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Un “Ejército de rodillas”

Colonel Janet A. Munn, College for Officer Training principal, delivers a message full of passion and scriptural power.

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En el Evangelio de Lucas 18:1–8, Jesús relata la parábola de la viuda que presiona con insistencia a un juez corrupto, pidiéndole que aplique la justicia a sus adversarios. La única ventaja que tenía la viuda era su persistencia, lo cual fue suficiente para que se hiciera justicia, aun con un juez que no temía al Señor. Jesús usó esta parábola para mostrarles a sus discípulos que siempre deben orar y nunca rendirse.

Como estadounidenses, cristianos y salvacionistas, contamos con fortalezas y recursos ilimitados, así como con una gran reputación. Se nos conoce por “hacer el mayor bien posible” y, realmente, es mucho el bien que hacemos. Pero lo peligroso es que pongamos nuestra confianza en nuestras propias fuerzas. Perdemos con ello el sentimiento de desesperación de la viuda en su necesidad por recibir la ayuda divina. Además, perdemos el contacto con la profunda realidad de la necesidad y la dependencia absoluta que tenemos de Dios.

En el Reino de Dios, las cosas son al revés. Lo sucio se vuelve limpio, los pecadores se transforman en santos, los quebrantados de corazón son sanados, los extraños son acogidos como parte de la familia, los esclavizados son liberados y los débiles se vuelven fuertes.

Para el común de las personas, la oración es lo más débil que alguien puede hacer para cambiar al mundo. Hablarle a un Dios invisible, decirle lo que Él quiere que le digamos —cuando nada parece suceder durante largo tiempo— parece una estrategia muy pobre.

Pero así es el Reino de Dios. Jesús nos dice que oremos como la viuda en su desesperación, que no tiene a quién recurrir, pero que no se dará por vencida mientras tenga fuerzas. Dios se identifica con esa viuda victimizada que encarna el poder divino en medio de la impotencia.

¿Qué podría ser más débil que un ejército que ora de rodillas? Los seguidores de Jesús son invitados a asumir esa postura y a fortalecerse con el poder de esa aparente “debilidad”, diciéndole al Señor: “No podemos hacer esto sin ti”.

por Coronela Janet A. Munn

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