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Major Don Tolhurst

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un sastre de la Marina en altamar

Habiéndose alistado en la Marina un día antes de cumplir los 17 años, el Mayor Donald Tolhurst era mucho más joven que la mayoría de los hombres que estaban en el U.S.S Panamint, el buque insignia de la Marina que zarpó hacia alta mar desde Hoboken, Nueva Jersey, el 22 de noviembre de 1944. Pero a pesar de su edad y de su aspecto juvenil, se convirtió en el más popular y querido de los marineros a bordo, debido en gran parte a la función que se le asignó como sastre.

“En mi primer día como sastre, me pasaron un montón de uniformes, los cuales requerían que se les cosiera los galones dorados como símbolo oficial de las promociones que muchos de los marineros habían recibido”, cuenta Tolhurst. El anterior sastre del barco no había terminado esa tarea, por lo que Tolhurst, que había trabajado en varias sastrerías en sus años mozos, cerraba la puerta de su camarote y se ponía a coser los galones dorados de los uniformes.

“Cuando los marineros vieron que terminé el trabajo, todos me reconocieron. Yo me encargaba de lo que necesitaban en cuanto a sastrería”, dice Tolhurst, que era conocido cariñosamente como “Junior”.

Su reputación como salvacionista también hizo que se destacara entre los marineros. Cuando el Panamint atracaba en los puertos de ultramar, a los marineros se les daba un estipendio que les alcanzaba para adquirir cuatro latas de cerveza. Tolhurst, que no bebía alcohol, cambiaba cada lata de cerveza por dos de bebidas carbonatadas.

“Cuando necesitaron a alguien que cumpliera la ronda de vigilancia en China, buscaron un marinero capaz de mantenerse sobrio. Así que me llamaron a mí”, relata Tolhurst.

majordontolhurst_ins2El tiempo que pasó a bordo del USS. Panamint también le permitió a Tolhurst tener un encuentro con la historia del periodismo. En el barco se encontraba Ernie Pyle, un corresponsal de guerra estadounidense que había recibido el Premio Pulitzer. A pesar de la popularidad de Pyle, Tolhurst lo recuerda como un hombre humilde al que le gustaba socializar con los marineros. Recuerda que lo apodaron “G.I. Joe” (expresión que en Estados Unidos se usa para referirse a cualquier soldado).

”Ernie pudo perfectamente haberse quedado en el salón de los oficiales de más alto rango, bebiendo café, pasando un muy buen rato y gozando de todas las comodidades. Pero prefería compartir con muchachos como nosotros”, explica Tolhurst. Recuerda que había preparado el uniforme que Pyle llevaba puesto cuando falleció en Ie Shima, una isla cercana a Okinawa el 18 de abril de 1945.

Hay una sección dedicada especialmente a Pyle —que incluye fotos y recortes periodísticos que anunciaban su fallecimiento—, que está en las primeras páginas de un álbum de la época que Tolhurst pasó en la Marina. Tolhurst no sacó ninguna de las fotos que se ven en su álbum; todas fueron tomadas y reveladas por los fotógrafos del barco, y se las dieron como regalo por los servicios que prestó en calidad de sastre. Él tenía una de las únicas cuatro fotos que se conocen del fallecido periodista, al que se ve tendido sobre el suelo, con un hilo de sangre que se escurre de un lado de su cara. Pyle había sido alcanzado por una bala debajo de su casco.

“Él solía decir que estaba cansado de la guerra y que esa sería la última vez que cubriría una como corresponsal. Quería irse a casa y eso fue lo que hizo. Ernie Pyle volvió a casa”, expresó Tolhurst.

El propio Tolhurst hallaba parte de lo que es su casa en cada lugar que visitaba. En cada puerto se preocupaba por buscar el Cuerpo del Ejército de Salvación.

“El único lugar donde no pude acceder al Ejército fue en Panamá”, recuerda Tolhurst. “Había encontrado el edificio, y podía oír desde afuera a la congregación que cantaba adentro. Por desdicha, al intentar acercarme al edificio, la Policía Militar estaba bloqueando la calle”.

El Mayor Don Tolhurst, actualmente retirado, reside en Asbury Park, Nueva Jersey. Le encanta contar historias sobre el tiempo que sirvió en ultramar y, en su álbum, Ernie Pyle sigue siendo el recuerdo que más se destaca.

“No sé qué hacer con esta”, dice Tolhurst, mientras mira la foto del cuerpo de Pyle tendido sobre el suelo. “He estado pensando en donarla a un museo de comunicaciones o de periodismo. Es una foto muy especial”.

por Hugo Bravo

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