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Una carta de gratitud

Mi madre era una devota cristiana y amaba a Jesús con todo su corazón. A ella le encantaba la época de Navidad y esperaba con ansias no sólo el tiempo para compartir con la familia, sino también la oportunidad de dar lo que pudiera al Ejército de Salvación. Un año se ofreció como voluntaria para la Campaña de la Olla Roja, bajo el liderazgo del Capitán Gregory Hartshorn en Niagara Falls, Nueva York, ¡aun cuando estaba confinada a una silla de ruedas!

Luego, tuvo que ir a vivir a un hogar, y aun en ese momento su fe no decayó. Creía firmemente que Dios tenía un plan para ella, lo que quedó en evidencia con el estudio bíblico semanal que inició en el nuevo lugar.

Dado que el fallecimiento de mi mamá fue en septiembre, no me he sentido entusiasmada por las fiestas de fin de año. No importa hacia dónde mirara, veía cosas que a ella le habrían gustado para decorar su habitación; regalos que ella me habría pedido que comprara para agasajar a las enfermeras. Estos meses han sido eternos y, por supuesto, no de los más felices en mi vida.

Esta mañana cuando fui al Wal Mart ubicado en Niagara Falls, me llamó la atención un caballero tocando himnos con su trombón. Su entusiasmo no disminuían por el tiempo lluvioso; era evidente que amaba a Jesús. Le di las gracias y cuando él me abrazó sentí la presencia de mi mamá diciéndome que recordara la “razón de la Navidad”, y que si compartía con otros la alegría del nacimiento de Jesús, nunca estaría sola.

Por favor, háganle saber a este hombre el hermoso regalo que me ha dado en esta Navidad.

 

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