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Segundas oportunidades

Desde el momento en que me enlisté en el Ejército de los Estados Unidos de América, hasta el que me dieron de baja, transcurrió un poco más de dos años; un tiempo menor al promedio de permanencia de cuatro años. También fue un par de décadas menos de lo que había planeado, considerando que tenía toda la intención de completar mi carrera militar.

Comencé en el punto en el que uno dice: “¿Dónde firmo?” y llegué a decir: “¿Qué pasó?” Toda mi carrera estaba grababa en piedra para mí y yo puse todo de mí, mirando hacia el futuro. Hoy, habiendo transcurrido muchos años, entiendo el viejo dicho: “Si quieres ver reír a Dios, cuéntale tus planes”. 

“[Cristo] es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero” (Colosenses 1:18 NVI).

 Los problemas

Originalmente me incorporé al Ejército para ser artista. Sí, tienen artistas en el Ejército. Fue difícil ingresar al cuerpo de arte, pero quería servir a mi país, y hacerlo usando los talentos que Dios me había dado. Eso significaba que me podría haber retirado en el 2005, a los 43 años. Con gusto esperaba encontrarme con unos pocos años de vida bajo reglamento, y luego tomar el resto de mi vida con calma.

Ahora puedo mirar hacia atrás y ver mis errores. Muchos de mis hábitos tuvieron que ver; ser testarudo y perezoso y sí, apresurarme para casarme. Si ustedes le preguntaran a cualquiera de mis compañeros de la unidad qué fue lo que me llevó a la baja, ellos les dirán que sin duda fue el último punto. Mi ex esposa y yo peleábamos mucho, y muchas veces la policía militar tuvo que intervenir. Eso ocurría tan a menudo que mi comandante terminó echándome.

Por un tiempo estuve amargado. Todo lo que había planeado se había arruinado. Culpé a mi esposa, a mi comandante y a otros, pero nunca a mí mismo. Mi ex esposa y yo nos separamos y me mudé a Texas para estar cerca de la familia. Ellos me brindaron todo el apoyo que necesité en ese tiempo, incluyendo el involucrarme en la iglesia y, lo más importante, mi relación con Dios.

 ¿Cuál es tu voluntad?

Con el tiempo Él me ayudó a entender que el colapso de mi carrera había sido culpa mía. Los otros factores en mi caída fueron simplemente síntomas de una única cosa: yo me había puesto a mí mismo por sobre Dios. Mi relación con Él era: “Señor, yo quiero…” en lugar de: “Señor, estoy aquí, ¿cuál es tu voluntad?”

Una vez que me di cuenta de eso, fui a Dios y le pedí perdón. Le entregué mi vida y, de alguna forma, una parte de mi pasado fue blanqueada. Lo que ahora me hace reír es que al día siguiente, un amigo y yo teníamos planes para ir a un show aéreo. Cuando llegamos estaba la policía militar ordenando el tráfico. Le preguntamos a uno de ellos quiénes eran. Él nos contestó: “la guardia del Estado de Texas” y nos dirigió al lugar donde tenían sus cosas, dentro del campamento. Mientras hablaba con el oficial en ese lugar me di cuenta de que Dios sabía que yo iba a estar en ese lugar.

Por supuesto que el lugar donde estábamos conversando estaba preparado para el reclutamiento de personas. Me  tomé todo el tiempo necesario para averiguar todo sobre ellos. Le conté al oficial todo sobre mi pasado militar. Al término de una hora el comandante de la unidad dijo: “Si puedo hacer que el gobernador firme tus papeles, ¿estarías interesado en ingresar?” Dije que sí, completé lo que tenía que completar, concluí la conversación con un apretón de manos y salí para disfrutar el show. Dos semanas más tarde me llamó, mi ingreso había sido aprobado.

 Siguiendo a Cristo

Al sábado siguiente me incorporé con el grado de cabo. Se trató de una promoción instantánea, porque yo había sido degradado a soldado raso cuando dejé el Ejército. Durante los próximos siete años tomé todos los cursos posibles. Cumplí funciones en esa unidad como edecán del comandante, personal, reclutamiento y sargento de entrenamiento.

En ese período avancé tres rangos. En lo que pudiera contribuir a la División, allí estaba yo. Traté de seguir la guía de Dios. Dios había vuelto a ser el centro de mi vida y me concedió los deseos de mi corazón, justo como dice que lo haría en Mateo 7:7. Era  Su voluntad que yo estuviera en el Ejército, pero no de la forma en que yo había pensado. Esta es una parte de mi vida que algún día estoy seguro que Él usará para Su gloria.

Dios sabía que el amor que yo sentía por mi país era una parte muy importante de mi vida. Él quería que yo lo viviera y lo expresara. Pero tenía que aprender que Él estaba por sobre eso, como dice en Colosenses 1:18–23. Una vez que le entregué todo a Él, el resto simplemente se acomodó. A través de todo eso aprendí a estar contento con lo que Él me da o me niega.

 por Mark Payton

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