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Un padre que cumple lo que promete

 

Jamal Agnew–El se crió en la fe musulmana, pero en su adolescencia nunca estuvo seguro de que contara para Dios. A menudo, se preguntaba por qué Dios se había molestado siquiera en ponerlo en la tierra.

“Al igual que muchos adolescentes, me cuestionaba todo en la vida y buscaba algo sin saber qué era. La situación de mi familia no me ofrecía nada que me guiara a una respuesta”, cuenta Jamal.

A pesar de que pasaron décadas, Jamal cree que encontró lo que estaba buscando desde que era adolescente. Este mes de junio, el Cadete Jamal Agnew–El y su esposa, la Cadeta O’sha Agnew–El se graduarán de la Escuela para Entrenamiento de Oficiales como oficiales del Ejército de Salvación. Sus hijos se han criado en el Ejército y han podido contar con un conocimiento de la presencia de Dios que su papá no tuvo durante su niñez.

“El Ejército de Salvación no era sólo el plan que Dios tenía para mí y para mi esposa, sino para toda nuestra familia. Dios les dio a mis hijos una conexión temprana con Él que yo jamás tuve”.

Un padre joven

Antes de que terminaran la escuela secundaria, Jamal y O’sha se convirtieron en padres. Jamal le prometió a su hijo Tray una mejor vida que la que él tuvo.

“Mis padres se separaron cuando yo tenía siete años”, cuenta Jamal. “Recuerdo los gritos, las peleas y el consumo de alcohol; era un caos total. A esa edad, los niños no entienden los problemas de los adultos. Se culpan a sí mismos por lo que ven”.

Cuando era adolescente, Jamal se fue a vivir con su padre a Siracusa, Nueva York. Según Jamal, a su padre le encantaba seducir a las mujeres; Jamal tiene cinco hermanos y cinco hermanas por parte de su padre, todos los cuales tienen madres diferentes.

“Mi padre no estableció un buen ejemplo de lo que un papá, o un hombre, debe ser. Cuando le dije que quería responsabilizarme de O’sha y de mi hijo, ni siquiera quiso oírme. Simplemente no le importaba”.

A Jamal, sin embargo, sí le importó. Tray nació seis meses antes de que Jamal terminara la escuela secundaria; tenía dos trabajos para poder mantener a su familia, dándole de paso a O’sha la oportunidad de graduarse e ir a la universidad como ella siempre lo planeó.

“Nunca lamenté haber tenido a mi hijo a tan temprana edad; pienso, sin embargo, que si nuestras decisiones le hubiesen impedido a mi esposa cumplir su deseo de estudiar para abogada, eso me habría hecho sentir muy mal”.

“Lo único que me parece más difícil que tener hijos a una edad tan joven es lograr que la relación con  la chica de tus sueños, que conociste en la escuela, prospere. No tuvimos el tiempo que necesitábamos para conocernos bien como personas ni como pareja sino hasta muchos años después”.

La familia creció en número cuando tuvieron dos hijos más: Trayliesha y Traymia. En 2003, nueve años después de haberse convertido en padres, Jamal y O’sha se casaron. El siguiente cambio importante para la familia vendría un año más tarde, cuando O’sha y su mamá se inscribieron para participar en la campaña de la olla roja del Cuerpo del Ejército de Salvación en Siracusa, Nueva York.

El Manual

Cada mañana antes de salir a trabajar en la campaña de la olla roja, el Capitán Dennis Young, entonces oficial directivo en Siracusa, realizaba los devocionales con sus trabajadores y los invitaba, a ellos y a sus familias, a asistir al Cuerpo el domingo.

“Cuando fui al Cuerpo por primera vez, me pareció que era algo diferente. En esa época, ni siquiera tenía mi propia Biblia”, recuerda Jamal. “Había asistido a algunas iglesias cristianas con anterioridad, pero nunca había oído hablar del Señor como lo hizo el Capitán Young. Este pormenorizó la Escritura hasta lo más básico de su esencia. Fue como recibir un instructivo para ayudarte a leer un manual de uso”.

Jamal aceptó al Señor. Con su ingreso al Ejército, los niños Agnew–El tuvieron acceso a los campamentos de verano, a los grupos de danza y a las competencias de Búsqueda de Estrellas (“Star Search”). Dos años más tarde, Jamal y O’sha se convirtieron en soldados. Los Mayores John y Anita Stewart se ofrecieron como mentores de los Agnew–El a fin de prepararlos cuando ellos decidieron enrolarse como cadetes en la Escuela para Entrenamiento de Oficiales.

“Ya nos habíamos forjado una vida, teníamos casa propia, nos habíamos graduado de la universidad y teníamos nuestras carreras. Éramos conscientes de que Dios nos había dado muchísimo. De modo que, ¿cómo podíamos no mostrarle nuestro agradecimiento sirviendo en Su Iglesia?”, explica Jamal.

Una promesa cumplida

Mientras se prepara para su función de oficial del Ejército de Salvación, Jamal Agnew–El dice que la lección más dura que debió aprender fue perdonar a su padre y superar el conflicto que venía acarreando con él desde su adolescencia.

“Aunque todavía no he hecho la paz con él, sé que todos fallamos a la vista de Dios. A pesar de eso, Dios siempre nos ama y busca lo mejor para nosotros, aun cuando alguien muy cercano a nosotros no lo haga.

“Esta experiencia me ha permitido comprender mejor Su amor. Es imposible agradecerle a Dios por todo lo que ha hecho por uno”.

Tray, que ya tiene 23 años, se graduará de la universidad dentro de unas semanas, a sólo días de que sus padres se conviertan en oficiales del Ejército de Salvación. Jamal sonríe, pues sabe que cumplió su promesa de brindarles a él y a sus hermanas una mejor niñez que la que él tuvo.

“A pesar de lo mal que lo puedas estar pasando en tu vida, hay una oportunidad, mediante Su gracia, de superar la situación que puedas estar viviendo, y así poder enseñarle a la generación más joven a no cometer los errores que nosotros cometimos”, reflexiona Jamal.

“Acuérdate de amarte a ti mismo, con tus errores, obstáculos y todo lo demás. Pues ese es el amor que les transmitirás a tus hijos”.

Por Hugo Bravo

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