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Un Viaje Misionero a Zimbabue

A few instrumentalists from the 30–member corps band greet Lieutenants Chakanaka and Emeline Watch.

A few instrumentalists from the 30–member corps band greet Lieutenants Chakanaka and Emeline Watch.

Cuando llegué a Estados Unidos hace 15 años, recuerdo que pensé: Dios, si me das la oportunidad de servirte aquí, quizás pueda ayudar a mis compatriotas. Me prometí a mí misma a hacer eso.

La primera vez que regresé a Zimbabue fue en 2013, ocasión en la que presentamos instrumentos musicales al Cuerpo de Braeside. También visité el Colegio de Entrenamiento para Oficiales. Por desdicha, me entristeció ver la falta de libros en su pequeña biblioteca. Los comentarios bíblicos eran viejos y ya estaban obsoletos. Además, no contaban con un procedimiento para poner al día y reemplazar esos libros.

Hace poco pudimos disfrutar de la oportunidad de visitar el hermoso país de Zimbabue. Me sentí muy entusiasmada, pues para mí era “un sueño hecho realidad”. En ese viaje misionero, les llevamos instrumentos de bronce a tres Cuerpos del Territorio de Zimbabue: el Citadel de Harare (dos cornetas, un bombardino y una tuba afinada en mi bemol); el Citadel de Chinhoyi (una corneta, una tuba afinada en si bemol, un bombardino y un bombardino barítono); y el Cuerpo de Nzvimbo (un bombardino barítono).

Esos instrumentos son muy caros. En Zimbabue no se encuentran. Hay muchos jóvenes que desean aprender a tocar para formar parte de la banda, pero son muy pocos los instrumentos que hay. Lo que sueles ver es a dos personas por un trombón, tres por una corneta. Tienen que turnarse para tocar los mismos instrumentos.

Esta es la razón por la que el Comisionado Swanson quiso que yo llevara esos instrumentos. Él conoció a las personas que los necesitaban.

En vez de recaudar dinero para comprar instrumentos nuevos, les pedimos a los músicos que tuvieran instrumentos viejos o renovados que los donaran para esta causa. Recibimos instrumentos usados en el Colegio de Entrenamiento para Oficiales que estaban destinados a ser desechados y los arreglamos para llevarlos con nosotros a Zimbabue.

El hecho de que los integrantes de la banda de bronces los recibieran, y además gratis, es una verdadera bendición.

Ya de regreso en el Colegio de Entrenamiento para Oficiales (CFOT) del Territorio Este EUA, hablé con el Mayor Ronald R. Foreman, que era el director, y le pedí que me diese permiso para solicitarles a los instructores y cadetes que donaran algunos comentarios bíblicos y libros sobre formación espiritual. “Te vamos a ayudar”, fue su respuesta. Y su ayuda fue asombrosa. Pudimos llevar con nosotros cuatro bolsos grandes llenos de libros a Zimbabue.

Puesto que viajamos con un total de 11 bolsos, tuvimos que pasar una semana y media en trámites con la aduana para que finalmente nos permitieran ingresar al país los instrumentos y los libros que llevábamos. Alabado sea Dios, pues nos ayudó enviándonos a un salvacionista que trabajaba en el aeropuerto, el cual hizo que el proceso se facilitara. ¡Fue como si Dios hubiese intervenido!

El Comisionado Henry Nyagah, comandante territorial de Zimbabue, entregó personalmente los instrumentos a los integrantes de la banda del Citadel de Harare, entre los que se contaba Alec Williams. Él es el soldado que, en principio, solicitó los instrumentos.

Cuando el maestro de banda del Citadel de Harare vio los instrumentos —la tuba y el bombardino—, casi llora. “No hemos tenido ninguno de estos instrumentos en casi 15 años. ¡Casi no lo puedo creer! ¡Aleluya!”, expresó.

Los bibliotecarios y los cadetes se mostraron muy agradecidos por haber recibido los libros y los comentarios bíblicos. Les emociona mucho usar los libros para su formación espiritual. Estas nuevas ediciones están elevando su nivel educacional y expandiendo su visión del mundo.

Los oficiales son enviados a evangelizar a otras naciones africanas y al resto del mundo. Ellos necesitan esta información a fin de prepararse bien para la tarea que están realizando.

El Futuro

En 2017, queremos llevar jóvenes de Estados Unidos a visitar Zimbabue. Deseamos que la juventud de América aprenda de los zimbabuenses y viceversa. Aquí, en Estados Unidos, los chicos quieren un par de zapatillas deportivas marca Timberland u otra, que cuestan 300 dólares. Los jóvenes de la misma edad en Zimbabue piensan en convertirse en doctores, profesionales y empresarios. Quieren tener una buena educación. A pesar de que deben caminar muchos kilómetros para ir a la iglesia, son más felices que los niños en los Estados Unidos que, aunque vivan a menos de un kilómetro de la iglesia, hay que buscarlos en una camioneta.

por Tta. Chakanaka Watch

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