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Un regalo especial

Morristown, New Jersey

Cuando el Mayor Walter Droz terminó de pronunciar la recapitulación de su mensaje en la reunión de santidad, apareció en la pantalla la primera estrofa de una conocida canción de consagración:

Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor;
Que mis pasos pueda guiar el impulso de tu amor.
Toma, oh Dios, mi voluntad
Y hazla tuya, nada más.
Toma, sí, mi corazón,
Y tu trono en él tendrás.
Y tu trono en él tendrás.

A ello siguió la doxología, que toda la congregación entonó, luego de lo cual el Mayor Droz nos hizo saber a todos que tenía algo importante que anunciar y nos pidió que nos quedáramos un rato más.

Fue entonces que comenzó a hablarnos de un Soldado fiel que nunca se pierde una reunión durante la semana, no importa si llueve, nieva, o si hace frío o calor. El Mayor se refería al Soldado Rumiel Gallegos, que viene a las actividades en bicicleta, pedaleando con una sola pierna porque la otra la tiene paralizada, razón por la que cuando camina lo hace saltando sobre esa única pierna sana.

A pesar de su impedimento, Rumiel gana algún dinero haciendo mandados a los vecinos, con lo que se mantiene. A veces, cuando llega a una calle muy empinada, no tiene las fuerzas necesarias para subirla pedaleando. Lo que hace es subirla caminando a saltos hasta llegar a lo alto de la calle.

El Mayor se dirigió a Rumiel y le pidió que pasara al frente. Luego, para sorpresa de todos, hizo que un asistente entrara con una bicicleta eléctrica especial, la que le presentó a Rumiel. La idea es que esa bicicleta le ayude a desplazarse con mayor facilidad y le permita realizar con mayor comodidad y eficiencia sus labores diarias.

Cuando Rumiel agarró el manubrio, se le llenaron los ojos de lágrimas. Tal era su emoción que sólo pudo darle gracias a Dios por un regalo que, como expresó, es tan importante para él como para otros podría ser un Cádillac.

Como se trataba de una bicicleta muy especial, acudieron al taller de un técnico perito en la materia al que se le pidió que la armara. El técnico, un caballero muy amable, contestó: “Conozco a esa persona y sé lo que hace. Así que armaré la bicicleta sin costo alguno”.

Los aplausos de la congregación no se hicieron esperar ante la alegría que despertó tan feliz noticia. La Mayora Droz pronunció una oración de dedicación en la que dio gracias a Dios por la persona y por la vida de Rumiel.

por Mayora Cladis Ferri

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