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Puertas hacia la salvación

El equipo de tráfico human del Ejército de Salvación en Filadelfia.

Una hora antes de que se abran las puertas, ya hay una fila de mujeres esperando en la vereda a la entrada del “New Day Drop-In Center” [Nuevo centro de acogida diurno] del Ejército de Salvación en el sector de Kensington, Filadelfia.

Cuando ya se encuentran adentro, las mujeres —cuyas vidas se desarrollan en las sombras—, hallan un breve respiro y un lugar seguro fuera de la sórdida industria sexual de la ciudad.

El centro de acogida ha estado abierto desde hace pocos años pero, en marzo, el Ejército de Salvación dio otro paso gigante en su lucha continua contra la trata de personas abriendo un programa habitacional de transición en un suburbio de Filadelfia. El programa “New Day, New Home” [Nuevo Día, Nuevo Hogar] es el primero de su tipo en el Ejército de Salvación en el Territorio Este.

Si bien la mayoría de las referencias de personas necesitadas llegan desde los departamentos de policía, los tribunales y otras agencias de gobierno, la esperanza es que las mujeres provenientes del centro de acogida algún día puedan acceder a una vivienda.

“Muchas de las mujeres que llegan al centro de acogida no están listas todavía para habitar en una vivienda propia”, explica Jamie Manirakiza, directora del programa contra el tráfico humano y de los servicios sociales del Ejército de Salvación. “Llegan buscando seguridad, esperanza y un espacio donde se las valore como personas y se respete su dignidad. Muchas de ellas necesitan someterse a un tratamiento de desintoxicación, rehabilitación, vivienda de emergencia y asesoramiento legal en materia de justicia penal”.

Trabajo conjunto

“New Day, New Home” es una iniciativa conjunta integrada por los Servicios del Área del Gran Filadelfia y la División de Pensilvania y Delaware (PENDEL).

Manirakiza informa que las mujeres de entre 18 y 26 años de edad se pueden quedar en el hogar —sin costo alguno— hasta por tres años, lo que incluye comidas diarias. El hogar, que no luce letreros que lo identifiquen, consiste de dos apartamentos y puede albergar hasta ocho sobrevivientes de la trata de personas a la vez.

Los objetivos incluyen proveerles a todas esas mujeres educación, entrenamiento, terapia, vivienda permanente y reintegrarlas a sus familias.

“Las apoyamos de manera tal que logren recuperar su propia voz, que recobren el sentido de sí mismas y una esperanza cierta por su futuro”, cuenta Manirakiza. “Las ayudamos en la planificación individual de sus objetivos de vida y trabajamos para que lleguen a ser autosuficientes. Es un compromiso de largo plazo, de modo que todavía no hemos podido medir el impacto de nuestra iniciativa, la cual empezó recién en marzo de 2017.

“Estamos al inicio de un cambio, pero pienso que hay muchísimo potencial de crecimiento a largo plazo con nuestro enfoque puesto en que cada una de las personas siga un camino diferente una vez que hayan entrado ahí”.

Gina Valenziano, administradora del hogar de acogida “New Day, New Home” y ex miembro del personal del centro de acogida, dice que las mujeres siguen colectivamente un currículo cuyo nombre —en inglés— se deletrea formando la palabra S.E.L.F., que significa algo así como: “YO MISMA”, y que corresponde a las siglas de las palabras en inglés “Safety, Emotion, Loss, and their Future” [“Seguridad, Emoción, Pérdida y Futuro].

Nuevos comienzos

“Ofrecemos un espacio de sanación, un sitio en el que se pueda aprender a desarrollar habilidades de la vida diaria y en el que las personas aprendan a ser independientes”, detalla Valenziano. “Eso les permite sanar las heridas de los traumas que han vivido. Les permite reflexionar y enfocarse en ellas mismas.

“Todas las personas merecen una segunda oportunidad, o todas las que requieran, para estar donde necesitan. Todas las personas merecen amor y cariño, no importan las experiencias por las que hayan pasado”.

La Mayora Susan Ferreira, directora de los ministerios de servicios sociales del Ejército de Salvación en Filadelfia, dice que muchas de las mujeres han vivido pérdidas graves, por lo que merecen la oportunidad de contar con un lugar seguro desde el cual proyectar sus esperanzas. Esta tranquila casa en los suburbios ofrece todo el solaz que precisan para hacer eso posible.

“Algunas de ellas están en proceso de maduración”, cuenta. “Yo diría que es un grupo etario al que podemos alcanzar”.

Conforme se van recuperando, algunas de las víctimas tienen problemas para dormir, pero el personal está entrenado para ayudarlas a superar sus traumas, realizando con ellas una variedad de rituales diurnos y nocturnos que las ayuden, explica Manirakiza.

“El dormir es uno de los aspectos más desafiantes para muchas de las sobrevivientes”, puntualiza. “El personal invitará a las mujeres a participar en proyectos de arte o bien se quedará con ellas a ver una película o simplemente a conversar con ellas. El personal está entrenado para realizar esas rutinas con ellas durante la noche y recrear rituales positivos durante esos momentos cruciales, cuando alguna de las participantes podría recaer en una crisis”.

Cada vez más sabias

Manirakiza dice que a las mujeres se les permite mantener sus teléfonos celulares, pero se implementa un programa de seguridad cuando un proxeneta o traficante de personas intenta contactarlas.

“El solo hecho de no regresar a esa vida destructiva puede ser un enorme desafío”, expresa Manirakiza. “El programa consiste en hacer que las personas hablen de lo que son las relaciones seguras, las opciones constructivas y el futuro.

“Si son capaces de tener un teléfono celular y decirle ‘No’ a alguien, eso quiere decir que lo han logrado por sí mismas y que, por lo tanto, pueden sentirse orgullosas de haberlo hecho, y saber que lo podrán hacer una vez que dejen el centro”.

Algunas de las mujeres realizan el primer contacto a través del centro de acogida. Este sirve de oasis en medio de Kensington, donde la heroína, el crack y el negocio de la explotación sexual proliferan.

“El centro de acogida es donde las conocemos de manera real, donde sabemos por primera vez en qué posición están y les proveemos un espacio seguro. Ahí logran fijarse objetivos y comienzan a hacer parte del trabajo que tienen por delante”, explica Arielle Curry, directora asistente para el tráfico humano del Ejército de Salvación en Filadelfia.

Una de las personas que ayuda a muchas de esas mujeres es Courtney Fyock, defensora de las víctimas de tráfico humano cuyo trabajo es financiado mediante una beca para unidades especiales de trabajo de la Oficina para Víctimas de Crímenes del Ejército de Salvación.

Hallar seguridad

“Cuando llegan aquí, las aconsejamos en sus crisis”, explica Fyock. “Hacemos mucho trabajo de estabilización y luego las ayudamos a acceder a recursos habitacionales. Eso parece ser lo que más necesitan.

Susan Santucci, coordinadora del programa del centro de acogida, dice que el personal es “tan empático y hospitalario como se podría desear”.

“Las mujeres pueden venir y recibir un cambio de ropa, relajarse, ver televisión y dormir una siesta. Es algo muy discreto”, explica. “Creemos que cada una de ellas —no importa de dónde vengan, ni cuál sea la situación en la que se encuentren— merecen seguridad, respeto y poder gozar de un rato en el que puedan serenarse, ordenarse y recuperar la noción de lo que es la seguridad.

“Estas mujeres están desamparadas y viviendo en la calle, están siendo asaltadas sexualmente de manera periódica, viven expuestas a todo tipo de peligros en casas abandonadas, han sido abusadas reiteradamente… y las heridas son profundas. Así que les decimos: ‘Creemos que tu vida tiene valor’”.

Cómo encontrar a Jesús

Malsiella Martínez, integrante del personal, que labora en el centro de acogida de día y de noche, agrega: “Les decimos a estas mujeres: ‘Este es un lugar de refugio al que pueden llamar su hogar’. Cuando llegan, queremos que se sientan valoradas y cuidadas”.

Las mujeres también cuentan con la posibilidad de seguir sesiones de terapia y participar en diversos grupos, incluyendo uno que se enfoca en sus vidas espirituales y que es liderado por Santucci y la Mayora Martha Bone, secretaria divisional de los ministerios de servicios sociales.

Santucci y Bone abordan con ellas temas como la belleza, la creación, el amor, los frutos del Espíritu y la comunidad.

“Planificamos las lecciones en función de lo que sabemos de las mujeres y de lo que les podría tocar a ellas”, dice Bone. “Lo que hacemos es hablar sobre los temas como grupo. Nuestro objetivo principal es que conozcan al Señor”.

El centro ofrece Biblias en inglés y en español y, a veces, el grupo sólo lee las historias de las mujeres que figuran en la Biblia.

“Hay veces en que ellas mismas son las que leen los pasajes bíblicos en voz alta y muchas veces no pueden contener las lágrimas”, cuenta Bone. “La Palabra de Dios habla por sí misma”.

Cristo la Roca

“La Palabra de Dios les habla realmente. Cuando leen sobre el amor de Dios, lo que incluimos en cada una de nuestras sesiones de estudio bíblico, es algo muy poderoso que las impacta profundamente”.

Santucci indica que algunas mujeres que se han escapado de la industria del sexo han regresado al centro de acogida para decirle que están yendo a la iglesia. Otras dependen de Cristo mientras sobreviven y siguen dando la batalla diaria.

“Hay mujeres que dependen de su fe y están en proceso de recuperación. Han dejado atrás esa vida y su fe ha sido, y sigue siendo, parte importante de ese proceso”, explica. “La mayoría de las mujeres con las que interactúo se encuentran todavía en las calles, dependen de Jesús y confían en que Él les ayudará a recorrer todo el camino que las llevará a la normalización de sus vidas.

“He tenido mujeres que llegan a mi oficina, se sientan a mi lado, se echan a llorar y me dicen: ‘No sé dónde estaría hoy sin Jesús’. Su ropa está gastada; además de que tienen rasguños y moretones en todo su cuerpo. Para mí, momentos como esos son humillantes”.

Una enorme pasión

Martínez recuerda una ocasión en que se le pidió que le leyera un pasaje bíblico en voz alta a una mujer.

“No obligamos a las personas a conocer a Jesús, pero probablemente seamos el único ‘Jesús’ que ven”, comenta. “Si lo que me piden es que ore por ellas, aquí estoy para hacerlo. Somos llamados a alcanzar a los que no van a la iglesia. Es por eso que estamos aquí.

“Nosotros somos esa luz que brilla en medio de las tinieblas. Somos llamados a servir a aquellas personas que han sido rechazadas, que son parias sociales y que han sido deshumanizados. Es movida por esa visión que me levanto por la mañana: porque siento una enorme pasión por las mujeres. A ojos del mundo ellas no valen nada, pero a ojos de Cristo lo valen todo”.

por Robert Mitchell

 

 

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