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Maestros en la iglesia de los niños

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A Felipe Concha y a Annabel do Santos se les suele preguntar sobre la posibilidad de que algún día se conviertan en oficiales del Ejército de Salvación. “En el futuro, quizás”, dice Felipe.

“Por ahora no”, responde Annabel.

Criados en el Ejército de Salvación, a esta pareja de casados se la está llamando actualmente a dedicar todo su tiempo a trabajar en la División de Nueva Jersey y en particular con los jóvenes del Cuerpo de Red Bank, Nueva Jersey.

“Nos complace mucho trabajar con niños y poder ayudarlos a una edad tan joven como la que tienen”, observa Annabel. “Me llena de satisfacción enseñarles a los niños acerca de Jesús.

“Los niños están encantados. Se sienten intrigados con las cosas sobre las que yo les hablo. Me suelen preguntar: ‘¿Ocurrió eso realmente? ¿Es Dios real? ¿Es Jesús real?’ Y eso nos hace querer volver a verlos una y otra vez. Verlos desarrollarse, crecer y cultivar una relación con el Señor es muy gratificante”.

Entregados a Cristo

Felipe, 33, y Annabel, 31, han completado un año de servicio en el Cuerpo de Red Bank, luego de haber trabajado con jóvenes en White Plains, Nueva York.

Annabel es la asistente del ministerio del Cuerpo de Red Bank y está a cargo de un popular programa que se ofrece después del horario escolar. Ella también enseña en varios programas juveniles y ayuda en la mayoría de las actividades del Cuerpo.

Felipe, director musical asistente en la División de Nueva Jersey, enseña a los niños del Cuerpo a tocar instrumentos de bronce. También enseña Escuela Dominical y dirige la banda del Cuerpo, la de alabanza y adoración, y la Compañía de Cantores.

La División de Nueva Jersey nombró a Felipe coordinador de los Ministerios y Misión de Adultos Jóvenes en el Cuartel Divisional.

“Sencillamente nos sentimos llamados a servir en los ministerios juveniles”, dice Annabel. “No es como si hubiésemos analizado deliberadamente la carrera que íbamos a seguir. El Señor orquestó todos los pasos que debían sucederse para que pudiésemos estar donde nos encontramos, trabajando con los niños”.

Hay que salvar las distancias

Felipe, quien se crió en Chile y más tarde en Bolivia, llegó a los Estados Unidos hace 10 años y  formó parte de la primera clase en graduarse de la antigua Railton School for Youth Worker Training [Escuela Railton para Entrenamiento de Trabajadores Jóvenes].

Como líder juvenil divisional y del Cuerpo, a Felipe le encanta el aspecto de la Capacitación de Jóvenes Adultos que ofrece el programa “Strikepoint”.

“Hemos visto las distancias que existen al interior de la iglesia local”, comenta. “Queremos ayudar a la iglesia a empoderar a su gente y a sus niños para que puedan madurar. Queremos que entiendan que este es su lugar y su congregación. Desde muy temprana edad, es aquí donde por primera vez conocen a su familia, a sus amigos, a Dios y al Espíritu Santo”.

Annabel observa que los adultos jóvenes pueden ser agentes de cambio en un Cuerpo.

“Los adultos jóvenes se encuentran en el medio”, comenta. “Tú empoderas a estos adultos jóvenes y ellos saben relacionarse tanto con los niños como con los adultos que son mayores que ellos. Eso es algo muy poderoso. Ellos lograrán adelantar mucho la obra que actualmente realizan para Dios”.

Felipe también ve como algo importante el hecho de empoderar a los líderes adultos laicos, aquellos que suelen tener un trabajo cuyo horario se extiende de 9 a.m. a 5 p.m.

Talento local

“Queremos empoderar a esas personas para hacerles saber que aquí en la iglesia también hay un lugar para ellos”, explica. “El par de horas a la semana que pueden ofrecerle a la iglesia será usada para servir a Dios”.

Annabel, cuya familia llegó a Estados Unidos desde Argentina, creció en el Cuerpo de Hempstead, Nueva York, en Long Island. Al igual que su marido, a ella le gustaría ver más adultos jóvenes empoderados para ser líderes.

“Yo diría que a veces existe separación debido a la edad”, reflexiona. “Se tiene esta idea: ‘No conozco ni tengo la experiencia suficiente para ser un buen líder’. Pero se trata más bien de un impulso irresistible de servir al Señor que te llena el corazón.

“Ama a los niños y lo que sea que estés haciendo. Mientras te mantengas enfocado en hacerlo para Dios, esa convicción te llegará de la manera que se supone que te debe llegar”.

Annabel muestra ese amor a los 20 niños de edades entre 6-12 que asisten al programa que se realiza después del horario escolar de lunes a jueves. Los chicos aprenden música, artes creativas, drama y mucho más.

Impresiones duraderas

“Esos niños también han estado viniendo a la iglesia los domingos”, observa. “Cuando vienen durante la semana, no importa de qué evento se trate, nosotros llamamos a eso ‘iglesia’. Y se lo decimos: ‘Esta es tu iglesia. Este es tu hogar lejos de tu casa. Aquí son bienvenidos, son queridos y a este lugar vienen para encontrarse con Dios’”.

Annabel todavía recuerda a sus maestros e instructores de música de la Escuela Dominical y es muy consciente del legado que ella y Felipe han estado creando.

“Cuando veo a los niños practicando con sus instrumentos de bronce y aprendiendo a tocar una nota por primera vez, recuerdo cómo viví eso yo misma”, dice. “Yo sé que también ellos  van a recordarlo”.

Annabel dice que lo mejor de enseñar lecciones de la Biblia a los niños es ver cómo la idea de la lección “les hace clic en la cabeza”.

“Nos toca ver con nuestros propios ojos a estos chicos desarrollarse espiritualmente”, cuenta. “Los vemos entender sus dones espirituales y consolidar su fe. Eso es lo que le da a esta experiencia un aire de frescura a cada momento”.

La fe de un niño

Felipe afirma que disfruta “la frescura” al ver a un niño saber que es amado por Dios.

“Ellos realmente creen en ello, sin límites”, comenta. “No tienen pensamientos ni ideas que hayan previamente conocido o preparado. Sencillamente saben que alguien los ama y eso llena sus días de gozo y de sentido”.

Felipe también disfruta de escuchar las oraciones de los niños y los ayuda a desarrollar su propio estilo de comunicarse con Dios.

“He tenido la bendición de apreciar la sencillez y la profundidad que nace de la oración de un niño”, reflexiona. “Se vuelve contagioso. Ellos oran por todo y por todos. Es una bendición ver la pureza de su fe”.

Tanto Annabel como Felipe tienen vidas devocionales fuertes e intencionales que les permiten prepararse bien para llevar a cabo la enseñanza. Felipe tiene al apóstol de la santidad Samuel Logan Brengle como uno de sus autores favoritos. Annabel, quien también tiene una lista de lecturas muy variadas, dice que se toma muy en serio su deber de “estar bien preparada”.

Pequeños guerreros

“Me tomo esto de la preparación muy en serio. Invierto todo el tiempo que necesito para hacerlo bien. La verdad es que reflexiono mucho antes de escribir algo”, confiesa.

“La música de adoración también juega un papel importante en cuanto a ayudarme a enfocarme en Dios y en fortalecer mi fe”.

Annabel dice que, conforme sus jóvenes estudiantes aprenden más acerca de la Biblia y cultivan su relación con Cristo, ella puede ver que con ellos “se está formando un ejército”.

“Estamos entrenando a estos soldados. Puede que sean pequeños todavía, pero cuando la oscuridad espiritual algún día los sorprenda, sé que van a pelear contra ella como verdaderos guerreros de Dios”, afirma.

“Esa es mi parte en el Reino de Dios: entrenar a estos jóvenes soldados. Se acuerden o no de mí en adelante, lo que importa es que conocerán esa historia bíblica y conocerán esa oración y tendrán fe”.

por Robert Mitchell

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