SAconnects en Español

Mi Segunda Oportunidad

mysecondchance_insEn mis años mozos yo era una rebelde que vivía para complacerme a mí misma antes que al Señor. Ya adulta, tuve una relación abusiva. Vivía con un hombre que me decía: “Si alguna vez me dejas, te mataré”.

Al fin, un día, me armé de valor para decirle: “Quiero que te vayas”. Y, para mi sorpresa, estuvo de acuerdo. Me pidió que le diera una semana para hallar otro lugar donde vivir.

Fui tonta al dejar que se quedara esa semana.

Al cabo de los siete días, seguía ahí. Cuando lo enfrenté pidiéndole explicaciones, salió furioso de la casa hacia el patio trasero y dejó la puerta de par en par. En ese momento, una voz en mi interior me gritó: ¡Cierra la puerta! Era una advertencia muy seria de mi Dios todopoderoso.

Pero le contesté: “No voy a cerrar esa puerta. Si lo hago, habrá más violencia”.

Antes que pudiera alejarme de ahí, mi maltratador volvió a entrar. Me dio un rodillazo, me agarró por el pecho con una mano y levantó la otra empuñando un cuchillo. Cuando me apuñaló grité con fuerza.

Y me hirió repetidas veces. La sangre brotó de mi cuerpo.

Mis nietos oyeron lo que estaba ocurriendo. Acudieron corriendo y me defendieron valientemente usando palos de escoba, latas y cualquier objeto que pudieron hallar en la cocina.

Logré liberarme y agarré el cuchillo por el extremo afilado. Pensé que iba a perder los dedos, pero Dios me protegió las manos. Miré directo a los ojos candentes de mi atacante, y le dije: “Tú no me vas a matar”.

Cuando se dio cuenta de que yo no soltaba el cuchillo, se detuvo. Pareció confundido, como si de repente hubiese despertado de una pesadilla. Ese momento era mi única oportunidad para escapar. Pero tenía que desarmarlo de algún modo.

Le arrebaté el cuchillo y con toda rapidez lo apuñalé dos veces. Sin soltar el arma, y cubierta por mi propia sangre, escapé de la casa junto con los niños. Gritamos pidiendo ayuda.

Una segunda oportunidad

Abrí los ojos sólo para hallarme en la más completa oscuridad. Pero entonces vi una pequeña estrella que brillaba a la distancia. Esto me asustó. Me cubrí los ojos con las manos, pero seguí mirando con curiosidad por entre los dedos de mis manos. La estrella venía acercándose cada vez más hasta que su luz amarillenta cubrió mi vista. Muy lentamente bajé las manos. Supe, por instinto, que esa luz venía de Dios.

Sentí mi cuerpo convulsionarse. Me di cuenta de que estaba en una sala muy iluminada personas en uniformes blancos. Desperté en un hospital en el que unos doctores me estaban aplicando descargas eléctricas intentando desesperadamente salvarme la vida.

En el libro de los Salmos 32:8–9, Dios dice: ”Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti. No seas como el mulo o el caballo, que no tienen discernimiento”.

Ahora puedo ver que Dios me advirtió el peligro. E incluso, cuando me negué a escucharlo, de todas maneras guió mis pasos por terreno firme.

Tras recuperarme del ataque, me enteré de que todas las iglesias de mi pueblo natal de Ponce, en Puerto Rico, oraron por mí; por lo que visité a cada una de ellas para agradecerles por sus oraciones. Una de esas iglesias era el Cuerpo del Ejército de Salvación en Ponce, al cual pertenezco. Ahora tengo una familia que está dedicada a la Palabra de Dios. Yo escucho su voz y le sirvo.

Si estás pasando por una situación como la mía, no sigas en una relación de maltrato creyendo que mañana todo va a estar bien. Busca ayuda ahora acudiendo a personas de tu confianza y a Dios.

Él me salvó y permanece conmigo; por lo que viviré para glorificarle.

por Soldada Ada Laporte

Previous post

This fall, take your rest

Next post

My Second Chance