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Lo que Dios hace perfecto

Una cálida tarde dominical a comienzos de julio del año 2015, la Mayora Doris González se encontraba sentada en su auto en Hazleton, Pensilvania, afuera del edificio del Cuerpo. Reflexionaba sobre su reciente nombramiento y la entusiasta bienvenida que había recibido esa mañana por parte de la congregación y los líderes divisionales.

Puesto que el día anterior había llegado del Congreso Internacional del Ejército de Salvación en Londres, González todavía sentía los efectos del cambio de horario. Sin embargo, seguía maravillada con el recuerdo del Congreso, sus actividades históricas y el ritmo intenso de las actividades.

Ahora, se hallaba sola en un lugar tranquilo en su nuevo ministerio. La mayoría de las voluntarias y asistentes de cocina del Cuerpo eran muy cercanas a los líderes que la precedieron y se habían mudado.

González pensó: ¡En menos de 24 horas, se espera que el Cuerpo empiece el programa para servir comidas a la comunidad!

Esta no era la transición suave y perfecta de un liderazgo que a González le hubiese gustado.

“No sabía dónde se hallaban los suministros. No había entrado siquiera a la cocina del cuerpo. Así que le dije a Dios: ‘¿Cómo voy a poder hacer esto? ¡Ni siquiera sé cocinar!’”

Mientras González se bajaba de su auto para entrar al Cuerpo, una mujer la abordó. Tenía los brazos llenos de alimentos para una amiga en un hogar de ancianos que quedaba cerca. Más temprano, había asistido al servicio en el Cuerpo, por lo que pudo reconocer a González. “Hola, me llamo Ramona”, le dijo y le dio una cálida bienvenida a Hazleton. “Si hay algo que pueda hacer para ayudar, todo lo que tienes que hacer es pedírmelo”.

“La verdad es que sí. ¿Sabes algo de la cocina aquí en el Cuerpo?”, le preguntó González.

“Claro que sí. He ayudado en la preparación de comida en el Cuerpo en varias oportunidades”. Así que entraron juntas a la cocina del Cuerpo. Ramona empezó a preparar las comidas del programa. Y también regresó al día siguiente para seguir ayudando.

‘Fue el servicio’

Hace tres años, Ramona Toribio formó un grupo de estudio bíblico que se reunía en casas de amigas. Nueve mujeres disfrutaban discutiendo sobre la Palabra de Dios y estaban buscando una iglesia a la cual asistir.

“Una de nosotras se hizo amiga de la Mayora Gloria Misla, por esas fechas oficiala directiva del Cuerpo de Hazleton”, recuerda Toribio. “Nuestro grupo le había pedido a Dios que enviara una iglesia por nosotras. Cuando la Mayora empezó a venir a nuestras reuniones y a orar con nosotras, lo sentimos como si Dios nos hubiese respondido”.

“A instancias de la Mayora Gloria, le echamos un vistazo al Ejército de Salvación. Pero yo me quedé sobre todo porque era una iglesia basada en el servicio a la comunidad de Hazleton”, dice Toribio.

Desde que conoció a la Mayora González, Toribio ha asumido nuevas funciones en el Cuerpo. Si bien continúa ayudando en la cocina, también organiza la despensa de alimentos y les habla a las familias acerca de los otros programas del Ejército de Salvación, como el del Campamento Ladore.

“La gente no viene sólo por la comida y los servicios de adoración. También vienen para hacer vida social. Nos enteramos de lo que ha estado sucediendo en sus vidas, y hasta nos sabemos los cumpleaños de los hijos de cada una de nosotras”, cuenta Toribio.

“Ese tipo de relaciones son parte de lo que mantiene viva a una iglesia, sin importar quién sea el oficial directivo”, reflexiona González. “Ramona ha cultivado amistades”.

El líder asume riesgos

“Una de las cosas más hermosas que he visto en todo el tiempo que llevo aquí en Hazleton, es cómo Ramona ha pasado de trabajar con alimentos a trabajar con la Palabra de Dios”, dice González.

“Si bien Ramona al principio se sintió nerviosa, aceptó la nueva responsabilidad como líder. ‘Cocinar es fácil’, dice. ‘Pero ¿liderar un devocional? ¡Ese sí que es un desafío!’”

Toribio recuerda: “Mi inglés no es perfecto, así que teníamos algunas voluntarias del programa bilingüe a mi lado para que tradujeran lo que quería decirles a los angloparlantes. Era algo inusual, pero la Mayora Doris me dijo que no me preocupara por lo diferente que era eso de como se hacía normalmente, ni de cómo otras personas habrían preferido que se hiciera. Dios se regocija al ver las nuevas maneras que tenemos de servirlo y adorarlo a Él”.

Toribio comenzó a sentirse confiada de que, en virtud de su fe en Dios y de su deseo de servir a los demás, podría madurar hasta llegar a ser una líder.

“Un buen líder siempre está dispuesto a correr riesgos”, dice González. “Si dices amar a Dios querrás hacer la obra de Dios, incluso si esa obra es nueva y te hace sentir algo incómoda. A veces tu plan podría no funcionar de la manera en que lo tenías pensado y en tales situaciones tienes que dar un salto de fe. Lo que parece imperfecto se volverá perfecto a los ojos del Señor, porque se hace en Su nombre”.

En la actualidad, Toribio lidera devocionales durante los programas de comidas ante una audiencia muy diversa. Ella ensaya lo que va a decir. Su voz tranquila y suave se vuelve fuerte y gozosa desde el momento en que toma el micrófono y comienza a hablar.

“En unas cuantas ocasiones, no logramos conseguir un intérprete pero así y todo funcionó”, cuenta Toribio. “Los angloparlantes escuchan y oran juntos con los hispanohablantes. Amén se dice de la misma manera tanto en inglés como en español”.

La perfecta sincronización de Dios

La Mayora González dice que es el amor de Dios por su comunidad lo que ha hecho que Toribio la conociera en el momento y en el lugar perfecto.

“Al momento de conocernos, pensé: El Señor ama a Hazleton. Él reconoció la urgencia de ayudar a todas esas personas que de otro modo pudieron haber pasado varios días sin comida. Él trajo a Ramona para que ayudara a alimentar a Su pueblo en un momento en que iba camino a ayudar a una amiga”, dice González. “Un minuto más o menos y no nos hubiésemos encontrado”.

“El Ejército de Salvación quiere darnos oportunidades de liderazgo”, dice Toribio. “Nadie me ha hecho sentir que le estaba quitando a alguien sus responsabilidades. Y las oficialas están felices de compartir lo que saben”.

Tanto la Mayora Doris González como Ramona Toribio querían cumplir sus llamados a servir al Señor. Una perfecta tarde dominical, Él contestó las oraciones de ambas.

por Hugo Bravo

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