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Lecciones de ‘El caso de Cristo’

 

En nuestra época de la, así llamada, “post-verdad”, en la que el despliegue de “noticias falsas” es una tendencia creciente y en la que los “hechos alternativos” son objeto de discusión,  la gente —más que nunca— ansía la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Los matrimonios, las familias y las naciones están en juego. Sin embargo, el escepticismo es un obstáculo en el camino que nos lleva hacia la Verdad, sostiene Lee Strobel, autor del best seller El caso de Cristo.

En 1980, Strobel era el reconocido y premiado editor de asuntos legales del periódico Chicago Tribune y, además, era escéptico. Cuando su esposa Leslie se convirtió al cristianismo, Strobel recurrió a sus habilidades periodísticas con el propósito de contradecir las creencias de la fe cristiana. En su empeño, Strobel entrevistó a estudiosos de la Biblia e historiadores. Para sorpresa suya, sus investigaciones lo convencieron de la confiabilidad del cristianismo.

El caso de Cristo es ahora una película distribuida por Pure Flix. La historia de la transformación espiritual de Strobel del ateísmo está en la pantalla grande de los cines a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

En una entrevista íntima con SAConnects, Lee y Leslie Strobel comparten su camino de santidad. Leslie destaca tres cosas que toda mujer cristiana debe hacer con éxito para poder mantener una actitud cariñosa y ser una testigo fiel mientras convive con un esposo que no es creyente. Lee revela la evidencia histórica fiable y convincente que lo llevó a creer en Cristo, incluyendo un encuentro muy cordial con… el Ejército de Salvación.

Lee

Yo era ateo puesto que, por un lado, tenía gran cantidad de objeciones intelectuales contra el cristianismo. Me parecía que el concepto de un Dios todopoderoso y de un Creador omnisciente del universo era absurdo. Los libros de Bertrand Russell y otros ateos famosos apoyaban mi postura.

Por otro lado, había también razones de fondo a nivel emocional, psicológico y moral por las que era ateo.

¿Un padre amoroso?

Si estudias a los ateos más famosos de la historia, pensadores como Nietzsche, Freud, Voltaire y O’Hare, podrás ver que cada uno de ellos tenía un padre que había muerto cuando eran muy pequeños, o bien uno con el que tuvieron una relación terriblemente mala, o bien uno que abandonó desde temprano a la familia.

Para ellos, la implicación es: ¿Por qué querría yo un padre celestial si mi padre terrenal me decepcionó y me hirió? Pues bien, yo tuve una relación muy difícil con mi padre y la película El caso de Cristo la retrata.

Había, por lo común, un problema moral involucrado. Sí, yo era un exitoso reportero que trabajaba para el Chicago Tribune, pero con toda franqueza, vivía feliz sumido en mi pecado. Era un borracho feliz. Era el tipo más vulgar en el bar. Solía comprar jarras de cerveza y llenaba los vasos de todos los circunstantes. Me costaba una fortuna, pero me emborrachaba y disfrutaba de mi libertad. De modo que me regocijaba en mi pecado y no quería sustraerme de él.

Celoso de Jesús

Lo que me molestaba de la conversión de Leslie era que creía que me estaba siendo infiel. Pensé que había otro hombre en su vida que le estaba ofreciendo el tipo de apoyo emocional que yo debía darle. En realidad, estaba celoso de Jesús. Me pareció que se estaba dejando someter por una subcultura evangélica y, en mi calidad de escéptico, yo sería rechazado por todos ellos.

¿Se está transformando Leslie en algún tipo de fanática religiosa o algo parecido? ¿Iba a pasar gran parte de su tiempo sirviendo a los pobres? Para eso no fue que me comprometí con ella, pensé. Tuve la impresión de que nuestra relación era como una “publicidad engañosa”: Me caso con una Leslie y luego se transforma en otra Leslie.

En esos primeros años de nuestro matrimonio, ella trataba de convencerme. Pero eso me enfurecía más. Nuestras formas de ver la vida estaban pavimentando el camino hacia un turbio horizonte: las diferentes maneras de criar a nuestros hijos, de gastar nuestro dinero y de disfrutar los fines de semana desataban muchos conflictos entre nosotros.

Argumento sin fisuras

La primera gran sorpresa de mi investigación fue percatarme de que no me iba a ser posible falsificar al cristianismo en un fin de semana. Pensaba que le iba a dar un solo golpe mortal y con eso iba a acabar con toda esa historia. Sin embargo, el cristianismo resultó ser tan resistente como el muñeco porfiado que me habían regalado en mi niñez. No importaba las veces que lo golpeara, siempre regresaba a su posición original.

Estaba convencido de que la evidencia y la fe eran incompatibles. Pensaba que la fe consistía en creer en algo a pesar de que uno supiera en su corazón que no era verdad. No concebía la idea de que la verdadera fe bíblica fuese un paso que damos en la dirección hacia la que la evidencia misma apunta.

El veredicto

Mi investigación me tomó un año y nueve meses. El 8 de noviembre de 1981, evalué todas las pruebas y traté de fijar un veredicto. A la luz de la avalancha de evidencia que había encontrado y que apuntaba convincentemente a la veracidad del cristianismo, me di cuenta de que me habría sido necesaria más fe para mantener mi ateísmo que para convertirme en cristiano. Podría haberme aferrado a mi ateísmo, pero habría tenido que nadar contra la corriente arrolladora de la verdad.

Una de las pruebas más dramáticas de la resurrección de Jesús es lo que Pablo relata en 1 Corintios 15. Ahí el apóstol dice que Jesús murió por nuestros pecados, que al tercer día resucitó de entre los muertos, y luego menciona los nombres de los testigos a los que Él se apareció. Los estudiosos de la Biblia han calculado que esa antigua creencia de la Iglesia se remonta nada menos que a los primeros meses tras su muerte.

De modo que aquí tienes una “noticia de última hora” ocurrida en la historia antigua, una prueba concreta procedente de los mismos inicios de la fe cristiana. Eso es lo que se conoce como “oro histórico”. Ello ha convencido a muchas personas de que la resurrección realmente ocurrió.

Esa noticia fue puesta por escrito demasiado temprano para que se pueda descartar como una leyenda. Cuando investigamos la historia antigua, podemos considerarnos afortunados si hallamos evidencia que se remonte a un período de tiempo tan cercano a los eventos mismos. Por ejemplo, fue solo 400 años después de fallecido Alejandro Magno que se escribió su primera biografía. Y, sin embargo, lo que en ella se dice es considerado históricamente fiable.

En el mundo antiguo se necesitaban al menos dos generaciones para desarrollar una leyenda y para borrar por completo la evidencia sólida de la verdad histórica. En lo que aquí nos concierne no contamos con dos generaciones; tenemos la evidencia de esa noticia de última hora desde el momento mismo en que sucedió. Y eso es una prueba tremendamente poderosa. Se ha dado el caso de estudiosos que han llegado a creer en Jesús sólo a partir de esa noticia.

Leslie

Aunque Lee era muy recalcitrante con su ateísmo —no quería que fuésemos a la iglesia ni gastáramos nuestro dinero en ella— me sentí compelida a hablarle sobre mi conversión cristiana. No era algo que pudiese callar.

Nuestro andar espiritual siempre avanzaba dos pasos para retroceder tres; nunca nos pareció que realmente estuviésemos progresando. Había momentos en que él decía: “Tengo que estar solo” y desaparecía por un tiempo.

Cuando al fin fue salvo, casi no lo pude creer. Fue algo que pareció salir de la nada. Un buen día, llegó a casa y me dijo: “Conocí a Jesús”. Y yo pensé: ¿Escuché bien? Nos abrazamos y lloramos. Ese momento fue algo realmente precioso. Sé que fue real porque me dijo: “Quiero orar”. Y me pude dar cuenta de que era real. Había algo en su rostro que era diferente.

Consejo a las esposas

El consejo que les doy a las mujeres que se debaten con un esposo que no cree es:

Profundiza en la Palabra: Lee tu Biblia y haz tus estudios bíblicos. En la medida que lo puedas hacer, crecerás en Cristo, tanto en tu interior como en los aspectos externos de tu persona. Te lo aseguro: tu esposo constatará la diferencia en ti.

Edifica tu amor: Recuerda, te casaste con esa persona por una razón: porque lo amas. En vez de insistir en lo que los divide, enfócate en las cosas que tienen en común. Mantén tu alegría y deja que tu esposo entienda que lo sigues amando y respetando. No dejes que tu fe se interponga entre ustedes.

Consíguete una mentora: Si te es posible conseguir una, hazlo. Mi amiga Linda me apoyó. Me dejaba llorar en sus brazos. Nunca permitió que nos ensañáramos contra él, ni dejó que cayese en la abyección de sentir pena por mí misma. Ella me quería. Me estimulaba constantemente y me fortalecía haciéndome preguntas como: “¿Qué pasos piensas que debes dar ahora?”, “¿Qué vas a hacer para seguir adelante con entereza y convicción?”

Recuerda, las personas no llegan a la fe de manera simultánea. A menudo hay un desfase y una desarmonía espiritual que debe ser abordada y enfrentada.

por Warren L. Maye

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