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Pornografía

La raíz griega de la palabra pornografía es porne, “mujeres cautivas”, y relaciona al sexo con la agresión, la degradación y el abuso. En la actualidad, la palabra se refiere más ampliamente a las imágenes y a la literatura de contenido sexual explícito.

La accesibilidad del internet hoy hace que las imágenes sexuales, antaño clandestinas, sean ahora una ineludible presencia en la sociedad.

Es evidente que la pornografía es destructiva para las comunidades. Es una adicción vinculada al crimen organizado, a la trata humana, al abuso infantil y al estrés conyugal.

La Escritura, por contraste, enmarca nuestra sexualidad en una dimensión espiritual que va más allá de lo físico.

LA QUÍMICA  Desde la creación, tanto el hombre como la mujer han mostrado atracción sexual. Es algo naturalmente magnético: dos géneros atraídos a formar “una carne” de nuevo.

LA CURIOSIDAD  La atracción a la pornografía puede nacer de una combinación de ingenuidad, curiosidad y pecado. Su vacuidad, invariablemente queda en evidencia cuando la persona tiene una experiencia —a lo sumo— fugaz en términos de satisfacción.

EL CAUTIVERIO  El potencial para caer en la adicción está en aumento. “El efecto de la pornografía en el cerebro puede reflejar la adicción a la heroína, al ‘crack’ o a la ‘cocaína’”, sostuvo la psicoterapeuta May Ann Layden durante su testimonio ante el Senado de los Estados Unidos.

UNA CONCIENCIA LIMPIA  Muchas personas que una vez se vieron atrapadas en la pornografía han podido, por la gracia de Dios, superar y sobreponerse a esa conducta.

¿Qué te parece esta estrategia preventiva: “Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio” (Filipenses 4:8)?

por Coronel Richard Munn

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