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Una iglesia próspera: el cuerpo coreano de Filadelfia

AThrivingChurch_1La ciudad de Filadelfia cuenta con una de las comunidades coreanas más numerosas de los Estados Unidos. Hay más de 200 iglesias coreanas en la ciudad, algunas de ellas con congregaciones que alcanzan miles de personas. Gracias al poder de Dios y al trabajo arduo de los Capitanes Do Sung y Jae Eun Park, el Cuerpo coreano de Filadelfia, del Ejército de Salvación, uno de los tres Cuerpos coreanos en el Territorio Este, ha prosperado entre los cientos de lugares coreanos de adoración que hay en la ciudad. Ha llegado a convertirse en una parte integral y muy querida de la comunidad coreana de Filadelfia.

El “Niño Capitán”

En 2013, los Ttes. Coroneles Chongwon David Kim y Myong–Ja Kim pasaron a retiro como oficiales directivos del Cuerpo (coreano) de Filadelfia, Pensilvania. Ese año, los integrantes de ese Cuerpo eran en su mayoría coreanos jubilados y de la tercera edad, y habían estado bajo la dirección de los Ttes. Coroneles Kim los cuatro años desde que el Cuerpo fue inaugurado. Es por eso que resultó impactante para los integrantes del Cuerpo cuando una pareja de capitanes que promediaban los 30 años de edad, acompañados de su pequeña hija, llegaron en calidad de flamantes oficiales directivos procedentes del Cuerpo coreano de Englewood, Nueva Jersey.

Debido a su edad, los miembros de la iglesia se referían al Capitán Do Sung Park como su “Niño Capitán”.

El Capitán Park entendía sus motivaciones. Los Ttes. Coroneles Kim habían sido compañeros de muchos de los miembros del Cuerpo. Algunos se preguntaban cómo un capitán que tenía su propia familia y que, sin embargo era tan joven como para ser su hijo, incluso su nieto, podría encargarse de todos ellos.

“La cultura coreana le asigna gran importancia a la edad y a la experiencia”, explica el Capitán Park. “Cuando los coreanos conocen a alguien por primera vez, lo primero que preguntamos no es, como sería de esperar: ‘¿Cómo te llamas?’ sino: ‘¿Qué edad tienes?’”

La Capitana Jae Eun Park dice con una sonrisa: “Puede que hayan llamado a mi marido ‘Niño Capitán’, pero el papel de un pastor es algo que se tiene en muy alta estima en la comunidad coreana. Ellos lo respetaban como persona y como capitán, y si bien le tomó al Cuerpo un poco de tiempo acostumbrarse al nuevo liderazgo, una vez que lo hicieron, el Cuerpo creció en número y también en rangos de edad”.

Al poco tiempo, el Cuerpo se dio cuenta de que no había nada por qué preocuparse en cuanto al liderazgo del “Niño Capitán”. Confiaron en los Park y siguen trabajando mano a mano con los Ttes. Coroneles Kim.

Acogidos por la comunidad de la iglesia

El ser aceptados por la comunidad de coreanos cristianos también representó un desafío para los Capitanes Park y para el Cuerpo. El presbiterianismo es una de las denominaciones más importantes en Filadelfia, por lo que alcanza al 90 por ciento de todas las iglesias coreanas. La metodista, la bautista y otras denominaciones son mucho más pequeñas, y luchan por atraer y retener a sus miembros.

El Capitán Do Sung dice: “Cuando llegamos, muchos residentes y miembros de las iglesias coreanas no sabían que nosotros también somos una iglesia. Los pastores de las otras iglesias les decían a sus miembros que nos evitaran. Pensaban que representábamos a una empresa”.

AThrivingChurch_2Al fin, la comunidad reconoció al Ejército por lo que es y constató que el dinero que recauda a través de las campañas de la Olla Roja ayuda a financiar los centros para adultos mayores coreanos. Otras personas se sintieron impresionadas al conocer el programa que ofrecía a los niños coreanos. Si bien muchas iglesias coreanas ofrecían enseñanza escolar, el Cuerpo coreano era el único que además contaba con un programa de música y artes.

Hoy día, el Capitán Do Sung dice que todos y cada uno de los líderes coreanos de iglesias en la comunidad conoce al Ejército de Salvación y sabe en qué consiste su trabajo. Además de sus deberes como oficial directivo, el capitán sirve como secretario del Consejo de Iglesias Coreanas del Gran Filadelfia, organismo que representa a 65 iglesias coreanas.

“Los pastores me dicen que vernos prosperar como iglesia, más que nuestra sola presencia, les resulta muy impresionante. Y nos felicitan además por lo que aportamos a nuestros vecinos”.

“Pasamos de una situación en que los líderes de las iglesias advertían a sus miembros que debían mantenerse alejados del Ejército de Salvación, a otra en la que esos mismos miembros nos dicen que están ansiosos por asistir a nuestro próximo concierto de Navidad, o en la que nos preguntan cómo podrían participar como voluntarios en las campañas de la Olla Roja”, dice el Capitán Do Sung.

“Incluso los propios pastores han estado trabajando como voluntarios. Se colocan a la entrada de los almacenes coreanos, y hacen sonar las campanas, en representación del Ejército, como iglesia. ¡Veo eso realmente impactante! A veces me detengo y me pregunto: ¿Cómo sucedió eso?”

“Una iglesia de inmigrantes”

El Cuerpo coreano también es un ministerio para personas recién llegadas a los Estados Unidos.

“Nos sentimos orgullosos de ser una iglesia con una gran población de inmigrantes”, dice la Capitana Jae Eun Park. “A veces tenemos todo lo que ellos necesitan para asentarse tan pronto como arriban a los Estados Unidos. Para comenzar, los vamos a buscar al aeropuerto y los llevamos hasta su nuevo hogar”.

Como en muchas comunidades hispanas y afroamericanas, la iglesia para los coreanos significa mucho más que un servicio dominical. Muchos niños de las familias coreanas asisten a la iglesia para aprender el idioma, la historia y la cultura coreanas. Las familias se reúnen en la iglesia para las comidas y establecen un vínculo social y, por cierto, espiritual.

La Capitana Jae Eun dice: “Tanto la familia de Do Sung como la mía están en Corea”. “Asimismo, muchos de los integrantes de nuestra iglesia son los únicos de sus familias que se encuentran en los Estados Unidos. Luego de unas cuantas semanas de asistir al Cuerpo coreano, llegamos a conocer a cada uno de ellos bastante bien; mejor, muchas veces, de lo que conocemos a nuestras propias familias en Corea”.

Pero, como es el caso de muchas culturas de inmigrantes, está siempre presente el deseo de regresar a sus países de origen.

“Un año, 15 miembros de nuestra iglesia regresaron a Corea”, dice la Capitana Jae Eun. “Entendemos por qué ocurre eso, por qué ahorran lo que ganan para poder regresar a su país. Pero igual nos causa cierta tristeza despedirnos de esos miembros de nuestro Cuerpo. Nuestras estadísticas de enrolamiento parecen una montaña rusa por la manera en que los números suben y bajan. Algunas personas nos dicen: ‘Está bien, porque siguen manteniendo el número de miembros más o menos parejo’, pero yo les respondo: ‘No, yo no quiero que el número sea más o menos parejo. ¡Yo quiero que no paren de subir!’”

“La comunidad que converge en torno al Cuerpo coreano es una familia en todo los aspectos. Son nuestras mamás, papás y abuelos”.

“Es lo que yo le pido a Dios”

El Capitán Do Sung coincide con que los buenos números son siempre una bendición de Dios, pero que el crecimiento espiritual de cada persona es lo que más desea ver.

“Cuando los miembros del Cuerpo me llaman para decirme que se sintieron conmovidos después de nuestro último sermón, que los inspiró para vivir una vida más dedicada a Cristo, ese es el mayor regalo que me pueden hacer a mí como pastor. Es lo que yo le pido a Dios, poder acercarlos cada vez más a Él. Las iglesias más grandes podrán tener mejores números, pero no estoy tan seguro de que sus integrantes estén creciendo en lo espiritual de la manera que se ve en el Cuerpo coreano”.

Los Park reconocen que han estado en Filadelfia mucho más tiempo de lo que hubiesen podido imaginarse, pero dejan su futuro en las manos del Señor.

“Trece años es un lapso de tiempo muy largo para permanecer en un solo Cuerpo”, dice el Capitán Do Sung. “Es cierto que no tenemos control en cuanto al lugar al que somos destinados. Pero continuamos sirviendo a la comunidad coreana, y oramos por seguir durante muchos años más en Filadelfia y en este hermoso Cuerpo”.

por Hugo Bravo

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