SAconnects en Español

Soy valioso

Los hombres del albergue Harley House usualmente salen a comer pizza y a jugar a los bolos. Esto le da la oportunidad al Capitán Justin Caldwell de desarrollar relaciones con ellos.

Los hombres del albergue Harley House usualmente salen a comer pizza y a jugar a los bolos. Esto le da la oportunidad al Capitán Justin Caldwell de desarrollar relaciones con ellos.

Un autobús se detiene en la Casa Hartley, donde se pasan la vida varios indigentes. Los hombres se preparan para reingresar a la casa y volver a sus rutinas ahora que una velada especial de diversión y compañerismo ha llegado a su fin.

El Capitán Justin Caldwell, chofer del autobús y oficial directivo del Ejército de Salvación en Springfield, Ohio, se levanta de su asiento y concluye la noche de actividades con una oración.

“Los amamos y siempre pensamos en ustedes”, les recuerda Caldwell. Después de la oración, los hombres abrazan a Caldwell mientras se bajan del autobús.

Muchos de ellos dicen que el amor y la aceptación que reciben en esas noches de compañerismo los mantienen esperanzados mientras viven en una comunidad asolada por la adicción a la heroína. La convicción de que hay alguien que se preocupa por ellos y que los ama persiste en ellos.

Algunos de esos hombres, como Larkin Ferguson y Joseph Kibugwa, asisten a los servicios de adoración en el Cuerpo del Ejército de Salvación. La Casa Hartley, un albergue para hombres indigentes, queda a solo unos pasos del Cuerpo.

Encuentro consigo MISMO

Ferguson, un hombre parco de unos 60 años de edad dijo que —como indigente que era—, tenía una imagen muy pobre de sí mismo. Como resultado, rehuía al contacto con la gente. Pero el amor que halló en el Cuerpo le ayudó a restaurar su confianza.

Imworthsomething_ins2“Logré darme cuenta de que soy valioso para los demás, para Dios y para mí “, afirma. “Ante sus ojos nunca fui una persona desprovista de valor. Yo necesitaba hallar una manera de cerciorarme de que eso era verdad. Y aquí, en el Cuerpo, he podido constatar que lo es”.

Hace un año más o menos, comenzó a celebrarse todos los miércoles una noche de compañerismo. El Capitán Caldwell, otros hombres del Cuerpo y los residentes de la Casa Hartley salen a comer afuera. Y a veces van a los juegos de bolos, a ver una película al cine o a jugar a un centro de minigolf.

“Era como si Dios estuviese poniendo al mismo tiempo en los corazones de algunas personas [la idea] de que debíamos hacer algo por los indigentes”, dice Caldwell. “Empezamos a considerar varias ideas”.

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO?

Uno de los que aportó ideas fue Ryan Ray, director de recursos del Cuerpo. Ray recuerda una ocasión en que llevó comidas a la Casa Hartley después de la reunión de la junta.

“La mujer que recibió los alimentos se mostró extremadamente agradecida y dijo: ‘La gente suele pasarnos por alto’. Jamás olvidaré lo que me dijo”, afirma Ray. “Aquella experiencia persistió en mí, por lo que cada vez pensaba más en ella, al punto de que empecé a orar al respecto.

“Dios comenzó a hacerme sentir que esos hombres estaban ahí cerca, prácticamente en el patio de nuestro recinto, y ¿qué estábamos haciendo para conectarnos con ellos, escuchar sus historias e invitarlos a desarrollar una relación más cercana con Dios?”

Caldwell indicó que la comida debía ser parte del plan, pues en la Casa Hartley los hombres sólo recibían albergue.

“Es sólo una noche, pero una comida significa mucho para varios de esos hombres”, dice. “Es también una oportunidad para que [los muchachos del Cuerpo] salgan y les levanten el ánimo a esos hombres”.

Imworthsomething_ins3cómo familiarizarse

Caldwell dijo que otro de los objetivos era hacer una conexión con Dios.

“Oramos con ellos y algunos vienen a la iglesia, donde participan en el ‘grupo del hogar'”, expresa Caldwell. “También realizamos estudios bíblicos a los que ellos suelen asistir. Tratamos de conocerlos mejor, hemos logrado establecer una buena conexión con varios de ellos”.

Gracias a una beca “Strikepoint”, el Cuerpo pudo adquirir una pantalla inflable de cine de 5 metros que se puede instalar en el gimnasio. Venía también con un PlayStation 4, lo que les permite jugar con los videojuegos.

Ray recuerda que la primera noche del ministerio “los hombres empezaron a hacer muchas preguntas acerca de Dios y del Ejército de Salvación”.

“Sólo queríamos informarles que son amados y que hay personas que se preocupan por ellos”, dice Ray. “A partir de eso, se inició una gran conversación. Muchos de ellos se sensibilizaron. Expresaron su necesidad aún más.

“Estas personas sienten hambre de comunicarse y ruegan por ese tipo de interacción. Este tipo de ministerio llega al corazón y al alma de ellos. Esperamos que Cristo llegue a ser un agente de cambio en sus vidas”.

UN HOGAR CARIÑOSO

Ray dijo que, al cabo de poco tiempo, algunos de los hombres empezaron a asistir al Cuerpo.

“Eso resultó muy emocionante debido a las personas con las que pudieron interactuar”, dice. “Los miembros del Cuerpo los aceptaron, los amaron y los acogieron. También les mostraron un amor que les era extraño por lo inusual”.

“Los tatuajes y la rudeza de ellos no intimidaron a los miembros del Cuerpo. No es tampoco en lo que primero estos se fijan. Primero se fijan en el alma”.

Larkin Ferguson

Larkin Ferguson

Ferguson fue uno de los que empezaron a venir al Cuerpo y cuya vida, que se inició como niño sexualmente abusado, recorrió un camino verdaderamente desgarrador.

Habiendo trabajado como diseñador gráfico muchos años en Madison, Wisconsin, Ferguson se encontró de un momento a otro sin empleo y en situación de calle cuando tanto las oficinas en que trabajaba como el edificio en el que residía fueron vendidos. Cuando su gato de 21 años de edad falleció, las cosas se pusieron aún peores.

“Sin poder evitarlo, mi vida se vino abajo muy rápido”, recuerda Ferguson. “Traté de suicidarme. Intenté colgarme”.

UNA SENCILLA ORACIÓN

Para terminar con su vida, Ferguson ató un cable de corriente  en torno a un perchero en su clóset e inclinó todo su cuerpo hacia adelante. Pero Dios tenía otros planes.

“Fue lo más raro. Empecé a ver estrellas”, dice. “Vi como que estallaba una estrella delante de mi cara y oí con toda claridad: ‘No’. Y, ahí mismo, me detuve”.

Hace un año y medio más o menos, la hermana de Ferguson lo convenció de que se mudara a Springfield, pero su vida siguió siendo más o menos igual hasta que recibió una invitación para asistir un miércoles a una noche de compañerismo. Ferguson dijo que la primera noche que asistió, Caldwell oró con los hombres y les dijo que no era ningún accidente que todos estuviesen ahí en ese momento. Dios lo había planeado todo de antemano.

“Eso realmente me impactó”, dice Ferguson.

Caldwell pronunció la misma oración después de que todos disfrutaran juntos de una película y dijo que esperaba que todos ellos viniesen a la iglesia el domingo. En junio, Ferguson asistió por primera vez.

UNA CONEXIÓN CON EL CUERPO

“Entré al edificio y al ver a las personas que estaban ahí reconocí las caras de los que fueron al encuentro del miércoles por la noche; de ellos había sólo un puñado, pero cada una de las personas con las que me encontré me estrecharon la mano y me dieron la bienvenida”, señala Ferguson. “Tuve la sensación de que estaba en mi casa. A partir de ese día empecé a ir y lo he seguido haciendo hasta ahora.

“Realmente he encontrado un hogar ahí. Y gracias a ello mi fe se ha fortalecido”.

Joseph Kibugwa en alabanza

Joseph Kibugwa en alabanza

Desde su llegada al Cuerpo, Ferguson ha asistido a un retiro de verano en el Campamento de SWONEKY y a un evento de tres días de duración en Gatlinburg, Tennessee. Él viene desde la Casa Hartley, y tiene un nuevo gato.

“Una de mis oraciones era poder tener un lugar mío y esa oración está siendo contestada”, afirma.

Caldwell dijo que ha visto cómo se ha ido fortaleciendo la relación de Ferguson con Dios a través del tiempo.

“No tengo ninguna duda de que Dios nos envió a Larkin”, expresa Caldwell. “He visto cómo ha estado obrando Dios en su vida. Nos hemos reunido varias veces, hemos hablado y orado sobre la manera en que Dios se ha manifestado en su vida”.

TE RECIBEN CON LOS BRAZOS ABIERTOS

Joseph Kibugwa, que llegó a los Estados Unidos desde Tanzania para asistir al Clark State Community College en Springfield, vivió una experiencia similar en el Cuerpo. Joseph, un hombre de fe cristiana, se quedó en la Casa Hartley casi un mes mientras buscaba un lugar donde vivir, pero ahora viene al Cuerpo y está comenzando las clases para soldado.

“Los miembros de la iglesia son como una familia”, dice. “Ellos comprenden la situación que está viviendo prácticamente cada una de las personas que asiste al Cuerpo. Tú sabes que cuando vas a una iglesia nadie te dice: ‘Estoy contento de que estés aquí’. En cambio, en el Ejército de Salvación se me acercaron, tuvieron una conversación conmigo y me dijeron que les encantaría volver a verme a la semana siguiente”.

Kibugwa expresó que disfruta ver películas y jugar al básquetbol en las noches de compañerismo, pero también se acuerda de que Caldwell le decía que Dios tiene un plan para su vida.

“Ellos te hablan sobre tu relación con Dios”, cuenta Kibugwa. “Me alegra que aquí lo importante es cambiar vidas”.

UN GRUPO AGRADECIDO

Ese es el caso de muchos de los hombres. Herman Gatewood dijo que experimenta un sentimiento de “unidad” los miércoles por la noche, mientras que para James St. John, esa actividad le infunde “esperanza”.

Capitana Evelyn Caldwell

Capitana Evelyn Caldwell

“Es fácil llevarse bien con todos ellos”, apunta St. John a propósito de Caldwell y de otras personas del Cuerpo. “Hacen esto por un sentimiento de bondad que nace de ellos mismos. Parte del tiempo que suelen compartir con sus familias lo han estado dedicando a hacer esto.

“Me siento como parte de una familia cada vez que me reúno con ellos porque sé que realmente se preocupan por nosotros. Te lo hacen sentir, te lo aseguro. La paso muy bien cada vez que vengo”.

Phillip Carlton, un estudiante que asiste a Clark State University también ha estado viniendo al Cuerpo los domingos y dice que no le gusta para nada perderse siquiera una noche de compañerismo.

“Quiero morirme cada vez que los muchachos regresan y me dicen todo lo que hicieron y me cuentan adónde fueron”, explica. “Salir todos juntos de esta manera ayuda a romper la monotonía.

“Esto promueve la unidad, la hermandad y el compañerismo.”

por Robert Mitchell

Previous post

Coming in, going out

Next post

'I'm worth something'