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¡Movilízate por los demás!

Agachado frente a una tienda con la cabeza entre sus manos, “Courtney” está ya muy familiarizada con las miradas despectivas y las palabras ofensivas que ella y otras personas menesterosas reciben a cada rato a lo largo de la calle más concurrida de Manchester, New Hampshire.

A lo que no está habituada es al amor y la bondad de los “Amigos Móviles” (“Mobile Joes” en inglés): el Capitán Mike Harper y el ayudante ministerial Dan LaBossiere del Cuerpo de Manchester, New Hampshire. La iniciativa de enlace con las personas indigentes alegra el día de Courtney con un sándwich y un café caliente que le sirven desde un dispensador móvil de bebidas que LaBossiere lleva sobre sus espaldas por la ciudad.

“Estoy muy estresada”, explica Courtney. “Necesito conseguir comida. Necesito un lugar dónde dormir. El Ejército de Salvación me acaba de ayudar con la comida.

“Es muy bueno que estén aquí. Eso da a entender que la gente sí se interesa por nosotros”.

Dios en los detalles

Harper dice que la visión de los “Mobile Joes” fue ordenada por Dios.

El Capitán Harper y LaBossiere hablan con una desamparada en Manchester.

Cuando Harper y su esposa, la Mayora Armida Harper, llegaron a Manchester el año pasado, él se puso a estudiar la historia del Cuerpo y descubrió un informe anual de 1967. En él se encontraba la foto de un joven oficial que cargaba sobre sus espaldas un dispensador móvil de bebidas.

Los Harper se enteraron más tarde que se trataba del Mayor Richard Smith, que sirvió en el Territorio Oeste y quien fue promovido a la Gloria en 1998. Los Harper han contactado a la viuda de Smith y a su hijo, que también es oficial.

Harper dice que cuando vio por primera vez la foto de Smith, pensó: ¿Por qué no hacemos eso nosotros? Hizo una búsqueda en Google de mochilas dispensadoras de bebidas y hallo una compañía en línea que las producía, pero guardó el sitio web para otra ocasión.

Juguemos al Pokémon

El verano pasado, el ayudante Dan LaBossiere se dedicó a idear actividades que los hombres del Cuerpo pudiesen compartir. Así que decidieron jugar Pokémon.

“A veces, solíamos prepararnos  un café y luego salíamos a caminar por el área céntrica de la ciudad jugando en distintos lugares”, recuerda LaBossiere. “Y nos preguntamos: ‘Mientras estamos aquí, divirtiéndonos, ¿hay algo que podamos hacer por los demás?’ Nos cruzábamos a cada rato con indigentes y no había nada realmente que pudiésemos hacer por ellos”.

LaBossiere dice que el Cuerpo algunas veces les llevaba sándwiches y se los repartía a esas personas, tras lo cual oraban con casi cada una de ellas.

Poco tiempo después, Harper supo acerca de la visión de “Todo el mundo a movilizarse” impulsada por el General André Cox y se dio cuenta de que era el momento apropiado para volver a visitar el link de esa página web que había guardado. Harper, LaBossiere, junto con otros miembros del Cuerpo discutieron el asunto y resolvieron poner en práctica el concepto de los “Mobile Joes”.

Una visión hecha realidad

Harper ora con un desamparado.

Una vez que la temporada de la olla roja hubo terminado, Harper invirtió $1.800 en la compra de dos dispensadores móviles de bebidas. La Factoría de Salvación creó un logo para la parte trasera de las mochilas que muestra una imagen de Smith, que hasta ahora era conocido sólo como “el Muchacho de 1967”.

“Queríamos honrar el pasado haciéndole este homenaje”, explica Harper.

Los dispensadores, que se llevan sobre las espaldas, están equipados con una pequeña manguera provista de una llave de paso en su extremo, un dispensador para vasos y una bomba para presurizar las bebidas. LaBossiere dice que la unidad no es demasiado pesada y que su peso está “muy bien distribuido”.

En enero, Harper y LaBossiere salieron al frío invernal, llevando sándwiches y café. Por lo general, permanecían afuera unos 90 minutos cada vez.

“Todas las personas a las que nos acercamos y con las que hablamos se mostraron felices al vernos”, cuenta Harper. “Han sido muy acogedores con nosotros y muchas veces nos contaban sus historias. Pudimos orar con casi todos.

Fuera del camino habitual

“Nuestra intención ha sido que esto sea una manera de generar encuentros con la gente. Cuando simplemente abordas a personas que no conoces y les das algo, les bajas todas sus defensas”.

Harper y LaBossiere se internan por los callejones, cruzan los parques y se pasean por sectores de la ciudad en los que los indigentes suelen congregarse.

“Lo lindo de esta mochila es que podemos dirigirnos a los lugares donde esas personas se encuentran”, reflexiona Harper. “Por años, hemos estado instalando nuestras cantinas móviles en las esquinas de las calles. Pero ahora, las personas no necesitan venir hacia esa esquina donde estamos. Ahora estamos movilizados. Somos nosotros quienes vamos donde las cantinas no pueden hacerlo.

“Estamos encontrando personas donde ellas se reúnen, lo mismo que hizo Jesús y nos interesamos de verdad por ellas”.

La Mayora Armida dice que a las mujeres del Cuerpo también les gustaría participar en el ministerio de los “Mobile Joes.”

La inseguridad de la calle

“Diría que la belleza de todo esto es que las personas a las que nos acercamos quizás nunca van a ir a la iglesia”, dice la Mayora Armida. “Muchos indigentes se están allí debido a alguna adicción o a problemas de salud mental, y no se van a sentir cómodas yendo a algún lugar.

“El hecho de que estamos saliendo a las calles y encontrándonos con ellos en los lugares donde se hallan es lo que va a marcar la diferencia para ellos. Puede que nunca entren a nuestra iglesia, pero nosotros les estamos llevando la iglesia a ellos donde se encuentren”.

Hace un par de noches, Harper y LaBossiere se acercaron a varios indigentes en los parques y calles de Manchester.

“Lynn”, que recientemente halló trabajo en una pizzería, tenía suficiente dinero para alquilar un cuarto y refugiarse de las calles ante de que alguien le hurtara la cartera. Ella dice que haber conocido a los “Mobile Joes” fue una experiencia muy alentadora pues gracias a ella pudo descansar de la agresividad de personas que le gritan, se niegan a mirarla a los ojos y la consideran menos que un ser humano por el hecho de vivir en la calle.

Corazones agradecidos

“Estamos tratando de llegar sanos y salvos al final del día, al igual que todas las demás personas”, dice. “Es grato ver que hay personas que realmente se esfuerzan por hacer algo y ayudarnos de verdad”.

“Diane” y otras dos mujeres indigentes estaban haciendo planes con “algún lugar a la intemperie” donde pudieran ir a dormir esa noche, pues ya anochecía.

“Siento hambre, así que esto es maravilloso”, dice al recibir su sándwich. “No son muchas las personas que se preocupan por los pobres y los indigentes. Dios los bendiga a todos por preocuparse por nosotros”.

Algunas de esas personas indigentes se mostraron efusivas a la hora de expresar su agradecimiento. Harper les dio su tarjeta a muchos de ellos y hasta prometió conseguirle una tienda a un hombre que vive en la calle.

Vienen días mejores

Harper y LaBossiere les preguntan a cada persona: “¿Puedo orar por ti?” Hasta la fecha, cada una de esas personas ha aceptado la oferta, incluida “Courtney”.

“No soy realmente una persona creyente, pero espero algún día creer en algo”, dice ella luego de escuchar la oración.

Courtney encontró un trabajo hace poco, pero no tiene ahorrado suficiente dinero como para costearse un lugar donde vivir.

“No estamos aquí deseando vivir en las calles, consumir drogas o pensar cada dos por tres en suicidarnos”, explica.

Harper, que llegó al Ejército de Salvación luego de encontrar un libro sobre William Booth en un vertedero, es consciente de que sólo puede ofrecer una ayuda que es muy limitada.

“Yo les digo: ‘No puedo resolver todos tus problemas, pero te podemos ofrecer una taza de café y un sándwich y mostrarte que nos preocupamos por ti’,” dice Harper. “No hay nadie que le diga ‘no’ a eso”.

Impacto eterno

Harper prosigue: “Es cierto que no podemos medir los resultados, pero me parece que muchas de estas interacciones —en que sencillamente nos acercamos a estas personas— quedan registradas en el cielo. Eso es lo que tratamos de hacer: ser los brazos, las manos y los pies de Jesús para con las personas”.

Harper espera desarrollar suficiente confianza como para al fin poder visitar las “ciudades de tiendas” de Manchester (“tent cities” en inglés) y celebrar allí un servicio al aire libre.

LaBossiere dice que el Ejército de Salvación, remontándose a la época de Catherine y William Booth, siempre ha “ido donde las personas necesitaban que fueran”.

“Vemos a tantas personas necesitadas que deambulan por la ciudad y si hay algo que podamos hacer por unas horas durante la noche o un par de veces a la semana, ¿por qué no íbamos a hacerlo?”

Ellos son personas

LaBossiere cuenta que un indigente se quejó de que estuvo sentado en una banca en el parque todo el día y nadie cruzó una palabra con él.

“Para nosotros, decir: ‘Hola, ¿cómo estás?’ es mucho más de lo que ellos están acostumbrados a escuchar”, explica. “Miran hacia un lado y hacia otro para asegurarse de que les estamos hablando a ellos y no a otra persona. Lo único que quieren es ser mirados y conocidos por alguien.

“Este ministerio consiste simplemente en acercarse a una persona, expresarle amor, misericordia y aceptación de Dios y hacerles saber que hay quienes sí se preocupan por ella”.

Los Harper llegaron a Manchester dispuestos a amar a los indigentes tras haber supervisado los albergues del Ejército en el Cuerpo de Cambridge, Massachusetts.

Se trata de amor

La Mayora Armida, hija de los Ttes. Coroneles retirados Judy y William LaMarr, dice que sus padres la enseñaron a amar a los indigentes. Ella sabe que algunas de las personas que recibieron ayuda de los “Mobile Joes” lamentablemente morirán sin jamás haber podido hallar un hogar o un alivio a sus adicciones y a su dolor.

“Si esta es la noche en que han de morir, quizás su último recuerdo sea el de alguien que les mostró bondad en vez de dolor”, dice. “Siempre vale la pena amar a alguien, siempre vale la pena”.

por Robert Mitchell

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