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Sanidad en Honduras

Durante los pasados 17 años, los hermanos Raymond ―doctores Frank, Clifford, Jonathan, Norman y Russell― liderados por el Mayor Richard Shafstall, oficial jubilado del Ejército de Salvación, han reclutado a un equipo de enfermeras, especialistas médicos y salvacionistas del Territorio Este de EUA para servir en San Pedro Sula, Honduras. Todos ellos han provisto asistencia médica gratuita y sanidad espiritual a los residentes más necesitados de esa ciudad. Frank, Clifford y Norman son obstetras-ginecólogos; Russell es cardiocirujano; y Jonathan es psicólogo del comportamiento y ex presidente de una universidad en Estados Unidos. A Norman lo acompaña Jackie, su esposa, que es enfermera titulada. También han abierto brecha en este esfuerzo misionero de asistencia médica en Honduras Karen y María, esposa, aquélla, de Russell y, esta, de Clifford.

HealinginHonduras_1Hace veinte años, Honduras sufrió una destrucción inimaginable tras el paso de una terrible tormenta tropical. Y en la actualidad, debido a la violencia de las pandillas, el país es considerado uno de los más peligrosos del mundo.

A pesar de esa realidad, los Raymond continúan realizando sus misiones año tras año. Con cada viaje, los hermanos y su equipo llevan consigo más de 500.000 dólares en concepto de medicamentos para mujeres embarazadas, vitaminas, medicinas para tratar enfermedades de la piel y muchos otros suministros. Suelen remover lunares cancerosos de la piel, tratan una variedad de infecciones y realizan todo tipo de exámenes médicos. También han tratado heridas de bala y de machete en el campo. En menos de una semana, llegan a ver hasta 4.500 pacientes, muchos de los cuales reciben atención de un doctor por primera vez en su vida.

“Lo que nos inspira en esta misión es el mensaje de Cristo de amarnos unos a otros”, dice Norman, Sargento Primero en la Capilla del Ejército de Salvación en Worthington Woods, Ohio. “Jesús dijo: ‘Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron. Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí…’ Hasta un vaso de agua fría, medicamentos o un par de zapatos, ofrecidos en Su nombre, significa todo para personas que no tienen nada”.

 LA TORMENTA

El Ejército de Salvación ha estado en Honduras desde la década de 1950. Pero cuando el Huracán Mitch golpeó a ese país en octubre de 1998, los oficiales de Ohio Noreste le pidieron ayuda a la familia Raymond.

Frank, Clifford, Norm, and Russell Raymond.

Frank, Clifford, Norm, and Russell Raymond.

“Recuerdo que no pudimos viajar a Honduras sino hasta enero de 1999, pues durante varios meses el aeropuerto estaba inundado por las aguas de las crecidas. Los aviones no podían despegar ni aterrizar”, afirma Russell.

Cuando los hermanos llegaron en enero, vieron el daño que había causado Mitch. El noventa por ciento de las empresas e industrias hondureñas quedaron destruidas. El agua salada, a su vez, destruyó la agricultura y contaminó una tierra que antaño fue muy fértil. El suministro de agua potable, fresca y limpia, ya no existía. Miles de personas perdieron la vida.

“En un solo día, murieron 10.000 personas”, dice Norm. “Familias completas fueron arrastradas por las aguas y murieron ahogadas. La gente que logró sobrevivir debió correr hacia lo alto de las montañas para escapar de la inundación. Ésa es la razón por la que se ve tanta pobreza a medida que uno sube por las montañas en Honduras. Esas son las personas que lo perdieron todo”.

Norman recuerda haber conocido a una mujer que perdió a sus dos hijos y a su marido. Este había sido un banquero exitoso que mantenía a su familia, pero debido a que ella no tenía educación ni experiencia laboral, se vio forzada a vivir en las montañas con su hija, que había sobrevivido al desastre. La única posesión material de la que la madre era dueña era su anillo de matrimonio, el cual atesoraba.

“Esa mujer pasó de tener una vida cómoda, de clase media alta, a vivir en la más completa pobreza”, cuenta Norman. “Su historia es una de miles”.

LA MISIÓN

Desde el año 1980, la Fundación Raymond, una institución de caridad creada por Cliff y Marcia Raymond, ayuda a financiar el viaje a San Pedro Sula. El objetivo inicial de la fundación era ayudar a niños y jóvenes a asistir a una escuela secundaria cristiana y a la escuela de medicina. Pero con el paso de los años el foco se concentró en el viaje misionero a Honduras.

Lo que hacen los hermanos es traer a San Pedro Sula a otros doctores y enfermeras procedentes de Chicago, Nueva York, Cleveland y Columbus, su ciudad natal. Cliff afirma: “El viaje siempre es una bendición para nosotros. Es un privilegio ayudar y servir. Es también una manera de trabajar juntos con nuestros colegas y aprender unos de otros en un entorno muy alejado de lo que es una clínica tradicional”.

Dr. Norman Raymond and a nurse work with patients in Honduras.

Dr. Norman Raymond and a nurse work with patients in Honduras.

Cliff indica que, a menudo, el equipo ve situaciones que son completamente desconocidas en Estados Unidos, como la de una paciente que tenía un severo caso de catarata bilateral. Cliff sintió la presencia de Dios mientras atendía a esa mujer. “En ese tiempo, no había todavía un Cuerpo del Ejército en Honduras. De manera que, unos días antes esa misma semana, asistimos a un servicio que se realizó en el hotel donde nos hospedábamos. Ahí conocimos a un gran oftalmólogo que había enseñado en Estados Unidos, y ahora practicaba su profesión en las afueras de San Pedro Sula, en un pueblo llamado El Progreso”.

Los Raymond llevaron a la mujer a la clínica del oftalmólogo, quien les informó que el de la mujer era el peor caso de cataratas que jamás había visto. Ese día, cuando se le removió a la paciente una de las cataratas y se le implantó el lente correctivo, ella quedó con visión 20/20 en uno de sus ojos por primera vez en 12 años.

“El riesgo era demasiado alto como para realizar la operación en ambos ojos en tan poco tiempo”, recuerda Cliff. “Pero al año siguiente regresamos al mismo pueblo, llevamos una vez más a la mujer al mismo oftalmólogo, y este le reemplazó el otro lente. Ayudar a esa mujer nos llenó de una profunda alegría a todos los que formábamos parte del equipo y también a todo el pueblo donde ella vivía”.

La Fundación Raymond provee financiamiento anual para que dos niños puedan viajar desde Honduras a la Clínica de Cleveland y recibir tratamiento por su cardiopatía congénita mediante una operación a corazón abierto. La clínica y la fundación comparten el costo del vuelo y de la operación. Hasta la fecha, 27 niños han recibido este tipo de operaciones en la ciudad de Cleveland.

EL EJÉRCITO

El Ejército de Salvación y la Fundación Raymond han trabajado mano a mano para seguir realizando todos los años el viaje misionero a Honduras. Gracias a las subvenciones y aportes se ha podido adquirir ropa, comida y Biblias. Varios oficiales del Territorio Este viajan con los doctores y sirven junto a ellos como asistentes, traductores y terapeutas.

Russell comenta: “Los médicos que vienen con nosotros nos cuentan que en otras misiones en las que participaban se les exigía cubrir sus propios gastos. Pero aquí el Ejército de Salvación ayuda a pagar el alojamiento y el transporte de todos ellos. Eso nos ha permitido realizar el viaje todos los años”.

Los Raymond se dieron cuenta muy pronto de que en San Pedro Sula residían muchos salvacionistas. Los hermanos apoyaron a esos salvacionistas en la tarea de establecer un Cuerpo, el cual pudo incluir al fin una escuela. Actualmente se está considerando la posibilidad de construir una segunda escuela, más grande que la primera, la cual enrolará a 400 niños.

HealinginHonduras_4“Antes de dirigirnos a las aldeas, celebramos un servicio matutino en el Cuerpo San Pedro Sula. Es una manera maravillosa de decirle ‘gracias’ al Ejército, y también nos ayuda a dar a conocer nuestra misión”, dice Russell.

“Cuando los residentes locales ven que esta iglesia se preocupa por traerles doctores estadounidenses para que los atiendan, se hacen una idea muy clara de lo que es el Ejército. Cuando muchos de los soldados de aquí eran niños, vieron cómo ayudábamos a sus amigos, vecinos y a los miembros de sus propias familias”.

Cuando los niños viajan desde Honduras a la Clínica Cleveland para recibir tratamiento, un oficial del Ejército acompaña a la familia del niño y le ofrece apoyo y orientación.

Norm explica: “Informados de este sobrecogedor servicio que ofrecemos a los demás, los Comisionados Barry y Sue Swanson, líderes del Territorio Este de EUA, han apoyado con gran entusiasmo este ministerio. Ellos a su vez han sido una bendición para miles de hondureños empobrecidos”.

EL FUTURO

El Dr. Russell Raymond mira esperanzado la posibilidad de seguir realizando esta misión año tras año, a pesar de la violencia que asola al país. “Sin duda que hay peligro, igual que lo hay en las grandes ciudades de Estados Unidos. Pero me alegra poder decir que no he oído hablar nunca de un caso de hostigamiento contra ninguno de nuestros equipos misioneros, ni siquiera de que hayan sido abordados por alguna de las pandillas. Ellos saben que venimos aquí a ayudar a sus familias. Es cierto que las pandillas pelean unas contra otras, pero ambos lados se ven beneficiados por nuestra presencia aquí”.

El Dr. Cliff Raymond dice que el trabajo que los doctores llevan adelante cumple con el lema original del Ejército de Salvación que dice: “Con el corazón a Dios y la mano al hombre”.

“Cuando empezamos estos viajes, le dedicamos todo esto a nuestro padre, un devoto pastor cristiano del Ejército de Salvación. Su fe, siempre lo hemos creído, es una de las razones por las que Dios ha sido tan bueno con nosotros. Aceptamos a Jesús como nuestro Salvador; además, tenemos el deseo y el conocimiento necesario para realizar estos viajes por Sus hijos”, afirma Cliff.

El Dr. Norm Raymond confía en que habrá otros salvacionistas que llevarán adelante la obra cuando él y sus hermanos ya no estén. Muchos que forman parte de la próxima generación de doctores y enfermeras de la Fundación Raymond ya han empezado a realizar este mismo viaje.

“Confiamos que habrá otros médicos que escucharán hablar de lo que nosotros hacemos. Ellos vendrán a Honduras y quizás hasta recibirán la ayuda de los niños y niñas a los que hemos tratado como pacientes, o con los que hemos compartido en los servicios de adoración en el Cuerpo de San Pedro Sula, o que han asistido a las escuelas del Ejército de Salvación. Estoy seguro de ello”.

por Hugo Bravo

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