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Personas Dadivosas

“Así es lo mucho que Dios amó al mundo: Dio a su Hijo, a su único Hijo. Y lo hizo por esta razón: para que nadie tenga que ser destruido; al creer en Él, cualquier persona puede llegar a tener una vida íntegra y duradera. Dios no se molestó en enviar a su Hijo sólo para que mostrase un dedo acusador ni para que dijese lo malo que es el mundo. Él vino para ayudar, para poner en orden al mundo”.

—Juan 3:16-17 (Traducción libre de la versión en inglés The Message.)

¿En qué se te ocurre pensar cuando oyes la frase “Personas dadivosas”? Quizás pienses en algo así como lo que sigue:

Los donantes, que dan de sus recursos financieros.
Los voluntarios, que dan de su tiempo.
Los soldados, que dan sus vidas por nuestra libertad.
Los maestros, que dan su conocimiento a los demás.

En realidad, hemos sido influenciados por personas dadivosas: tanto nuestros padres como nuestros maestros y pastores han dado de sí como ejemplos de la manera en que Dios quiere que sea el mundo.

En Juan 3:16-17, se nos recuerda que el mayor don fue el que Dios hizo de su Hijo, que dio Su vida por el perdón de nuestros pecados.

En el mundo de hoy, se pone demasiado énfasis en el “yo” y en “mis necesidades”. A medida que avanzamos en nuestra vida, debemos enfocarnos en hacer de nuestro rincón del mundo un lugar mejor. Vemos demasiados problemas a nuestro alrededor. Nuestro mundo necesita creyentes que avancen por la vida como ejemplos de “personas dadivosas” que comparten el mensaje del evangelio sobre Jesús y Su amor por todos nosotros.

Tte. Coronel Donald W. Lance
Secretario de Administración de Negocios

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