SAconnects en Español

¡Se trata de los Otros!

La meta de Brad McCurtain era ganar un millón de dólares antes de cumplir los 35 años. El corredor de acciones de Portland, Maine, cumplió ese objetivo un año antes de lo anticipado, pero ese logro no lo hizo sentirse realizado.

“Para muchas personas, el dinero se vuelve adictivo”, dice McCurtain. “Mientras más ganan, más dinero quieren ganar. Pero ese no era mi caso. Me sentía como un velero sin viento, con la vela floja y el bote sin impulso, porque no me había propuesto un nuevo objetivo”.

El flamante millonario no lo sabía en ese momento, pero su vida estaba a punto de cambiar. McCurtain solía ver programas políticos en la televisión los domingos por la mañana. Un día, y sin siquiera darse cuenta, se quedó mirando el programa “La hora del poder”, dirigido por Robert Schuller.

“Siempre tenía de invitados a gente increíble: ejecutivos de grandes corporaciones y deportistas. El denominador común era la fe de las personas”, cuenta McCurtain.

McCurtain ya había sido miembro de la junta asesora del Ejército de Salvación por 15 años, pero nunca había escuchado la historia del telegrama sobre “Otros” enviado por el Fundador William Booth.

Una nueva perspectiva

Brad McCurtain stands outside his café, where the profits all go to charity.

Esa mañana, la invitada de Schuller fue la entonces Generala Eva Burrows. Ella le contó cómo fue que Booth, la Nochebuena de 1910, envió un telegrama a la convención anual del Ejército de Salvación. Sin fondos suficientes, Booth envió un mensaje de una sola palabra: “Otros”.

“Escuchar esa historia transformó mi vida”, cuenta McCurtain. “Yo dije: ‘¡Vaya!’ Comencé a pensar en las cosas de adentro hacia afuera, en vez de pensar siempre en mí, en mí, en mí. Eso me hizo pensar en el materialismo”.

En la actualidad, McCurtain administra y es dueño del popular café Others!, ubicado en el centro de Portland, el lugar para tomar café y un helado tipo italiano. Con el paso de los años, ha donado las ganancias del café a varias instituciones de caridad.

“Lo he donado todo”, dice McCurtain. “Es más una misión que otra cosa”.

McCurtain hizo su dinero con la aseguradora Maine Securities Corporation, una firma de corretaje de valores que estaba ubicada en el segundo piso del mismo edificio en que se encuentra el café Others! Inauguró el café en el 2005, pero antes de ponerle nombre, quería recibir la bendición de sus amigos los Comisionados Carol y Todd Bassett, que eran a la sazón líderes nacionales del Ejército de Salvación.

El nombre perfecto

“Les dije que realmente quería enfocarme en lo que un negocio podría hacer para el bien de los demás, no en lo lucrativo que pudiera ser. El nombre ‘Others’ me pareció muy apropiado”, dice McCurtain.

La respuesta de Todd Bassett fue que pronto iba a pasar a retiro y se iba a ir a vivir a Old Orchard Beach, Maine, que quedaba muy cerca, y que podría ir a ayudar a McCurtain a servir helado a los clientes. A los Bassett les encantó el nombre ‘Others’, de modo que así quedó.

Todos los días un flujo constante de personas entra a ese acogedor salón de café, con sillas muy cómodas y muchas revistas SAconnects para que los clientes las lean mientras disfrutan de su café.

Cada cliente ayuda a McCurtain a elegir una institución de caridad a través de algo que él llama “Votación para cambiar al mundo”.

“Puedes nominar tu organización sin fines de lucro favorita y al final de cada trimestre, la que resulte más popular, a esa le enviamos los cheques”, dice. “Somos una compañía de responsabilidad limitada de bajas ganancias. Puedes obtener ganancias, pero tiene que ser una finalidad secundaria respecto de lo primordial que es hacer el bien. Todo lo que Others! ha hecho en ganancias en el curso de los años, lo he donado a distintas instituciones de caridad”.

Algunos de los ganadores recientes fueron organizaciones dedicadas a la salud, a los jóvenes y a la comunidad inmigrante. El letrero a la entrada del café dice: “Others! Cambiamos al mundo con el café… taza por taza”.

Del cielo al suelo

Se puede ver a McCurtain, que se niega a decir cuánto dinero ha donado en el curso de los años, en el café, incluso a veces detrás del mostrador. Cuando le preguntamos por qué lo hace, McCurtain tiene la respuesta lista.

“Hay una sola respuesta para explicar la motivación por la que hago esto y es Dios”, dice McCurtain. “Estoy tratando de glorificar a Dios. Soy muy afortunado. Dios me ha bendecido abundantemente.

“Lo que yo tengo, se lo debo a Él. No tengo la menor duda al respecto. Dios y mi fe en Jesucristo son lo que me ha llevado a lo que soy hoy”.

Desde que era niño, McCurtain sentía fascinación por la riqueza. Salió de su trabajo en la banca a los 24 años y probó suerte como corredor de acciones. Sin embargo, dos veces en su vida pasó de millonario a tener un “patrimonio neto negativo”.

“Eso me sucedió porque cuando alcanzaba esa meta de llegar al millón de dólares, mi motivación para seguir ganando más dinero se desvanecía”, explica. “No sé cómo habría superado esos momentos de no haber sido por mi fe”.

Grandes sueños

La pasión de McCurtain ahora se enfoca en tratar de desarrollar un café adquirido en el mercado según las normas del comercio justo y que lleve la marca Ejército de Salvación. Desde el 2009, ha viajado por sus propios medios a las tierras cafeteras de Centro América y África para aprender más acerca de ese café que se adquiere respetando las normas del comercio justo. Es ese el café que sirve en Others!

“Este negocio del comercio justo es maravilloso”, dice McCurtain. “Se trata de personas que trabajan duro, pero que generan un producto cuyo precio está fuera de su control.

“Todo lo que estamos haciendo con este sistema de comercio justo es acordar el pago de un precio justo por el trabajo que hacen. Lo que acordamos es pagar un precio justo por el café a los agricultores que nos lo venden”.

McCurtain ha conocido personalmente a los productores y procesadores de café en Kenia y piensa que desarrollar un café orgánico en base al comercio justo y que lleve la marca del Ejército de Salvación podría ayudar a todos.

“Eso se ha convertido en mi misión y es lo que me mantiene despierto durante la noche, en el buen sentido de la expresión, y lo que me hace levantarme temprano por la mañana: pensar en los entrañables africanos y en lo bien que me tratan como amigo e invitado y en cómo los puedo ayudar. Para muchos de ellos, soy el único amigo que tienen en el mundo occidental”, explica McCurtain.

Alguien que no se da por  vencido

Aunque el camino ha sido frustrante debido a lo complejo de muchos asuntos del negocio, McCurtain se mantiene optimista.

“No me he dado por vencido”, dice McCurtain. “Mi objetivo es poder ver un día este café orgánico del Ejército de Salvación adquirido según las normas del comercio justo. Sé que este proyecto ha tardado mucho, pero no he perdido la fe que le tengo.

“Es de esperar que el Ejército de Salvación pueda venderlo algún día y que la gente se sienta movida a comprarlo porque es un gran café que lleva la marca del Ejército de Salvación y que representa algo, y la gente sabrá lo que representa y valorará este café”.

Desde 1979, McCurtain asimiló esos valores mientras servía en la junta asesora en Portland. Su abuelo, Christian Olesen, Jr., había estado en esa misma junta asesora antes de él.

“De no haber formado parte de la junta asesora, no estoy seguro de lo que habría sido mi vida”, explica McCurtain. “El Ejército de Salvación es mi familia”.

Dar siempre más

McCurtain, que es soltero y nunca se ha casado, perdió a sus padres y a gran parte de su familia. Pasó varios de los últimos feriados en compañía de un colega de la junta asesora, Stephen Woodberry, que falleció el año pasado.

Varios años antes de sumarse a su amigo de la junta asesora, McCurtain solía cocinar en el Centro de Rehabilitación para Adultos de Portland (ARC) los días de Acción de Gracias y de Navidad.

“Siempre hay una o dos personas en el ARC que están solos”, cuenta. “Lo que me gusta hacer es hallar a las personas que están solas, sentarme a su lado y ver si puedo entablar con ellas una conversación. Y la verdad es que suelen contar historias muy interesantes”.

McCurtain ha contratado a varios graduados del ARC para que trabajen en el café. Y ha optado por una política muy particular a la hora de contratar trabajadores.

“En los 12 años que llevo aquí, todas las personas a las que he contratado han llegado a mí por una situación de desempleo”, explica. “Nunca he contratado a nadie que ya tuviese un trabajo y que estuviera buscando uno nuevo. Muchos de los que he contratado han llegado de un programa de recuperación o son madres solteras. Trato de contratar personas que hayan estado en una situación difícil”.

Testimonio sutiles

Por varios años, McCurtain abre Others! las mañanas de Navidad y ofrece todo gratis. Está tratando de organizar otra cena de Navidad en el Cuerpo de Portland.

“Yo venía las mañanas de Navidad a cocinar al ARC y veía a las personas afuera sentadas en los bancos, solas y aisladas. No podía pensar que alguien estuviera solo el día de Navidad”, recuerda McCurtain.

Cuando las personas vienen al mostrador a pagar, McCurtain les responde con sencillez: “Feliz Navidad”.

“Es una manera interesante de dar a conocer el mensaje navideño”, dice McCurtain. “A veces puedes acercar a las personas a Dios y a Jesús de las maneras más sutiles”.

El hombre que una vez se propuso la meta de llegar a ganar un millón de dólares ahora les entrega a sus clientes billetes de un millón de dólares. En realidad, son tratados de una iglesia del vecindario, pero llaman fuertemente la atención de la gente.

McCurtain dice acerca de esos tratados: “Probablemente generan más atención que cualquier otra cosa que tenga aquí. Es increíble el número de personas que los leen y se los llevan a casa.

Sus propósitos

“Esta es mi misión. No sé si quiera seguir operando esta cafetería para siempre, pero me gusta hacerlo ahora, y me encanta ver entrar a la gente. Cuando surge la oportunidad de decirles: ‘Dios te bendiga’, lo hago. En el futuro, espero pasar más tiempo en los países productores de café y abogar por la comercialización justa del café”.

McCurtain se levanta a las 5:30 de la mañana, toma el autobús y empieza a trabajar durante la hora de recorrido que es lo que el bus tarda en llevarlo hasta la cafetería.

“Estoy aquí porque quiero”, explica. “No sé cuántos años más me va a conceder Dios. Nadie lo sabe. Pero si tomo como referencia la expectativa de vida normal para una persona como yo, me debiesen quedar todavía unos 20 años más. Esos años estarán dedicados a trabajar con el Ejército de Salvación en la venta de este café adquirido según las normas del comercio justo.

“Esa es la razón por la creo que Dios me colocó en este lugar”.

por Robert Mitchell

 

Previous post

Los rompemaldiciones

Next post

Accepted Candidates for Messengers of the Kingdom 2018