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Una esperanza renovada en Dios

Cadete Lilybeth Ciriaco disfruta de la compañía de sus compañeros los cadetes Melanie Ortiz y Jonathan Quatela.

Cadete Lilybeth Ciriaco disfruta de la compañía de sus compañeros los Cadetes Melanie Ortiz y Jonathan Quatela.

Este año, mi nombramiento de verano en Costa Rica me recordó la razón de lo que hago. La experiencia me desafió, me motivó y confirmó mi llamado a convertirme en oficiala del Ejército de Salvación.

Cuando supe que iba a ese nombramiento con mis compañeros de sesión, los cadetes Melanie Ortiz y Jonathan Quatela, me emocioné. Yo ya había servido en Costa Rica dos veces, una en 2011 como líder de un Equipo de Misiones de Servicio (en inglés, “Hands On Missions Team”) y otra en 2013 como miembro del coro juvenil de la División del Gran Nueva York.

Si bien estaba familiarizada con algunos de los lugares previstos en nuestra agenda, ese ministerio al que había sido nombrada era muy distinto al de mis anteriores visitas. Gracias a ese viaje, pude renovar el amor y la pasión por el evangelismo. Los salvacionistas en el Territorio Norte de Latinoamérica son apasionados en su trabajo evangelizador; quieren ganar a todas las almas para Cristo, por lo que harán todo lo que sea necesario para que eso suceda.

Lilybeth se reune con los Salvacionistas en Costa Rica.

Lilybeth se reune con los Salvacionistas en Costa Rica.

Durante una campaña evangelística de dos semanas en la ciudad de Nicoya, conocí a una mujer que se llamaba Carmen. Le hablé y descubrí que había asistido cierto tiempo al Cuerpo de su localidad pero, tras la muerte de su marido y —siete meses después— el trágico deceso de su único hijo, dejó de asistir y perdió toda su esperanza en Dios. Durante mi estadía allí, la visité y la invité a cada una de las actividades que realizábamos. Llegué a conocer su historia personal.

Al fin llegó el momento en que debíamos emprender el regreso a San José. La idea de decirle “adiós” a Carmen me rompía el corazón. Mi último domingo en Nicoya, ella vino a despedirse. Con los ojos bañados en lágrimas, me dijo: “¡Dios te envió aquí por mí! Y gracias a ti, he recobrado la esperanza en Dios”.

Lloré con ella.

Este verano me sentí más bendecida de lo que podría expresar. Ahora me siento más deseosa y dispuesta que nunca a servir en el ministerio al que Dios me ha llamado.

por Cadete Lilybeth Ciriaco

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