SAconnects en Español

Rosemary St. Denis: Un hogar para todos

Durante casi tres décadas, el hogar de Rosemary St. Denis y su esposo Bruno ha sido conocido por el Condado de Ontario, Nueva York, como una casa de acogida para niños de hogares disfuncionales o con necesidades especiales.

“Ningún niño pide que lo traigan a este mundo, por lo que no tienen control alguno sobre el lugar que lo va a recibir, si va a ser el de una familia cálida y estable o el de una que no lo es”, explica Rosemary. Su hogar ha acogido a niños que necesitan un lugar para pasar la noche o incluso para quedarse durante años, y otros que necesitan ser adoptados.

“Y, por supuesto, ningún niño es perfecto. Pero cuando llegas a conocerlos bien, te das cuentas de que la mayoría de los que vienen a vivir a mi casa desean algo mejor que la situación de la que fueron sacados”.

Acogemos a familias enteras

Rosemary St. Denis se crió en el Ejército de Salvación y en la actualidad asiste al Cuerpo de Canandaigua, Nueva York. Aprendió a acoger en su hogar a otras personas viendo cómo lo hacían sus propios padres.

“Ellos creían firmemente en este tipo de ministerio de enlace comunitario personal”, dice Rosemary. “No sólo invitaban a su hogar a los niños que necesitaban un lugar seguro dónde vivir. También acogían a sus padres para que se quedaran con nosotros y les ofrecían ayuda para que pudiesen enfrentar la vida”.

Lo que hacía Rosemary era armar mesas en la sala de estar para celebrar la cena del día domingo de manera que las familias invitadas pudiesen cenar juntas, una tradición que ella y Bruno han seguido celebrando en su casa.

“Me preocupo siempre de que los padres puedan ver que sus hijos se encuentran en un lugar donde son queridos y donde reciben la ayuda que necesitan. No sólo es bueno para el niño acogido que recibimos para tenerlo bajo nuestro cuidado; también es bueno para las propias mamás y papás. Ellos necesitan ver con sus propios ojos una nueva manera de hacer las cosas en sus propias vidas, de modo que luego puedan aplicar esas lecciones en sus hogares”.

Cuando esos padres experimentan ese tipo de bondad, dice Rosemary, muchas veces se esfuerzan más por mejorar sus propias situaciones; de modo que cuando esos niños regresan encuentran a un papá y una mamá que juntos conforman un mejor hogar que el que habían dejado. “Y nunca más vuelven a estar en un hogar de acogida”, dice Rosemary. “No basta con ayudar a una persona aislada de todos los demás. Tienes que esforzarte por atender y fortalecer la estructura completa de los parientes cercanos que conforman esa familia”.

Ella también alienta a los niños a los que la familia adopta a mantenerse siempre en contacto con sus padres biológicos, siempre que esos padres muestren el deseo de seguir formando parte de las vidas de sus hijos.

“Si esas familias se esfuerzan por hacerlo, nuestras puertas están siempre abiertas para ellos. Pero si no constato una mejora en ese sentido, les hago saber que su inestabilidad no ayuda. Si no hacen un esfuerzo sostenido por mejorar, todos veremos a esos jóvenes heridos cuando lleguen a ser adultos quebrantados”.

Con la ayuda de Dios

Hoy, incluso con 18 niños que legalmente forman parte de su familia, 17 nietos y 2 bisnietos, Rosemary no muestra señales de querer bajar el ritmo.

Se siente feliz de compartir recuerdos y experiencias como madre sustituta, por ejemplo los viajes por tierra que la familia hace desde el norte del estado de Nueva York a Disney World en una casa rodante, o como cuando un niño al que ella había acogido en su hogar regresó a tocar la puerta de la casa para ver si ella seguía siendo madre sustituta.

“Recordaba a Matt con toda claridad. Muchas veces los invitamos a él, a su mamá y a su papá a comer en casa. Matt ahora es un adulto con su propia familia”, cuenta Rosemary.

También ha habido dificultades a lo largo de los años. La familia St. Denis ha tenido que acoger en su casa a niños agresivos, a padres biológicos airados y a pequeños con graves condiciones médicas, como escoliosis y cáncer, casos en que se ha requerido de tratamientos de quimioterapia. Incluso con dificultades como esas, Rosemary desearía poder hacer aun más.

“Una ocasión en que me estaba recuperando de una cirugía del hombro, incluso con asistentes contratados y con la ayuda de Bruno, me vi en la necesidad de comunicarle al condado que no podía acoger a más niños durante un período de tiempo. Me dolió mucho tener que decirles eso”, reconoce Rosemary.

“Son muchas las personas que me han preguntado cómo me las arreglo para hacer esto”, cuenta Rosemary. “Les digo que hay una sola manera: con el Señor a mi lado. Él me ha guiado a acoger a cada uno de los niños que ha llegado a mi hogar y nunca me ha dado más de los que puedo tratar.

“Con la ayuda de Dios, le he podido dar la bienvenida a más de 150 niños en mi hogar, y les puedo decir el nombre de cada uno de ellos. Si me dan un poco de tiempo para pensar con detenimiento, hasta los puedo nombran en el orden en que llegaron”, dice Rosemary con una sonrisa.

por Hugo Bravo

Previous post

Mother: A home for all

Next post

Homenaje a Virginia Downing