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Una guerrera para su generación

En la actualidad, Shanique Taliaferro está rebosante de alegría en el Señor. Pero hace poco tiempo, tocó fondo y buscaba desesperadamente esa alegría de Dios.

AWarriorforhergeneration_sm1Forzada a mudarse a casa de su madre, que vivía en uno de los vecindarios más desafiantes de Trenton, Nueva Jersey, Shanique caminaba casi dos kilómetros todos los días para ir a orar a la fuente del Capitolio Estatal.

“Solía pasar por el edificio del Ejército de Salvación cada vez que iba a la fuente”, afirma. “Entonces vi el letrero que decía: ‘Ejército de Salvación’ y caí en cuenta. Me dije: ‘Quizás sean el ejército del Señor’”.

En julio de 2014 en el Cuerpo Central de Trenton, Shanique tocó el timbre y una recepcionista le contestó. Ella recuerda: “Le dije que quería saber más acerca del Ejército de Salvación puesto que Dios me había llamado para que me convirtiera en una guerrera espiritual”.

Ese día, Shanique consiguió una revista War Cry [Grito de guerra]. El título le recordó un movimiento que se llamaba Ministerio Intercesor del Grito de Guerra, una campaña de oración dirigida a los miembros de su generación que ella iniciara unos años antes.

“Me llevé ese número de War Cry a casa y lo leí”, afirma. Un artículo sobre la plenitud del Espíritu Santo, escrito por el General André Cox, líder internacional del Ejército de Salvación, captó su atención. “Me puse a llorar pues todo lo que se decía en ese artículo me hablaba directamente”, recuerda.

“Sentí el espíritu de Dios”, declara. “Era una presencia sobrecogedora. Era como si me estuviese diciendo: ‘Regresa’”.

Al día siguiente, Shanique regresó al Cuerpo y solicitó ver al General Cox. En ese entonces, ella pensaba que lo que había solicitado era bastante razonable.

Pero en vez de entrevistarse con el General, la invitaron a entrar a orar.

Una guerrera de oración

“Esa experiencia tuvo en mí un impacto muy fecundo”, dice. “Empecé a venir aquí todos los días. Estaba en cierto tipo de lucha por renovar mi relación con Dios. Tratando de hacer todo lo posible por tocar ‘el borde del manto’ del Señor. Estaba sedienta de Jesús. Buscaba un lugar en el que pudiese orar, donde desarrollarme en lo espiritual”.

AWarriorforhergeneration_sm3Lo primero que llamó su atención cuando ingresó al santuario fue la frase escrita en la mesa del centro: “Llamados a la Santidad”.

“Eso habló”, explica. “Dios me estaba diciendo: ‘Voy a santificarte para que lleves adelante mi obra. Voy a apartarte para mi trabajo. Voy a obrar en ti si continúas buscándome y rindiéndote a mí”.

“Estar ante el altar, las dos primeras semanas, fue maravilloso. Me sentía como nunca antes”.

Shanique siguió asistiendo. Actualmente es directora de los voluntarios en el Cuerpo Central de Trenton, aunque su  camino espiritual ha tenido muchos altibajos.

Una niñez difícil

Shanique, que tiene 33 años, fue criada en un hogar secular y, a sus 16 años, fue madre por primera vez, dando a luz a una niña: Briana. Cinco años más tarde tuvo un hijo, Jalen.

A pesar de criarse rodeada de hogares desintegrados, padres solteros y la tentación de caer en las drogas, Shanique se graduó de la escuela secundaria. Y en 2003, llegó a ser gerente de ventas al por menor de la empresa New York and Co.

“Siempre tuve esa inclinación”, cuenta. “Estaba ganando mucho dinero, pero me sentía muy vacía. Y no lograba entender por qué”.

Shanique recibió muchos bonos laborales debido a sus méritos, por lo que sus jefes se desvivían por facilitarle un rápido ascenso a puestos de mayor responsabilidad.

“Todo lo que tenía que ver con mi carrera marchaba viento en popa, pero no me sentía feliz”, confiesa. “Recuerdo haber clamado. Para ser muy franca, no tenía ninguna razón ni propósito en mi vida en todo ese tiempo. Pero si me hubiesen visto nadie lo habría notado.

“Pronuncié una pequeña oración en la que le preguntaba a Dios si era real y si me podría revelar el propósito que debía tener mi vida. Me sorprendí al decir eso pues yo no sabía orar”.

Dios la toma de la mano

Poco después de decir esa oración, Shanique no pudo menos que sorprenderse cuando un grupo de cristianos visitó su casa. Uno de ellos tocó a la puerta y le preguntó: “¿Conoces a Jesús?”

“En realidad, fui ruda con ellos todo el tiempo, no me percaté de que la oración tenía algo que ver con la razón por la que ellos habían tocado a mi puerta”, relata Shanique.

Un tiempo después, cuando Briana le pidió que fuesen a la iglesia, Shanique cedió. Llegó atrasada y se sentó en los últimos bancos de una iglesia pentecostal, pero esa noche Dios le habló a ella por boca del pastor.

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The ‘War Room’ at the Trenton Citadel Corps.

“Todo lo que el predicador dijo ese día resonó en mi interior”, cuenta. “Se me ocurrió pensar que alguien le había hablado acerca de mí. Y no pude contener las lágrimas”.

El pastor le pidió a Shanique que pasara adelante y la congregación oró por ella. Esa noche del año 2004, aceptó a Cristo.

“Fui bautizada esa misma noche”, dice. “Sencillamente no volví a  ser la misma persona después de esa experiencia. Comencé a asistir a la iglesia todo el tiempo.

Una nueva creación

“Fue como si Dios me tocara, fue un milagro. Fue como si me hubiese convertido en una nueva persona. Me sentí emocionada. Jesús era real. En ese entonces, sentía un fervor único y deseaba que mis amigos, mis vecinos y mi familia conocieran a Jesús”.

Shanique también tenía una nueva visión del mundo, una que no tenía nada que ver con el materialismo. Si bien tenía una casa, un automóvil y un buen trabajo, “una vez que fui salva, nada de eso tuvo ya importancia alguna”, afirma.

“Era una forma completamente nueva de pensar”, dice. “Quería relacionarme de una manera mejor con mis hijos. Quería que me conocieran bien”.

Dios le hizo ver que aun cuando era una mujer muy exitosa a los ojos del mundo, sus hijos la necesitaban.

“Dios me abrió los ojos y me hizo ver lo que realmente significa ser una madre para mis hijos”, dice.

Así que renunció a su trabajo y se integró al consejo administrativo de la escuela de sus hijos y, además de ello, comenzó a participar activamente en la ciudad de Trenton. Sin embargo, la falta de dinero se convirtió en un problema. Al poco tiempo, logró asegurar otro empleo en una fundación.

Una lección aprendida

“Pasé por muchos momentos difíciles”, relata, incluyendo el haber perdido su casa y su automóvil. “Pero las cosas que había perdido en lo material no se comparaban con las que Dios me había  dado en las vidas de mis hijos y en las cosas que me ha permitido hacer para ayudar a otras personas”.

Shanique siguió sirviendo fielmente a Dios hasta 2011, cuando un amigo de la secundaria entró en su vida y tuvo con él una segunda hija, Amlya. Debió enfrentar problemas financieros adicionales cuando se vio forzada a renunciar a su trabajo en la fundación.

“Estaba retrocediendo”, confiesa. “Pensé que mi vida se había acabado. Que le había fallado a Dios. Que Dios ya no podía seguir amándome. Simplemente pensé que ya no había ninguna manera en que me pudiese usar”.

Shanique al fin se mostró arrepentida, dejó a su novio y con ello dejó de recibir el apoyo financiero que él le daba. El dinero volvió a ser un problema.

“Pasé por un período de depresión”, dice. “A veces contemplaba la opción de un ‘suicidio espiritual’, pues la vida que había llevado mucho antes también parecía más fácil.

Un nuevo comienzo

“Algo entró en mi espíritu y me dijo: ‘Dios todavía me puede restaurar. Él es más poderoso que todas estas cosas’”.

En octubre de 2014, consideró la posibilidad de aceptar un trabajo en Amazon, pero Dios tenía otros planes para ella.

Fue en ese momento que tocó el timbre del Cuerpo Central de Trenton. Al salir del Cuerpo del Ejército de Salvación ese domingo, se le ofreció trabajo temporal en la recolección de fondos conocida como la Olla Roja.

“Tomando mi oración como punto de partida, realmente sentí la convicción de que Dios quería que siguiera en sus caminos”, dice. “Y fue así que creé una estrategia de oración para las Ollas Rojas”.

Shanique es actualmente la directora de voluntarios en el Cuerpo. También ha ayudado a organizar un salón de oración similar a los de la película de cine “War Room” (Cuarto de Guerra, en la versión doblada al español).

“Dios me dio esta visión antes de ver esa película”, explica. “Hasta en mi propia casa tengo un salón como ese”.

Camino a la guerra

El Capitán Moisés Rivera, secretario divisional de la juventud en Nueva Jersey, informó que Shanique inició un programa de comidas en Trenton y que la oración que ella hizo “no tiene comparación”.

Shanique writes a prayer for the city of Trenton that will be posted on the wall behind her.

Shanique writes a prayer for the city of Trenton that will be posted on the wall behind her.

“Es una guerrera de la oración”, declara el capitán. “Ella ama mucho al Señor y tiene muchísimo deseo de servir a la gente de Trenton. Todas las personas con las que se encuentra ven en ella la pasión que la mueve”.

Shanique dice que sabe que estamos en una batalla espiritual y que quiere romper el círculo de la disfuncionalidad que vivió de niña en Trenton.

“Estamos enfrentando mucho más de lo que el ojo puede ver”, dice. “Nuestros hijos están muriéndose. Este salón de oración es un lugar en el que podemos clamar a Dios para que nos ayude. Quiero ver cómo desaparecen algunas de las ataduras generacionales”.

Se le ha pedido que sirva en comités del Consejo Municipal de Trenton, lo cual cuadra muy bien con su estrategia del “War Room”. En la pared del salón de oración hay oraciones escritas a mano que hacen referencia a su ciudad.

“Mi mayor objetivo es implementar estrategias de oración en la ciudad”, dice. El “War Room” del Cuerpo incluye un área en la que la gente se puede arrodillar y orar, un espejo para reflexionar en lo espiritual, y almohadas sobre las cuales descansar en el Señor. Las personas incluso pueden dejar un número telefónico y alguien las llamará en algún momento y orará con ellas por teléfono.

“Ahora que estoy aquí, pienso que si alguien llegara a la puerta buscando donde orar, habría un lugar para que lo pudiese hacer”, afirma Shanique con una sonrisa.

por Robert Mitchell

 

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