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Mil excusas

MilexcusasMi nombre es Gilberto Rivera. Nací en  una familia cristiana, siendo mis padres ministros ordenados. Siempre, a través de su ejemplo, me demostraron la importancia de amar a Dios y  de tener una vida agradable a Él. A los seis años recibí a Jesús como mi Salvador, en un evento de niños que hubo en la iglesia. Aunque había dado ese paso y lo había hecho de corazón, realmente no entendía completamente esa decisión. En mi adolescencia, cometí algunos errores. Había momentos en los que vivía y reflejaba mi cristiandad en la iglesia y en casa, pero cuando estaba solo con mis amistades no era un santito. Sabía que estaba mal delante de Dios, pero continué viviendo a mi gusto.

A los 16 años, en un encuentro de jóvenes, me reencontré con el Señor y le supliqué que perdonara mi pasado y me hiciera una criatura nueva en Él. Por su gracia, ese mismo día, Él me renovó y quitó la carga de mi pasado. También me hizo entender que tenía un propósito para mi vida sirviéndole a tiempo completo como Oficial. Al principio no fue fácil comprender su llamado porque yo entendía que era muy joven, que no tenía ese “talento”, no me gustaba hablar frente a la gente y las personas no me iban a escuchar ni a entender. Eran excusas que estaba poniendo para no cumplir con el llamado que el Señor me había hecho.

Poco a poco, el Señor fue trabajando en mí y me llevó a las siguientes palabras en 1 Timoteo 4:12: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”. Me tomó un tiempo para entender que no había razón para temer. Eso fue gracias a la ayuda de mi familia y de unos excelentes Oficiales Directivos que se preocuparon por pulirme, ayudarme a crecer y ver el potencial que Dios veía en mí. El camino no ha sido fácil, pero el Señor es mi fortaleza y quien me ayuda a seguir. Mi versículo preferido es el Salmo 27:1 que dice: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Este verso me recuerda que en mi Dios encuentro la fuerza y la valentía que necesito para cumplir con este llamado que Él me ha hecho.  Hay momentos en los que pienso que no puedo y que no soy capaz, pero allí es cuando el Señor me recuerda que Él es mi luz, mi salvación y que, mientras me mantenga anclado en Él, todo lo puedo.

El proceso en el Colegio de Entrenamiento para Oficiales (CFOT) ha sido creer, confiar y obedecer, palabras que el Señor habló a mi vida desde el momento en que entré por las puertas de este lugar. Ha sido un tiempo de crecimiento y de reconocer el trabajo que el Señor continúa haciendo en mí y en mi familia. Cada clase, tarea, actividad y nombramiento sirven de ayuda para mi desarrollo como futuro Oficial. Nuevamente, no ha sido fácil, pero el Señor me ha ayudado, junto a mi esposa, a cumplir con todo y sacarle el mejor provecho, ya que no hemos sido llamados por hombres, sino por Dios. Es este llamado divino y nuestra constante búsqueda de la presencia de Dios, lo que nos mantiene firmes y seguros de que estamos en el lugar indicado, en el que el Señor nos quiere para su servicio.

por Gilberto Rivera

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