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Libertad para los cautivos

Acuérdense de los presos, como si ustedes mismos estuvieran presos con ellos, y también de los que son maltratados, como si ustedes mismos fueran los que sufren”.

—Hebreos 13:3


El mundo de hoy es móvil. Utilizamos nuestros teléfonos para enviar correos electrónicos, mensajes de texto, entrar a Facebook y otras plataformas de los medios sociales.

Algo que ya no hacemos es sentarnos con papel y lápiz a escribir una carta. ¿Cuándo fue la última vez que escribió una?

Sin embargo, para los hombres y las mujeres que están encarcelados ese es un modo de vida. Escribir una carta, meterla en un sobre, ponerle una estampilla postal y enviarla por el “lento” servicio de correos es la manera en que completan el Curso Bíblico por Correspondencia del Territorio Este de Estados Unidos.

Los participantes completan una lección que incluye varios versículos bíblicos. Luego terminan una prueba por escrito del cuaderno de ejercicios donde anotan las respuestas.

Luego separan esas páginas del cuaderno y las envían por correo al Cuartel Territorial (THQ), donde los voluntarios las corrigen cuidadosamente y en oración.

Las personas que corrigen el material envían los resultados al confinado junto con un obsequio, tal como una Biblia o un libro cristiano. Aunque el término correspondencia es una palabra que generaciones como la “Z” o la de los mileniales raramente utilizan, el Curso Bíblico por Correspondencia aún mantiene el nombre adecuado.

La Mayora Sylvia Rebeck, está jubilada y enseña música en Alliance, Ohio, pero aún recuerda con agrado los días en que dirigía el curso.

Esto es fácil creerlo al considerar que Rebeck trabajó en eso por 27 de los 42 años que fue Oficiala del Ejército de Salvación. Lo que la inspiraba era un simple pero profundo principio. “Mi motivación era que esos reclusos necesitaban el Evangelio”, dijo Rebeck. “Necesitan que se les hable al respecto. Yo sentía que el Curso Bíblico por Correspondencia era una manera de hacer eso. Sentía un ardor en el corazón. Me emocionaba el hecho de ir a trabajar con ellos. No sabía lo que vendría ni lo que recibiría diariamente. A veces, los testimonios que escribían en sus lecciones me hacían llorar. Todavía pienso en eso y me conmueve profundamente”.

Formamos más discípulos

Es posible que sorprenda el hecho de que el Territorio Este tenga 3257 estudiantes activos, tanto hombres como mujeres, enrolados en sus cursos bíblicos por correspondencia, como indica V. Figueroa, la especialista territorial del programa bíblico por correspondencia.

Figueroa afirma: “Algunos confinados toman más tiempo que otros para completar el programa. Dado que se mueven mucho, es importante mantenerse en contacto con ellos”.

Durante los pasados seis años, el programa ha contado con un promedio de 538 estudiantes nuevos por año o 45 por mes.

Figueroa agrega que el Ejército de Salvación está en contacto con 61 instalaciones correccionales y atiende a 1122 reclusos alrededor del territorio. El programa consta de 12 cursos con seis lecciones básicas y seis avanzadas. El curso básico incluye: La vida de Cristo, la vida cristiana, la Iglesia Primitiva, Génesis, historia de una nación y el repaso final.

Un llamado santo

Figueroa, que ha trabajado para el Cuartel Territorial por siete años, envía por correo los 12 cursos y trata toda la correspondencia de los confinados con los capellanes, los que corrigen las lecciones y otros.

“Al principio era solamente un trabajo. Pero, luego, se convirtió en mucho más”, nos comenta Figueroa. “Se ha convertido verdaderamente en mi ministerio, por lo que intento hacer lo más que puedo con lo que tengo.

“Me relaciono con los confinados y también estoy creciendo en mi fe. Mi jornada, en realidad, comenzó cuando empecé a trabajar aquí. Veo que crezco mucho con ellos mientras oro por las peticiones que recibo”.

Figueroa dice que ama a los confinados, muchos de ellos encarcelados por acusaciones falsas o por adicciones. “Pienso que es muy importante que encuentren una conexión espiritual que los ayude en su jornada. Las personas cometen errores, pero también pueden arrepentirse”.

Figueroa dice que, a menudo, les envía a los confinados ejemplares de la revista del Ejército de Salvación, SAconnects.

“Cuando piden material de lectura u oración, esas historias me conmueven verdaderamente”, dice. “Me he dado cuenta de que enviarles un libro con mensaje cristiano o una Biblia es una bendición. Los confinados buscan las respuestas a las preguntas de sus estudios en la Biblia y en sus propias vidas. Conectan la Biblia con sus vidas, lo cual es maravilloso”.

Una vez que el confinado completa el curso, lo envía al cuartel. Figueroa entonces se comunica con las 23 personas que corrigen el material, incluyendo a dos que visitan el cuartel todos los viernes, la Tte. Coronel jubilada Lois Rader y su hermana, Jean Pullen.

“El Curso Bíblico por Correspondencia es uno de los grandes secretos del Ejército”, dice Rader. “Solíamos impartirlo en el ministerio de las reuniones al aire libre. De cierta manera, es como si, a pesar de las puertas cerradas, entráramos a la vida de esas personas por este medio”.

Vemos vidas cambiadas

Rader comenzó a corregir lecciones hace 11 años y dice que su motivación es una extensión de su larga carrera en el oficialato.

“Mi llamado al Ejército de Salvación fue porque deseaba ayudar a la gente que quizás las demás iglesias no alcanzaban”, dice ella, “siempre he tenido un corazón sensible con el necesitado”. Rader afirma que la anima leer los testimonios de los confinados. “Hay gente que se convierte por medio de nuestras lecciones”, indica. “Tenemos personas que dicen que si no hubieran ido a la prisión no habrían conocido al Señor. Eso es inspirador”. Rader dice que las lecciones requieren que se mencionen algunas influencias en sus vidas. Por lo menos dos de ellos se han referido a Mark Chapman, el hombre que asesinó a John Lennon en 1980. Chapman ahora es cristiano y ayuda a otros confinados.

Abrir la Palabra de Dios

Las lecciones comienzan siendo muy sencillas porque muchos de los confinados no conocen la Biblia y algunos no saben leer bien, nos dice Rader.

Sin embargo, progresan profundamente y abarcan diversos aspectos de la vida cristiana. Rader añade que es importante que los confinados busquen los versículos bíblicos.

“Esa es la clave, lograr que lean la Palabra”, comenta Rader. “Muchas veces, al final de la lección, escribo: Manténgase leyendo la Palabra”.

Rebeck, que a través de los años jugó un papel importante en la escritura y revisión de las lecciones, está de acuerdo. “Este programa es muy importante porque abarca mucho”, dijo. “Siento que les da a los confinados una oportunidad para que cambien de vida. Una de las cosas que se deben hacer cuando conocemos al Señor es estudiar su Palabra”. Rebeck explicó que las lecciones ayudan a los prisioneros a desarrollar una vida devocional congruente, a la vez que envían un mensaje a otros reclusos. “Hay que empezar en el punto en que se encuentre”, comentó. “Muéstreles a otros confinados que su vida ha cambiado. Eso les da una base para cuando salgan de la prisión. Ellos necesitan ver cómo obra Dios. Además, comunica este mensaje: ‘Esto es algo que debo hacer a diario, algo que debo hacer el resto de vida’”.

Las lecciones les dan la oportunidad a los confinados para que se decidan por Cristo y para aplicarlas a sus vidas. “Pienso que eso es importante”, dice Rebeck. “Una cosa es estudiar la Palabra, pero otra es ponerla en práctica”.

Una vez que el confinado completa el curso, se le envía por correo un certificado. A veces, uno de los voluntarios se lo lleva en persona.

Un nuevo Oficial

El nuevo Oficial encargado de los cursos por correspondencia en el Cuartel Territorial es el Mayor Philip Ferreira, que está de acuerdo con el llamado de Mateo 25, en cuanto a que visitar a los “hermanos más pequeños” en las prisiones inspira a la mayoría de las personas relacionadas con este ministerio carcelario. “Somos llamados a ministrar a ‘cualquier persona’, no a un grupo exclusivo”, dijo.

Como salvacionista de cuarta generación, Ferreira recuerda cuando cada división tenía un secretario correccional. También recuerda cuando creció en New Bedford, Massachusetts, donde los Cuerpos realizaban un servicio mensual en la cárcel de la localidad. “Por alguna razón, a través de los años, nuestro ministerio de las prisiones ha desmejorado”, explicó Ferreira. “Estoy tratando de buscar qué ministerios están relacionados con el sistema de correcciones, qué hacen y qué carencias tienen. Deseo buscar maneras en las que el Ejército de Salvación pueda llenar algunos de esos vacíos, es esencial. No solo el prisionero necesita ayuda, sino también sus familiares”.

Ferreira explicó que está estableciendo metas para el programa y se ha comunicado con personas como Kennith Armstead, exconfinado y ahora asistente al Sargento Mayor del Cuerpo de East Northport, Nueva York.

Armstead se jubiló en el 2017, luego de trabajar 30 años en Riker’s Island para la Junta de Correccionales de la Ciudad de Nueva York. Su trabajo incluyó un tiempo como director de operaciones. Ahí pudo observar la pérdida de esperanza y la depresión en los prisioneros encerrados por 23 horas al día, o en los que vigilan porque han intentado suicidarse. También notó la falta de esperanza expresada por los guardias.

“Así fue que comencé en el ministerio”, dijo Armstead. “Un día pensé que no importaba dónde estuviera, si veía personas sufriendo, determiné hacer algo al respecto. Yo les decía a los confinados y a los guardias que la esperanza es algo de lo que podemos depender. Cuando la gente dice que no tiene esperanzas, Dios la provee. Dios siempre está cerca. Cuando todo el mundo nos falla, Dios no. Aun cuando uno corra, Él va detrás”.

Armstead, fue nombrado representante del comité nacional de correcciones del Ejército de Salvación. Él espera poder comenzar pronto un ministerio en el Centro Correccional de Yaphank, en Long Island.

Grandes planes para el futuro

Armstead conoce muy bien el sistema penitenciario. Pasó 15 años en una prisión estatal, desde 1971 hasta 1986, tras ser condenado como cómplice de robo y asesinato. Solamente tenía 17 años.

“Usé bien el tiempo encarcelado”, cuenta Armstead, “me gradué en ciencias del comportamiento y psicología”.

A Armstead le gustaría que las iglesias locales ayudaran a los confinados a reincorporarse a la sociedad. “Las cárceles están llenas de personas con problemas mentales”, dice. “En algún momento esas personas saldrán libres. Si no tienen la red y el apoyo apropiado cuando salgan, van a volver al sistema inmediatamente”.

Ferreira dice que está listo para empezar.

“Entre más aprendo de este ministerio único del Ejército de Salvación, más pasión desarrollo”, afirma Ferreira. “Es una oportunidad fantástica. Mi esperanza es que, a medida que la pasión se encienda en mí, aprenda a hacerla contagiosa para que otros puedan poner esto en su lista de prioridades. Esa es mi esperanza y mi petición a Dios”.

por Robert Mitchell

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