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Simon y Romina Morton

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Simon: Romina y yo estábamos en Roma, Italia, en un viaje con la Banda Juvenil del Gran Nueva York. Sin embargo, muchos de nuestros conciertos habían sido cancelados debido a faltaban los permisos requeridos. Eso nos permitió dedicar varios días a conocer diversos lugares turísticos en Roma y en otras partes de Italia. Y eso nos dio la una oportunidad de conocernos mejor.

Romina: Fue en un viaje a la ciudad de Roma en Italia cuando Simón se me acercó para hablarme. Es verdad que lo hizo porque yo sabía italiano y porque con una traductora que le salía gratis podría ir a conocer los atractivos turísticos de esa ciudad. Pero también aprovechó de mostrarme sus cualidades como persona e intentó hacerse el galán sorprendiéndome de maneras agradables, todo ello con miras a que yo le fuera cobrando afecto.

El estar casados supuso un cambio importante en mi vida—el de perder la libertad completa de hacer lo que quería cuando quería. No todo se podía hacer a mi manera, ni a la manera de ella, todo el tiempo.  Teníamos que ser respetuosos el uno del otro. Para mí fue un tremendo desafío mudarme y separarme de mis padres y hermanos para comenzar a formar mi propia familia. El desafío fue aún mayor porque no sólo tuve que dejar a mis padres y hermanos sino porque además, por las mismas fechas en que nos casamos, nos compramos una casa y debí enfrentar el reto adicional de empezar a convivir con Simón y a cumplir el papel de ama de casa y de buena esposa, así como la tarea de llevar todas las cuentas, tal como habíamos acordado cuando tomamos la decisión de casarnos.

No recuerdo jamás haber visto ni escuchado a mis padres discutir entre ellos, aunque estoy seguro de que lo deben haber hecho más de una vez. Si es que efectivamente lo hicieron, ellos nos protegían, a mi hermano y a mí, de ese tipo de situaciones. Y pienso que es importante que los niños puedan crecer en un entorno cariñoso como el que mis padres crearon para nosotros. De mis padres aprendí que como familia siempre debemos mantenernos unidos y que eso es lo más importante que podemos transmitirles a nuestros hijos. Aprendí que primero está Dios y segundo la familia. Aprendí que el mejor legado que le puedes dejar a tu esposo e hijos son los fundamentos cristianos, los valores cristianos y el temor a Dios.

He aprendido a hacer un esfuerzo consciente de mostrarme apreciativo de Romina; hacer cosas de manera espontánea sin que ella tenga que decirme que las haga y, en general, conocer su “lenguaje amoroso” para hacer que se sienta continuamente amada. Nunca dejes de hacerlo. Me he dado cuenta de que si uno de nosotros se pone flojo en nuestra interrelación, las cosas empiezan a desvirtuarse con mucha rapidez. Cuando uno pone a Dios en el centro de la vida, del hogar y del matrimonio, su vida como pareja, como marido y mujer, se hace mucho más llevadera. Dios nos ayuda a llevar nuestras cargas, a enfrentar nuestros desafíos y a superar nuestras aflicciones recordándonos que no estamos solos, pues Él nos acompaña a lo largo de todo el camino.  

Puesto que el inglés es el segundo idioma de Romina, a veces los mensajes de texto que me envía ¡me resultan completamente indescifrables! Cuando se los leo en voz alta de la manera en que ella me los escribió y los pronuncio imitando su acento, ¡terminamos riéndonos de buena gana! Podría sonar cruel, ¡pero ella sabe que lo hago en son de broma! Si yo pudiera preguntarle algo a Dios sobre mi matrimonio le preguntaría: ¿por qué le diste a mi esposo sólo la mitad su cerebro? ¡Es una broma!  La verdad es que le haría muchísimas preguntas, pero una de ellas sería: ¿por qué puso al hombre a la cabeza de la familia y no a la mujer?

Al cabo de este primer año de vida de nuestro hijo, es increíble ver la conexión que se ha establecido entre Romina y Sebastián.  Es en momentos como esos cuando realmente puedo apreciar lo imprescindible que ella es para su vida. Cuando nació nuestro hijo Ángelo Sebastián, descubrí no sólo que mi esposo es un muy buen hombre, un buen siervo de Dios y un gran esposo y mejor amigo, sino que es también un excelente padre que está dispuesto a darlo todo por su hijo y su familia, y que ama a su bebé con todo su corazón. Por eso veo ahora a mi esposo con más respeto, con mas admiración y con más amor.

Estoy seguro de que hay parejas que nunca pelean ni discuten, pero eso no significa necesariamente que todo sea color de rosa entre ellos todo el tiempo. Los matrimonios perfectos sólo se encuentran en los cuentos de hadas.   

Al dedicar un momento a estar con el Señor cada día puedo saber cuál es su voluntad para mi vida y dejarme guiar por Él en las áreas en que no lo estoy haciendo bien. En mis oraciones le pido a Dios todos los días que me muestre cómo ser una mejor hija de Dios y una mejor esposa y madre.

Puede que al principio del matrimonio la interacción entre ambos resulte más o menos difícil, ¡pero ten confianza! Sé paciente, busca primero a Dios y, con su ayuda, tu matrimonio saldrá adelante. Al hablar las cosas en pareja, se pueden resolver y vez evitar muchos problemas. El hombre y la mujer tienen diferentes formas de pensar y de ver las cosas y si uno como esposo o esposa no reconoce o no entiende esto, va a sufrir más de un dolor de cabeza durante su matrimonio.

Todas las situaciones son diferentes, pero creo que Dios puede sanar y de hecho ha sanado a matrimonios que han pasado por las peores crisis. Si los dos están dispuestos a hacerlo y ponen todo de su parte, podrán superar los malos momentos. Por eso les recomiendo que busquen ayuda profesional y se acuerden del compromiso que hicieron ante el altar.

Estamos lejos de ser perfectos. Sin embargo, cuando las cosas van bien, nos damos cuenta de lo felices que somos. El hecho de reflexionar sobre esos momentos positivos realmente nos ayuda a sobrellevar los momentos difíciles. Simón no sólo es mi esposo sino mi mejor amigo, alguien a quien le puedo contar todo lo que me pasa y en el que siempre puedo contar. Después de Dios, él es quien mejor me conoce.

¡No puedo esperar a ver cómo nuestra familia se sigue expandiendo! Espero poder seguir disfrutando de su compañía y gozar riéndome con él a diario. Y mi deseo es poder llegar a viejitos con mi esposo y recordar nuestros comienzos y todas las alegrías que habremos pasado juntos.


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