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Mensajeros del Evangelio bienvenidos al Colegio de Entrenamiento para Oficiales

messengersofthegospel_ins_1Durante los actos de bienvenida a los Cadetes que se celebraron los días 8 y 9 de septiembre, las personas que asistieron al Colegio de Entrenamiento para Oficiales (CFOT) en Suffern, Nueva York, y al Centennial Memorial Temple (CMT) en Manhattan, escucharon a varios oradores que representaban a los 51 integrantes de la sesión “Mensajeros del Evangelio”. Algunos de los miembros de la audiencia respondieron al mensaje orando en el banco de penitentes. Otros subieron a la plataforma como señal de su compromiso de convertirse en soldados u oficiales del Ejército de Salvación.

En el CFOT, el Mayor Richard López, secretario territorial de candidatos, subrayó el compromiso del Ejército con la diversidad y la inclusión.

“Damos gracias a Dios por reunir gente de todos estos países con un mismo propósito: difundir el evangelio de Jesucristo”, expresó López. (Ver barra lateral.)

messengersofthegospel_ins_2Dios Padre

La Cadeta Melissa Lowell del Cuerpo (Citadel) de Old Orchard Beach, Maine, había esperado confirmación de su llamado al oficialato. Habiendo visto una larga lista de figuras paternas aparecer y desaparecer de su vida, la idea de confiar en Dios como “Padre” le parecía imposible. “¿Cómo podía decirle a la gente, con convicción, que Dios jamás los dejaría ni abandonaría si yo misma no creía realmente que eso fuese posible?”, cuenta ella.

Cuando Melissa cursaba cuarto grado en la escuela primaria, una compañera la invitó al programa de Escuela Bíblica Vacacional del Citadel, en Old Orchard Beach. “Ahí supe que había hallado mi hogar”, recuerda. “Encontré el lugar donde me sentía segura”.

Incluso durante su largo y tumultuoso ofuscamiento en la escuela intermedia y en la secundaria, el Cuerpo siguió siendo para ella su “bálsamo en Galaad”. “Podía contar con que ese sería mi lugar de paz y bondad”, explica.

Luego, en los Consejos de la Juventud, “Dios me mostró cuán profundo era su amor a través del sacrificio de Jesús”, dice. “Ese día, le entregué mi corazón al Señor”.

En el Campamento Sebago, Melissa descubrió su autoestima. Más tarde, en un seminario de candidatos, sintió el llamado a servir en el ministerio a tiempo completo.

Sin embargo, durante 12 años, Lowell esperó que su llamado se concretara. Fue entonces que tuvo una epifanía. “Mi mamá solía echar a los hombres antes que ellos tuvieran la oportunidad de romper con ella. Así que me di cuenta de que yo estaba echando a Dios antes que Él me abandonara”. El punto de inflexión sobrevino cuando al fin comprendió que Dios jamás la iba a abandonar. “Hoy puedo decir con confianza que ¡Él es fiel!”, afirma.

Inspiración contagiosa

Tras ver el video del testimonio del Cadete Jonathan Tirado, la audiencia respondió con un fuerte aplauso. Entre esas personas estaba Alonzo Hardy. Su vida no había sido muy buena. A sus 57 años, era un exconvicto, se le había diagnosticado una enfermedad mental, estaba desempleado y viviendo en un peligroso albergue en Brooklyn, Nueva York.

Alonzo Hardy

Alonzo Hardy

“Sentía que estaba entre muertos vivientes”, comenta. “Era como un cementero donde las personas, bajo diversas influencias, se transformaban”.

El año pasado, en el Día del Padre, una de esas personas golpeó brutalmente a Hardy dejándolo agonizante. “Me golpeó por detrás. Caí sobre mis manos y mis rodillas. Y estando en esa posición, me propinó una fortísima patada en la barbilla como si mi cabeza fuese una pelota”. El impacto fracturó la mandíbula de Hardy por ambos lados. Inconsciente, se desplomó a lo ancho de una cama.

Al día siguiente, despertó con un dolor insoportable. “Traté de encajar mi mandíbula con las manos y fui corriendo al hospital”. La policía arrestó al hombre más tarde, según informó el periódico New York Daily News.

Tras su recuperación, Hardy se ofreció trabajó como voluntario en el Cuerpo de Stapleton en Staten Island, Nueva York. “Los martes y los miércoles repartíamos alimentos”, recuerda.

Alonzo Hardy (in red shirt), responds to Commissioner Bamford’s soldiership invitation.

Alonzo Hardy (in red shirt), responds to Commissioner Bamford’s soldiership invitation.

Un día, mientras trabajaba en la despensa, entró el agresor de Hardy. De repente, todo lo que Hardy había aprendido mientras servía de voluntario se le agolpó en la mente. “Había aprendido a ser paciente, a estar atento a las carencias y necesidades de los demás, y a leer la Escritura”, relata. “Ya había orado a Dios pidiéndole que me liberara de todo temor. Yo caminaba a la luz del Señor. Mi vida estaba en sus manos”.

Cuando Hardy miró a su atacante, vio pavor en sus ojos. Sin embargo, también vio necesidad. “Él no esperaba que se iba a encontrar conmigo ahí. Había venido a buscar comida para él y para su madre, que vivía cerca”.

Hardy le dio comida. El hombre le extendió la mano y le dijo con humildad: “Disculpa por el daño que te hice”. La respuesta de Hardy fue: “Eso ya está olvidado”.

En el Centennial Memorial Temple, el video del Cadete Tirado sirvió de gran inspiración a Hardy. El mensaje de su compañero del Cuerpo de Stapleton fue algo muy impactante para él.

Cuando el Comisionado William A. Bamford, comandante territorial, invitó a los penitentes a pasar adelante y ponerse a su lado en la plataforma para convertirse en soldados, Hardy bajó desde el balcón y vino a ponerse a un lado del Comandante. Ahora siento que soy parte de la familia de Dios, del cuerpo de Cristo, pensó Hardy. Siento el Espíritu Santo en mi corazón. Sé que un día voy a estar aquí de pie, vestido de uniforme.

por Warren Maye

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