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Pacto

Pacto. ¡Esta sí que es una palabra religiosa!

No es de las que solemos mencionar en una conversación. No obstante, sabemos por instinto que tiene peso, algo profundo e inquebrantable, que nos hace sentir misteriosamente atraídos a eso.

Un pacto no es lo mismo que un contrato. Es algo mucho más sustantivo, como la confianza entre un padre y su hijo.

Pues bien, ¿de qué manera se puede aplicar todo esto al pacto para un soldado y un oficial en el Ejército de Salvación?

En primer lugar, la iniciativa del pacto viene siempre de Dios. Es Su idea. Él es un Dios que guarda su pacto. No es alguien que en un momento sube y en el siguiente baja, ni alguien que se acalora y después se enfría, ni que un momento se prende y de repente se apaga. Él es fiable y confiable. Valoramos eso en un amigo. Queremos ser así.

Es en este sentido que los soldados del Ejército de Salvación a menudo dicen que han sido “llamados por Dios”. Muchos de ellos se sorprenden. No fue idea de ellos. A menudo es gratificante y desafiante a la vez.

En segundo lugar, pacto no equivale a membresía, no es algo a lo que se pueda unir por un tiempo y abandonarlo apenas se aburra o cuando le resulte inconveniente. El pacto no es para pusilánimes. No es para todos. Pero, cuando Dios llama, y lo hace de una manera inequívoca, no hay nada que lo pueda reemplazar.

Por último, el pacto no pretende ser una carga. Hay una paradoja en el Reino de Dios y es que cuando morimos a nosotros mismos, hallamos la vida. Cuando nos humillamos, somos exaltados. Cuando perdemos la vida por el Evangelio, empezamos a vivir.

Cuando nos sujetamos al pacto, somos realmente libres. Los que han hecho este pacto son las personas más libres de toda la tierra.

Preséntese, pase adelante, inscríbase.

Coronel Richard Munn

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