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Una capa de protección

El Ejército de Salvación, desde sus inicios, ha ayudado a las víctimas de la pobreza, a las de la baja condición social, a las del maltrato físico y psicológico, así como también a las víctimas de los desastres naturales y de las catástrofes causadas por el hombre. Con el paso del tiempo, este llamado ha inspirado a innumerables hombres y mujeres de todos los sectores a unir fuerzas con el Ejército de Salvación para ayudar a combatir esos males y, de esa manera, llevar esperanza al mundo.

Hines Ward, legendario receptor abierto del equipo de futbol americano los Pittsburgh Steelers de la Liga Nacional de Futbol (NFL, por sus siglas en inglés), es una de esas personas. Ward encontró la misión del Ejército compatible con su propio y apasionado llamado a servir a los niños marginados. Recientemente, el Ejército de Salvación homenajeó a Ward por su valioso apoyo al ‘Project Bundle–Up’ [Proyecto Abrígate, en el resto del presente artículo].

Proyecto Abrígate

“Todo comenzó cuando la señora Rooney me presentó el Proyecto Abrígate, desde entonces nuestra relación no ha cesado”, cuenta Ward. Patricia Rooney es esposa de Dan Rooney, presidente de los Pittsburgh Steelers, y cofundadora de este proyecto.

Durante los últimos 14 años, Ward ha trabajado con Rooney, proveyendo a los niños de gorras, abrigos, guantes, bufandas y botas que los protegen del frío invernal.

Sin embargo, el efecto positivo de esa iniciativa anual va mucho más allá. Sus esfuerzos también  brindan calor al corazón de esos niños que, cuando reciben los regalos, se dan cuenta de que hay personas que los aman lo suficiente como para aliviar el dolor y el estigma de la pobreza en que viven.

Suele ocurrir que los niños que usan abrigos de segunda mano son escarnecidos y maltratados por otros pequeños. Este tipo de abuso del que son objeto tiende a afectar negativamente su autoestima y su valoración de sí mismos. Es por eso que los abrigos nuevos les proveen una capa de protección física, social y hasta espiritual.

El Proyecto Abrígate, creado en 1986, es un servicio comunitario realizado por el Ejército de Salvación y la estación televisiva Canal 4 WTAE–TV de Pittsburgh. Este programa exclusivo, que utiliza 1.000 voluntarios cada año, provee abrigos de invierno, sombreros, bufandas, guantes y botas a miles de niños y adultos mayores desfavorecidos del oeste de Pensilvania. En 30 años, el Proyecto Abrígate ha recaudado aproximadamente 13 millones de dólares y ha provisto ropa nueva de invierno a casi 267.000 personas.

Ward ha pasado las 14 temporadas en que ha jugado con los Steelers, y los años posteriores a su retiro, trabajando con Rooney. “Ella es una persona maravillosa”, dice Ward. “He disfrutado cada momento que hemos trabajado juntos. He aprendido cómo retribuir a la comunidad”.

El ministerio de Ward entre los niños

El trabajo de Ward con los niños ha trascendido los límites de la ciudad de Pittsburgh e incluso los del Ejército de Salvación. Él ha usado la historia de su propia vida para motivar a niños marginados en los Estados Unidos y en Corea.

Ward nació en 1976 en Seúl, Corea del Sur, de madre coreana y padre afroamericano (que se conocieron mientras su papá servía en el ejército de los Estados Unidos). Además de ser birracial, la mera presencia de Ward era un recordatorio de la diversidad extranjera del país a lo largo de su historia.

Cuando la familia finalmente se mudó a los Estados Unidos, sus padres se divorciaron, lo que significó un desafío más para una vida que ya era difícil. El hecho de vivir en la pobreza (ya que su mamá hizo todo tipo de oficios para pagar las cuentas), como inmigrante y en el seno de un hogar destruido le resultaba muchas veces abrumador.

En la escuela, Hines era la burla de sus compañeros, que le decían de todo. Su vida era difícil. Sin hermanos ni padre, se vio forzado a madurar muy rápido. Era constantemente maltratado y rechazado por los niños de todas las procedencias.

Un deportista talentoso

Ver a su mamá trabajar arduamente durante tantos años le enseñó el valor de tal faena. Ya desde la escuela primaria, el propio Hines trabajó duro para desarrollar sus habilidades atléticas. El futbol americano era parte de su vida. Puesto que era un gran atleta, los chicos veían, más allá de su apariencia física birracial, un tremendo valor para el equipo y para la escuela.

Al fin, los chicos llegaron a tratarlo como a un hermano. Así que se aferró al futbol americano como su manera de eludir la discriminación que lo abrumó por tanto tiempo. Hasta que se sintió aceptado por el resto de los chicos.

En la escuela secundaria, Hines siguió jugando futbol. Hasta el día de hoy, se siente agradecido a sus maestros y profesores por haberlo ayudado a cultivar sus sueños y sus aspiraciones. Sin duda, ellos ayudaron a forjar la persona que él es en la actualidad.

En vez de decir: “Me voy a Disneylandia”, tras ganar el premio MVP al mejor jugador del Super Bowl 40, Hines dijo: “¡Me voy a Corea del Sur!” Su madre, por su parte, se mostraba más bien renuente a la idea de realizar ese viaje. Pero lo que los sorprendió a ambos fue la tremenda atención mediática que recibieron al arribar al aeropuerto. De repente, incontables personas que no sabían nada del futbol americano, ni siquiera de quién era Hines Ward, empezaron a comprar y a ponerse las camisetas de los Pittsburgh Steelers marcadas con el número “86”.

La nación que alguna vez los había condenado al ostracismo, ahora los elogiaba. Fueron tratados como la realeza; les llovieron los regalos, se les alojaba en las suites presidenciales de los hoteles, se los elogiaba en la prensa y en la televisión. Hines fue nombrado ciudadano honorario de Seúl. Ese día dijo ante el mundo: “… por años me sentí avergonzado de decir que era coreano. Les pido perdón”.

Los adultos mayores coreanos aplaudieron a Hines por honrar a su madre. En la cultura coreana, el respeto por la madre es altamente valorado. Hines utilizó su notoria condición de celebridad para llamar la atención a la necesidad de amar y honrar a los niños birraciales. Así que visitó la Fundación Pearl S. Buck, que brinda apoyo a los niños de esa doble condición étnica. Cuando un chico le preguntó: “¿Por qué tardaste tanto en venir acá?”, Hines respondió: “¡He estado jugando futbol americano!” A partir de ese momento, Hines se dio cuenta de la tremenda conexión que tenía con los niños; los que, hasta ese momento, abrigaban pocas esperanzas de poder llegar a tener un futuro exitoso.

Manos que ayudan

Hines se sintió tan conmovido que decidió crear The Helping Hands Foundation [Fundación Manos que ayudan], diseñada para promover la igualdad racial en todo el mundo.

En la actualidad, en Corea del Sur, los años de discriminación y restricciones tácitas contra las personas de etnia mixta están empezando a desaparecer gracias a la influencia de Ward. Aunque él niega ser el próximo Martin Luther King Jr., no hay duda alguna de que Ward ha marcado una enorme diferencia.

Aquí en los Estados Unidos, Ward sigue ayudando al Ejército de Salvación a hacer realidad su promesa de “… trabajar por un mundo en el que todas las personas sean aceptadas, amadas y valoradas”, como dice la declaración de la misión de la Comisión Internacional de Justicia Social del Ejército de Salvación (ISJC, por sus siglas en inglés).

Por Warren L. Maye

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