¡Buenas Noticias!

¡Soy una sobreviviente!

Cuando pienso en las cosas que me obligaron a sobrevivir, las puedo resumir en una simple y concreta frase: “Estaba muy cansada de no sentirme bien conmigo misma”. Tuve una niñez traumática, sufrí inmensamente incluyendo incesto, violación, violencia doméstica y varios intentos de suicidio. Esos hechos me llevaron a sufrir Desorden de Stress Post-Traumático (PTSD), bipolaridad y adicción a las drogas.

Las heridas y el dolor me sobrepasaban a tal punto que no fue sino hasta cumplir 50 años cuando finalmente pude hacerme cargo de mi propia vida. Este año pasado fue cuando comenzó la verdadera sanidad en mi vida. Fui aceptada en el programa de Lucha contra el Tráfico Humano del Ejército de Salvación. Luego,  comencé a asistir al Ejército de Salvación, al Cuerpo de East Main en Columbus, Ohio.

Mi proceso de transformación tomó un rumbo definido hacia el bien. Descubrí cuánto me ama Dios y que desea sólo lo mejor para mí. Aprendí que las cosas malas también les suceden a las buenas personas  y que lo que me pasó a mí no fue culpa mía. Me di cuenta que no tenía que caminar sola porque Él es fiel en cuanto a proveerme y rodearme de personas buenas y sanas que se preocupan por mí, por lo que soy yo como individuo, y no por lo que pueda ofrecerles. Descubrí que podía recibir ayuda sin ser denigrada, lo que me trajo confianza y esperanza. También supe que estaba a salvo en los brazos amorosos de Dios y que simplemente podía descansar en Su presencia.

Participar en el programa contra el tráfico humano me enseñó cómo amarme a mí misma y cómo vivir sin negatividad y autodestrucción. Yo sentía rechazo hacia tantas situaciones y como resultado de eso, tomé malas decisiones en mi vida. Viví con mitos, supersticiones y mentiras, dejando que esas cosas gobernaran mi vida. Ahora creo en las verdades de Dios y camino en libertad, esperanza y amor.

Para decir algo mínimo, mi vida ahora es admirable. Tengo un grupo de ayuda increíble, tanto en lo profesional como en lo personal. Mi sueño es que mi corazón y mi mente puedan estar de acuerdo, y así convertirme en una mujer amorosa, madre, abuela, hermana y amiga. Mi trabajo es conductora de camiones. Sin embargo, mis antecedentes y mis problemas de salud me limitan a la hora de encontrar y permanecer en un trabajo. No obstante, estoy aprendiendo a tener una mente y un corazón abiertos. Creo que Dios me tiene justo en el lugar donde debo estar. Tengo herramientas que me mantienen en paz durante las tormentas. Las cosas todavía me salen mal, pero al usar mis nuevas herramientas, ahora me puedo sentar y procesar con claridad los hechos. También me mantengo en contacto con mi grupo de ayuda para asegurarme que estoy haciendo las cosas correctas. He aprendido a no dejarme llevar por mis emociones; he aprendido que no soy lo que me sucedió.

Dios es la prioridad en mi vida. Confío en Él para todo. Me apoyo en Él tanto en los malos como en los buenos momentos. ¡Él es mi todo!

por Michelle L. Clark

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