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Un Nuevo Camino

Cuando el Mayor Tom Taylor, administrador comercial del Centro de Rehabilitación para Adultos (ARC) en Saugus, Massachusetts, les preguntó a los graduados del programa si estaban interesados en convertirse en adherentes e identificarse así con el Ejército de Salvación, Gilberto Rivera y Samuel Cruz fueron los primeros en ofrecerse como voluntarios y en culminar la capacitación para los adherentes. Ahora relatan cómo fue que llegaron al Ejército y lo que les dicen a los beneficiarios que están en proceso de recuperación.

GILBERTO RIVERA

Gilberto (above) and Samuel (below) were the only 2 beneficiaries out of 15 that completed the adherents training. Gilberto is also houseman for the Saugus ARC, and Samuel works in the Saugus Family Store.

En junio de 2014, comenzó mi recuperación en el Hogar Barbara McInnis para menesterosos, en Boston. Pero tras un intento de suicidio, los supervisores del hogar me dijeron que necesitaba más ayuda de la que ellos podían darme.

Un consejero de un hospital me habló del ARC de Saugus y de la manera en que allí combinaban crecimiento espiritual y recuperación para adictos, además de ofrecer oportunidades laborales. En mi primer día en el ARC, una de las personas encargadas me preguntó: “¿Qué necesita de nosotros?” Con los ojos bañados en lágrimas, le dije: “Necesito saber que Cristo está en mi vida y que no estoy solo”. A lo que ella respondió. “Ha venido al lugar correcto”.

Cada día, uno se levanta para luchar contra sus propios “demonios” a la vez que intenta cumplir las reglas y la disciplina del ARC. Sin embargo, me recordé a mí mismo que la adicción es el camino que lleva a la ruina. Es vivir bajo los puentes, comer en los basureros, inyectarse drogas, sufrir el dolor físico de dormir en las calles y enfrentar la posibilidad de morir.

Cuando el Mayor Taylor me preguntó acerca de mis habilidades laborales, no supe qué decirle. “Soy una persona que trabaja duro y nunca repito el mismo error”, dije al fin. Pero él quería saber más. “¿Qué tipo de persona fuiste en la cárcel?” Nerviosamente, le respondí: “Fui líder. Organizaba a los internos en equipos, aunque no fuese por buenas intenciones”. Me di cuenta de que me estaba evaluando como persona, pensando quizás: ¿Cómo podría emplear a este hombre de una forma positiva para dirigir a las personas en su lugar de trabajo o incluso para llevarlas a Cristo? Cuando el mayor me dijo: “Vas a encargarte del mantenimiento del edificio de varones”, le pregunté: “¿Por qué no elige a alguien con más experiencia, más musculoso o con mejores habilidades para hablar inglés?” Él me contestó: “Este será tu nuevo reto”. Y se convirtió en mi llamado.

Hablo con los beneficiarios que están luchando. A veces dicen: “Es demasiado difícil”, o bien: “Quiero irme y volver a drogarme”. Yo les recuerdo que el hecho de reconocer sus debilidades es bueno porque eso es exactamente lo primero que tienen que hacer para seguir el camino que lleva a la recuperación. Dios conoce nuestras debilidades. Él nos da la fuerza que necesitamos para enfrentarlas.

Convertirme en adherente fue el primer paso que me llevó a alcanzar mis tres objetivos particulares: conseguir mi licencia de conducir, obtener mi diploma de graduado de la escuela secundaria (GED, en inglés) y convertirme en soldado del Ejército de Salvación. Quiero ser la persona a la que el Ejército llame cuando necesite pasar a buscar a alguien a la clínica o escuchar lo que un nuevo beneficiario tiene que decir.

Le pedí al Señor que me mostrara un nuevo camino y me lo mostró. Hasta el día de hoy, practico todo lo que aprendí en mi proceso de recuperación y lo comparto con los demás. Sería fácil y seguro quedarme entre estas paredes. Pero el verdadero trabajo está en las calles, ayudando a la gente a superar sus adicciones, tal como logré superarlas yo.

 

SAMUEL CRUZ

ANewPath_2Por años, luché con mi adicción. Y tras una nueva recaída en febrero de 2015, supe que debía hacer algo en ese momento o nunca lo haría. Cuando vivía en Nueva Jersey, asistía a una iglesia del Ejército de Salvación. Pero nunca busqué ayuda. Ahora, en Boston, hablé con el Mayor Elizur Vásquez del Cuerpo Hispano Central y él hizo todos los arreglos para que pudiese incorporarme al ARC de Saugus.

Todo lo que creí saber sobre la recuperación era erróneo. Aprendí que, antes que pudiera rehabilitarme, se requería que confiara en que era capaz de hacerlo. Yo era un incrédulo Tomás: el discípulo que no creyó que Jesús había resucitado. Al igual que Tomás, yo tenía que creer primero.

He estado en varios programas de rehabilitación, pero nunca he visto gente que trate a los beneficiarios con tanta bondad como lo hacen aquí en el ARC. Aquí nos tratan como iguales. Cuando realizamos las actividades, el Mayor Taylor sigue el ejemplo de Cristo sacándose su chaqueta de oficial y transformándose en uno de nosotros. Se sienta a nuestro lado en las comidas y le muestra la misma cortesía a un nuevo beneficiario que a los que han estado aquí por años. No necesitamos reservar una hora para reunirnos con él. Siempre está disponible.

Si quieres cambiar, el ARC hará todo para ayudarte. Pero no puede ayudar a alguien a menos que esa persona desee cambiar. Por ejemplo, tras estar sólo una hora en mi primer día, vi a un vendedor de droga que conocía desde hacía años. Mientras nos arreglábamos, me dijo que tenía consigo su teléfono celular y que estaba planeando irse de ahí de inmediato. Había llamado a su esposa, que lo esperaba a la salida del recinto. Me dijo: “Ven conmigo, quédate en mi casa, o si prefieres te llevo en automóvil a donde quieras ir”. Pero pensé: En el pasado te pagué mucho dinero, pero nunca me ofreciste un lugar para quedarme ni compartiste conmigo una comida. Pero ahora que tengo todo esto y mucho más gracias al Ejército de Salvación, ¿me vienes a decir que lo deje todo y te siga a ti? Tuve la opción de seguir al vendedor de drogas. Pero, al contrario, seguí a Dios porque quería cambiar.

Algunas personas sostienen que, en términos físicos, el esfuerzo que se requiere para rehabilitarse es demasiado duro. Yo les pregunto: “¿Cuántos años trabajaste para comprar drogas, o para tu vendedor de drogas, o para tu abogado o para las cortes de justicia? Ahora, sólo trabajas para ti. No es fácil, pero tampoco es imposible”. Conversar con los beneficiarios también me ayuda. Ellos me dan la fuerza que necesito para avanzar por mi camino. Cuando veo a algunos de ellos, me da la impresión de que estoy mirándome en el espejo de mi pasado. Recuerdo que llegué sin dirección y sin saber lo que quería con mi vida. Recuerdo haber llegado vistiendo unos pantalones de mezclilla y unas botas viejas y sucias que no me había cambiado en meses.

Aunque tengo 53 años, soy un hombre nuevo. Las personas que no me habían visto en años me hablan de cuánto he cambiado. Y les digo: “Gracias a Dios y al Ejército de Salvación”. Hoy tengo en mi mano mi rehabilitación y mi futuro. Y nunca jamás voy a descuidar ni lo uno ni lo otro.

Entrevista realizada por Hugo Bravo

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