SAconnects en Español

Rompa el poder del pecado

Cox_Andre_2016El Domingo de Pascua muchos cristianos, alrededor del mundo, se reunirán para celebrar un servicio —al amanecer de Pascua— en el que proclamarán que: “¡Él ha resucitado!”

¡Qué gloriosa celebración representa el Domingo de Pascua para cada uno de nosotros! Al resucitar a Cristo, Dios destruyó el poder del pecado y nos hizo libres. Al resucitar a Cristo, Dios estableció un futuro eterno para cada uno de nosotros.

El coro de la canción “Hagamos su alabanza gloriosa”, de Robin y Bill Wolaver, dice: “Grita de alegría a Dios toda la tierra, canta gloria a Su nombre. Anunciar en voz alta Su patrimonio maravilloso.  Proclama Su justicia. ¡Gloria, honor, bendición y poder sean para el Señor! Ven y hagamos Su alabanza gloriosa.”

Al celebrar lo real y glorioso del Cristo resucitado, nuestros corazones se llenan de alabanza y adoración, a la vez que adquirimos una nueva visión y comprensión del eterno propósito de Dios y de Su plan de salvación para el mundo.

Para muchas personas la religión no es más que una filosofía intelectual, algo que sólo hacemos en ocasiones especiales y dentro de un contexto específico que, tristemente, no tiene ninguna influencia en la manera en que vivimos y actuamos.

Por desdicha, podemos perder la esencia de todo el mensaje de la Pascua acerca del poder transformador de vidas. No se trata de filosofía ni religión; se trata de una relación personal con Dios, hecha posible a través del ¡sacrificio de Jesús en la cruz!

En su carta a los Colosenses Pablo dice: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra,  pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria” (3:1-4 NVI).

Nuestra relación con Cristo hace que veamos las cosas desde una perspectiva diferente. Cristo se ha convertido en el centro de atención de nuestras vidas. Es mucho más que emociones, que observar rituales y practicar disciplinas espirituales.

Las cosas de este mundo son vistas con una perspectiva diferente, lo que modifica profundamente la manera en que pensamos y actuamos. Aquí, Pablo trata de un tema muy práctico en cuanto a cómo deben vivir los hombres y las mujeres que han sido reconciliados con Dios.

Es como si nuestros ojos espirituales fuesen abiertos y ganáramos mucha más comprensión acerca de los propósitos eternos, de modo que empezamos —a través de la fe— a experimentar verdaderamente el triunfo sobre la oscuridad y la desesperación.

A través de los ojos de la fe entendemos mejor el plan redentor de Dios para el mundo, tal como lo hallamos en el mensaje del Evangelio: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.  Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios” (Juan 3:16-18).

Es lamentable que, en este mundo, experimentemos tiempos de tristeza, pérdida de fe y desesperación. Sin embargo, ¡esa no debe ser la norma cristiana! Algunas veces nosotros, al igual que María, buscamos en el lugar equivocado: “¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive?” (Lucas 24:5).

¿Buscamos, algunas veces, al Señor en lugares donde no está? Todos sabemos lo que significa estar agobiados, abrumados por la preocupación y la atención, sin darnos cuenta de que ¡Jesús está realmente con nosotros!

Somos, o debemos ser, personas que proclamen el evangelio de la resurrección. Nosotros mismos somos personas resucitadas; personas que han experimentado una transformación generadora de vida mediante un encuentro personal con el Cristo resucitado. ¡Somos personas experimentando el poder y la presencia del Cristo resucitado en nuestras vidas! Estamos en el equipo ganador. ¿Lo crees?

Estamos destinados a ser gente victoriosa, no desesperada. La muerte de Cristo en la cruz y Su resurrección esa primera mañana de Pascua rompió, de una vez por todas, el poder y el dominio del pecado. La resurrección de Cristo rompió las cadenas de la muerte y la oscuridad. Eso continúa siendo cierto hoy, no importa lo que podamos ver o experimentar en este mundo.

Somos llamados a experimentar por nosotros mismos el poder y la victoria de la resurrección en nuestras vidas diarias. ¡Levantemos nuestras cabezas y vivamos como personas que experimentan diariamente la victoria que fue ganada por nosotros en el Calvario!

—André Cox
General

Relevents_JosueFlores
Previous post

Relevents: Josué Flores

General-Andre-Cox-Aug-2013-web
Next post

Breaking the Power of Sin