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Mi Camino Hacia La Salud Física

RichardSanchez_ins“Un día más, una muerte más.”

Ese era mi mantra tras mi sesión de ejercicio físico cada mañana en el Cuerpo de East Northport, New York.

En el gimnasio del Cuerpo hay todo tipo de entrenamiento. Los residentes de East Northport y del área circunvecina prefieren los deportes para niños y adultos. Uno de los ministerios en nuestro Cuerpo era el de la clase de acondicionamiento físico. Una vez terminada la sesión de entrenamiento, los integrantes leían la Escritura y oraban juntos.

En noviembre de 2011, inicié mi jornada para el acondicionamiento físico transformador. Recuerdo que tomaba una clase por la mañana con Ralph Rossetti, nuestro director de actividades recreacionales, y su grupo. Eran hombres y mujeres. Algunos eran mayores que yo y otros más jóvenes.

La primera sesión fue el punto de partida; el marco de referencia: el frío y severo conocimiento de que ya no tenía veintitantos años y que no estaba en mis manos que mi cuerpo cooperara. Ya no podía decirme a mí mismo que estaba sano debido a mi edad porque no tenía ninguna enfermedad crónica.

La realidad era que mi salud estaba cada vez peor. No atendía a lo me decían. Mis oídos los oían, pero mi mente no les daba crédito. Para mí, no eran más que invención de las personas.

Sin embargo, la realidad se hizo presente un día durante una visita al doctor. Las ecografías mostraban “todo bien” en los escáneres de mis riñones, pero de paso escuché al doctor decir: “Mire usted, mientras estudiábamos la imagen, nos encontramos con… un hígado graso”. Era un término médico usado para describir una condición causada, en mi caso, por la hipertensión. Los exámenes que me hicieron también mostraron niveles “fuera de rango”. Para ayudarme a manejar esa condición y también mi sobrepeso, me recetaron medicamentos de diversos tipos y de miligramajes altos. Además se me dijo que debía cambiar mi dieta.

Al comenzar mi primer día en el gimnasio, sentí que mis pulmones se encendían en fuego. El corazón parecía salírseme del pecho. Mi boca estaba seca. Estaba deshidratado. Fui varias veces al baño, en busca de aire, de agua y también para asegurarme de que mi alma todavía no hubiese hecho completo abandono de mi cuerpo. La sesión de ejercicios duraba sólo 30 minutos, pero me parecieron 3 horas.

Por desdicha para mí, empecé a cumplir mi resolución en medio de la temporada de recaudación anual de la Olla Roja que realiza el Ejército de Salvación.

Hablé en privado con Ralph y le pregunté si me podía recomendar una dieta que pudiese seguir mientras trabajaba con las ollas rojas. Me miró directo a los ojos y me dijo: “La comida es el demonio”.

Esperé que se echara a reír. Pero no lo hizo, ni sonrió siquiera, ni hizo ningún comentario tranquilizador. Yo en cambio solté una carcajada, le dije que se pusiera serio y me recomendara una dieta en particular, una rutina de comidas especiales, o algo a qué aferrarme mientras pasaba el tormentoso mar de la Navidad.

Me miró detenidamente y dijo: “Tienes que dejar de comer dulces”.

DECLARACIÓN DE ‘MUERTE’ AL YO

En términos prácticos, eso significaba que se acababan las visitas a la tienda Seven Eleven en el verano para comprar refrescos, azucarados o dietéticos, de 64 onzas o del tipo que fuera. No más visitas a los cafés a comprar ese rico café llamado “caw-fee lite n’sweet” al estilo “Nueva York”. No se me permitía siquiera agregarle crema.

Al principio, ese cambio radical me pareció una locura. Pero pronto aprendí que mi ansiedad por consumir alimentos y bebidas dulces tenía que morir para que mi cuerpo pudiera realmente volver a la vida. Ese mismo diciembre —históricamente el mes en que los oficiales directivos solían echarse unos kilos de más encima— yo perdí 5.

En artículos futuros, contaré lo que más me ha ayudado y se me ha dificultado en mi marcha hacia un mejor estado de salud. Espero que algo de eso les aproveche en su propio camino. Compartimos historias diferentes, pero nuestras luchas son las mismas.

Por ahora, manténganse alejados del azúcar procesado, “la muerte blanca”. Les hablaré al respecto la próxima vez.

por el Mayor Richard Sanchez

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