduras nuestros recursos médicos eran escasos comparados con lo que tenemos aquí en los Estados Unidos. Con lo que sí contábamos era con doctores muy experimentados; además de que teníamos esperanza en abundancia.

En ese momento, y en ese lugar, la mujer dejó que los galenos le extirparan el melanoma de su mejilla. Usando anestesia local, pusieron manos a la obra.

Yo le describí a ella en español lo que ellos estaban haciendo. Mientras la anestesia hacía su efecto, le sostuve la mano, le ofrecí apoyo moral y la alenté a contarme acerca de ella y de su familia. Para proveer a los doctores la iluminación que requerían para el procedimiento, los integrantes del equipo usaron las linternas de sus teléfonos inteligentes.

Los médicos extirparon de su mejilla un trozo de piel en forma de balón de fútbol americano y con ello lograron erradicar por completo el melanoma. Le limpiaron la herida, la esterilizaron y luego la suturaron con dos puntos hechos desde el interior y luego desde el exterior en la herida.

Captain Santa Correa and a woman who has just received surgery to remove melanoma from her cheek.

Captain Santa Correa and a woman who has just received surgery to remove melanoma from her cheek.

Le dimos unos anteojos para leer. Y para cuidar la herida, le dimos antibióticos, gasa y vendas.

Se sintió muy agradecida por esa intervención. Y se asombró porque la cirugía se hizo completamente gratis. Antes de acudir a nosotros, estaba segura de que se iba a morir por ese melanoma. Mostró mucha valentía.

Los doctores de la Fundación Raymond y los salvacionistas van a Honduras con la intención de convertirse en las manos y los pies del Señor, lo cual logran con éxito. Es asombroso constatar lo que son capaces de hacer con recursos tan limitados.

Piensen en algo tan sencillo como un parche o una curita. En los Estados Unidos, se puede comprar un paquete de 60 parches con muy poco dinero. En Honduras, un solo parche nuevo es demasiado caro para dárselo a los pacientes, incluso después de que han recibido sus inyecciones médicas.

De la Escuela para Entrenamiento de Oficiales pudimos enviar a Honduras 5 maletas llenas de suministros médicos. Hay muchísimas maneras de contribuir, incluso si uno no puede costearle a alguien el viaje a ese país.

El regreso a los Estados Unidos me enseñó a ser más humilde. El haber emprendido el viaje misionero me ha hecho ser una persona mucho más agradecida por todo aquello que tiendo a dar por sentado, como tener una cama en la cual dormir y una casa en la que vivir. Me aseguro de que mi familia sienta esa misma gratitud por las cosas que tienen. Es una bendición tener todo lo que tenemos.

 

MARTES
Capitán Miguel Robinson

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Honduran residents wait on line to see the doctors.

UN MIEMBRO DE LA CONGREGACIÓN ME DIJO: “Pastor, ¿va usted al país con el índice de violencia más alto del mundo?” A lo que respondí: “Así es, pero yo sé en quién confió y quién va conmigo”.

No importa lo difícil que sea la situación. Si vamos a servir al Señor.

Cuando llegué, vi la diferencia. Por cada sector del país en el que impera la violencia, hay otro que es muy precioso por lo que la gente tiene en su corazón.

El pueblo hizo un gran esfuerzo por ayudar a la mayor cantidad de gente posible. Los servicios de taxi se brindaron para llevar los pacientes a los médicos. La policía nos protegió de las gangas que vivían cerca de donde estábamos. Hasta el alcalde acudió a hablar con nosotros. Todos sabían a qué vinimos.

Una niña acudió a nosotros el martes para que la ayudáramos con un caso de piojos.  Su hermana menor tenía lombrices en el estómago. Cuando terminamos de ayudarla, me dijo: “¿Les puedo dar un abrazo a usted y a la doctora, por lo que han hecho por nosotros?”

Dermatologist Dr. Alok Vij from Cleveland, Ohio, examines a man for head lice.

Dermatologist Dr. Alok Vij from Cleveland, Ohio, examines a man for head lice.

Nos dio un abrazo lleno de amor y de gratitud. Aunque sabía lo que tenía, no pensé en eso y la abracé. Era un sentimiento muy puro y genuino. Fue inolvidable.

Ella me dijo que había recibido tratamiento con otros médicos que van a Honduras ocasionalmente, pero que esta vez sintió que el amor que los doctores y los miembros del Ejército de Salvación muestran con los pacientes es más fuerte.

Yo le diría a cualquiera que, si tiene la oportunidad de ir a Honduras a ayudar, que lo haga. Visitar Honduras es una experiencia que te impresionará para siempre, ese viaje te transformará.

Aprendes a expresar el amor de Dios de una manera mejor.

Aquí, en nuestro edificio, nos quejamos si el aire o la calefacción no trabajan. Si el minivan se accidenta hoy, no vamos a la iglesia.  En Honduras carecen de todo, sin embargo lo tienen todo, porque tienen el amor de Dios.

Aquí, en nuestro país, necesitamos cosas para alabar a Dios. En Honduras, la gente solo necesita a Dios para alabarlo.

 

These shoes belonged to a Honduran man suffering from a foot ulcer. After doctors treated him, a medical student from the brigade (below) gave his own shoes to the man.

These shoes belonged to a Honduran man suffering from a foot ulcer. After doctors treated him, a medical student from the brigade (below) gave his own shoes to the man.

MIERCOLES
Capitán Omar Rolón

EN EL CUERPO DEL TABERNÁCULO DE FILADELFIA HAY DOS SOLDADAS HONDUREÑAS. Ellas me contaron que su país es peligroso y que también hay mucha necesidad. En lo particular, no vi mucho peligro, aunque la necesidad se refleja en muchas personas.

Cada día había gente esperándonos. Estaban pendientes ya que era una gran oportunidad para recibir ayuda. Para nosotros la gran oportunidad era servir a aquella gente.

El miércoles fuimos a un orfanato. Ese día, una señora se me acercó y me enseñó una cicatriz en el estómago. Me informó que hacía un mes asesinaron a su esposo en San Pedro Sula y que a ella también le dispararon. Así que huyó hacia el pueblo de San Rafael. Ahora no tenía trabajo, por lo que cocinaba y vendía arepas para sobrevivir.

Uno tiene que pasar por una experiencia como esa para percatarse de que hay gente que está en situaciones peores. Después de mi viaje a Honduras, me percaté de que lo que hacemos en cada uno de nuestros ministerios es solo una pequeña parte de la gran necesidad que el mundo tiene. — Capitán Omar Rolón
Yo no andaba con dinero pero, ese preciso día puse 6 o 7 dólares en mi bolsillo. Cuando esa señora me contó lo que le había pasado, le di todo el dinero que cargaba. Ella me dijo que no había comido en tres días; con ese dinero, ella y sus niños, iban a poder comer al menos dos o tres semanas.

Cuando fuimos a la montaña, la situación era más difícil aún. Uno no encuentra agua limpia, un baño que funcione, ni siquiera privacidad para usar el baño.

Honduras_ins5Vimos a una chica que había caminado cinco horas para ver a los doctores. Tenía un cáncer en la cara que le estaba carcomiendo los huesos. Su pelo estaba cambiando de color. Tenía canas y manchas blancas en la cabeza. Cuando los dermatólogos la examinaron, se quedaron impresionados. Uno de ellos me dijo que solo habían leído acerca de ese tipo de cáncer óseo en revistas y periódicos especializados. Algunos hasta pensaban que ese tipo de cáncer no existía. El cáncer estaba muy avanzado. Los dermatólogos lloraron cuando se percataron de que no podían hacer nada para tratar a la chica.

Uno tiene que pasar por una experiencia como esa para percatarse de que hay gente que está en situaciones peores. Después de mi viaje a Honduras, me percaté de que lo que hacemos en cada uno de nuestros ministerios es solo una pequeña parte de la gran necesidad que el mundo tiene.

Y ¡nos quejamos tanto! Que no tenemos un carro, un edificio, un escritorio para trabajar. El oficial directivo del Ejército de Salvación de Honduras trabaja con casi nada, sin embargo aquí le ponemos muchos ‘peros’ al Señor.

Llegué a Honduras como oficial, pero regresé como alguien diferente.

 

JUEVES
Mayora Hilda Santiago

DESDE LA PRIMERA VEZ QUE FUÍ A HONDURAS, todos me preguntaban a qué iba a ese país, empezando por el médico que me puso las vacunas preventivas. A este, en particular, le dije que iba a prestar servicio misionero y que, como yo también soy enfermera, puedo ayudar un poco más. Él me contestó que Honduras era uno de los lugares más peligrosos del mundo. A lo que respondí que “Dios va con nosotros”.

Cuando le informé a mi esposo, que también viajaba conmigo, lo que el doctor me había dicho, nos reímos. Y nos reímos mucho más cuando me dijo que su doctor le informó lo mismo.  Hasta le enseñó algunos artículos de internet que confirmaban el peligro de viajar a Honduras.

He ido a Honduras nueve veces. Mi esposo ha ido diez. La primera vez que fue, él les dijo a todos que su esposa —es decir, yo— debía estar ahí también.

A father and his son share a granola snack after visiting the Medical Brigade.

A father and his son share a granola snack after visiting the Medical Brigade.

Lo prioritario siempre es la salud. Con esta clase de ayuda el paciente se siente más cómodo, más dispuesto a hablar con sus interlocutores y más receptivo.

El servicio que prestamos puede ser algo tan sencillo como darle una bienvenida a una persona. Con solo decirle que Dios le bendiga, la gente sonríe. Abren sus ojos, sus mentes y sus corazones.

Un día, acudió al lugar donde estábamos, una señora que había dado a luz a sus siete hijos sola, en su cama, sin ayuda. Estaba embarazada de su octavo bebé y había caminado más de dos horas para vernos. Le dimos sábanas, medicinas, guantes y artículos para los bebés. Conocerla fue una experiencia muy linda.

Hasta las doctoras que la trataron lloraron cuando la mujer contó la historia de su vida. Nos dijo: “Le doy gracias a Dios porque todos mis hijos han gozado de buena salud”. Dios le dio fuerza y sabiduría; además, ha protegido a sus niños de complicaciones. Cuando acabamos de ver su estado de salud, oramos juntos.

Es muy bonito reconocer que hay un Dios protector que nos cuida.

Al día siguiente vimos a un señor que tenía una úlcera en el pie. Usaba unos zapatos viejos y rotos; parecía un indigente. Los doctores le limpiaron los pies, le untaron crema y le dieron unos calcetines para cubrirle el vendaje. Además le dimos unas zapatillas; aunque no de los que llevamos. Un estudiante médico llamado Michael Winters, que viajaba con nosotros, se quitó sus propias zapatillas y se las dio al hombre. Este estaba muy contento y agradecido.

Si uno va a un lugar como Honduras con temor seguramente ha de reflejar ese miedo a la gente que trata de ayudar. Además, no podrá dar el cien por ciento. Si estás nervioso e intranquilo, eso proyectarás. Pero si vas contento, con confianza y con ganas de servir, la gente verá eso y se te acercará, confiará en ti, y recibirán tu ayuda y tu amor con agrado.

Lo poquito que tiene la gente de Honduras, lo comparten con los demás. Sea con la familia, con los vecinos y hasta con los extranjeros. Tienen sus puertas abiertas. Se cuidan mutuamente. En cambio aquí —en nuestro medio—, mientras más tenemos más queremos. Eso es un daño no solo a la vida física sino a la vida espiritual.

Mientras camino en los pasos del Señor, le doy gracias a Dios por las oportunidades que me ha dado para servir con un corazón gozoso.

 

VIERNES
Mayora Marie C. Larrínaga

ESTE FUE EL PRIMER VIAJE A HONDURAS que hicimos mi esposo y yo. La Mayora Tracy Hughes —que se desempeña actualmente como Directora del Programa de Patrocinio de Niños en el Extranjero— nos asignó para liderar este proyecto. Oímos decir que esa misión médica era una estupenda oportunidad para ayudar a los necesitados, no sólo en el aspecto médico sino también en lo espiritual.

Llovió todo el viernes, nuestro último día. Dejamos nuestras dependencias antes de las 7 de la mañana y emprendimos un viaje de dos horas y media en carro, el viaje más largo de todos los que hicimos en nuestras visitas a distintos lugares. Pero los últimos 45 minutos de ese viaje los hicimos cuesta arriba, a pie y bajo la lluvia, puesto que nuestro autobús no pudo subir aquella pendiente tan alta.

Captain Santa Correa and Lieutenant Sarai Almendares ride to the top of a mountain.

Captain Santa Correa and Lieutenant Sarai Almendares ride to the top of a mountain.

Tuvimos la bendición de encontrarnos con un aldeano que tenía una camioneta. El hombre tuvo la gentileza de cargar parte de nuestro equipaje hasta lo alto de la montaña, a la escuela en la que íbamos a estar realizando nuestro trabajo. Les pedimos a los doctores que subieran en el vehículo con él para que así pudieran empezar a organizar el equipo médico. Cuando el último de nosotros al fin llegó a la escuela, la lluvia ya caía a cántaros.

Tratamos de atender a tantas personas como pudimos todo ese día. Pero al cabo de dos horas de haber comenzado nuestro trabajo, tuvimos que interrumpir la labor. La lluvia era demasiado intensa; la gente del pueblo estaba completamente empapada. Lo que hicimos fue darles tantas vitaminas, suministros y meriendas como pudimos. Repartimos todo lo que traíamos a las personas que seguían esperando en fila para que las atendiésemos.

Los padres recibieron materiales escolares para sus hijos como: lápices, reglas y crayolas.

Mientras regresábamos cuesta abajo en la camioneta, nos encontramos con una mujer que subía a pie por la montaña para consultar a un doctor por la salud de su bebé, que había estado enfermo toda la semana. El conductor subió a la mujer y a su bebé al vehículo. La llevamos a un lugar donde pudo ser atendida por doctores. Estos le dieron antibióticos para curar la neumonía del bebé, además de meriendas y ponchos para ella y su familia.

Muchos nos frustramos pues deseábamos poder haber hecho más. Aunque el tiempo con que contábamos era poco y el clima estuvo muy malo ese viernes, no dejó por eso de ser un día hermoso en lo espiritual para cada uno de nosotros. Nos sentimos muy felices porque ese día el equipo misionero visitó y atendió a la gente de una nueva comunidad.

En los Estados Unidos las personas ven al Ejército de Salvación, primero que nada, como un servicio social. Algunos nos conocen como iglesia. En Honduras, muchas personas nos han empezado a conocer, al mismo tiempo, como proveedores de servicios sociales y como iglesia.

Cuando les decimos lo que somos y lo que hacemos, nos piden Biblias. Siempre expresan su deseo de leer la Palabra de Dios. Desean saber más.

Entrevistas por Hugo Bravo

 

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