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Testimonio Personal

Saludos amigos, se me ha concedido el honor de dar a conocer mi testimonio y el poder transformador de mi Señor Jesucristo. Debo empezar diciendo que en mi niñez —cuando íbamos a la iglesia— siempre escuchaba el mensaje en la misa con mucha curiosidad; quería saber qué significaba. A la edad de quince años, experimenté el divorcio de mis padres y comencé a sentir odio. El rencor hacia mi madre creció muy rápido dentro de mí. Me era difícil entender cómo podía causarle tanto daño a mi padre y abandonarnos a mis hermanos y a mí. Poco después de que se fue, mi familia —por parte de ella— empezó a rechazarnos a mis hermanos y a mí; nos echaban de sus casas y nos decían improperios, cosa que fue muy dolorosa. Tuve que asumir el papel de madre con mis hermanitos siendo aún adolescente.

A mis diecisiete años, me comprometí con mi novio y vinimos al continente. Después de unos pocos meses, comenzó a preguntarme por qué no quedaba embarazada. Visitamos varios consultorios médicos y descubrimos que, en una cirugía que me practicaron cuando era niña, perjudicaron mi organismo. Así que no tenía ninguna probabilidad de tener un bebé. Poco después de eso, mi compañero pasaba toda la noche fuera y, cuando llegaba a casa, me trataba muy mal. Un día, consciente de que no tenía a nadie en tierra firme, me pidió que me fuera de la casa. Me dijo que no era una mujer de verdad puesto que no podía quedar embarazada. A partir de ese momento, mi corazón se endureció. No confiaba ni creía en nada. Ese que creía amar y que se suponía que me amaba, me había causado el mayor dolor de mi vida. Ya no me importaba nada. No iba a amar más y nadie iba a hacerme cambiar de parecer.

Empecé a refugiarme en el trabajo;  laboraba doce, quince y hasta dieciocho horas al día y, cuando no hacía eso, me iba de fiesta a cualquier club nocturno. Pasados varios años, un joven empezó a trabajar conmigo. El chico necesitaba transporte para llegar al trabajo todos los días. De modo que, a través de él, conocí a mi maravilloso y amoroso esposo. Ismael siempre me llamaba y me invitaba al Ejército de Salvación, aunque no le era fácil.

Un día, después de cansarme de que me llamara tanto, acepté su invitación. Todavía recuerdo que cuando llegué al Cuerpo, me recibieron con mucho amor, abrazos y besos. No olvido que pensé que esa gente parecía estar loca. Había entrado a un ambiente desconocido. A medida que continué asistiendo, escuchaba la Palabra de Dios. Ella me revelaba por qué tenía aquellos sentimientos por los demás y por mí misma. Después de varios años recibiendo la invitación del oficial directivo para que asistiera al campamento de mujeres, decidí ir. Fue en ese hermoso lugar donde pude experimentar el amor de Dios en mi vida. Recuerdo que el sermón trataba sobre la mujer que padecía flujo de sangre. En el curso de la exposición pude oír mi nombre y una voz a lo lejos que me decía: “Ven a tocar mi manto y cambiaré tu vida”. Cuando pasé al frente para orar, pude dejar allí todas mis cargas y acepté al Señor como mi Salvador. Él perdonó mis pecados y me llenó de felicidad. El odio, la tristeza y la baja autoestima desaparecieron. Asistir a la iglesia empezó a llenarme de vida.

Dios me permitió trabajar en la iglesia con los niños. Luego fui enrolada como soldado del Ejército de Salvación. Poco después, pude convertirme en maestra de la escuela dominical y, más tarde, en secretaria de la Liga del Hogar.

Dios me ha cuidado todos estos años. Inicié una relación nueva con mi madre y una mucho mejor con mi padre. Me casé con mi gran esposo y, aunque no tengo hijos propios, me ha dado un gran hijo que crié y amo con todo mi corazón. He tenido la oportunidad de ser madre y aquí estoy, obedeciendo a aquel que ha sido tan fiel a mí. Junto a mi esposo, me preparo para servir a nuestro Dios como oficiala del Ejército de Salvación. Mi versículo preferido es Ezequiel 36:26 que dice: “Te daré un corazón nuevo y pondré un nuevo espíritu en ti; te quitaré tu corazón de piedra y te daré un corazón de carne”. Dios les bendiga.

Testimonio de la Cadete Irseris Agosto

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